martes, 30 de septiembre de 2008

Rotunda

Bueno, como veis estoy preparado para entrar acompañada de Lobo, solo me queda indicaros el equipo que dejo y el que me llevo…
Llevare todo lo que es equipo de combate, esto es mis armas, escudos y armadura. En las alforjas voy a llevar la manta de invierno, el kit de reparación de la armadura, espejo de mano, la carne seca, el pan, el cuchillo de carne, la lámpara y el aceite.

Todo el resto del equipo:
Herramientas de trabajo del cuero, anzuelo, red, mi bolsa de monedas y el pomo con gema.
Se lo dejare en depósito a Abdel.

Preparados...

Parecía que se entendieran con la mirada, habían ido de caza los dos y Lobo se había comportado como un autentico perro rastreador, señalando las presas cercanas y guiándola en el rastro adecuado, bastaba con que Rotunda se le acercara, lo acariciara y le susurrara al oído lo que quería para que Lobo hiciera justo lo que ella le indicaba... se habían compenetrado tan bien que parecía que llevaran años de entrenamiento.
Rotunda le había puesto un trozo de cuero al cuello a modo de collar para advertir al mundo, que ese animal era su amigo, y cualquier cosa que le pasara seria debidamente vengada... otra cosa es lo que la gente interpretara... porque por muchos nudos y trenzas que hiciera, aquello que le puso al cuello, no dejaba de ser un cuero sin mas, ni tan siquiera parecía un collar...

Antes de prepararse para la incursión en las alcantarillas, Rotunda fue al mercado a comprar un yesquero, una linterna ciega, aceite para esta, un cuchillo para carne, un pan duro y algo de carne seca para poder comer algo reconocible, al menos por ella, que carecía de olfato... también pensó en la comida de Lobo, y compro el doble de carne seca...
A la vuelta del mercado, Rotunda miro los desagües de la ciudad y pensó que ella preferiría meterse por el de mas a la izquierda, pero como solo era una ligera corazonada y en realidad le daba igual por cual entrar, no discutió la decisión y se dispuso a empezar a explorar aquellos malolientes desagües de la ciudad… en estos momentos daba gracias por no tener sentido del olfato y a la vez lo sentía por Lobo, que tendría que sufrirlo…

viernes, 26 de septiembre de 2008

organización

En cuanto a lo que lleva Lucrecio dentro de la cloaca, va en carga ligera, sin estorbo. Horacio se carga más, llevando en la mochila agua, licor, algo de comida (no mucho), los contenedores apropiados por si hay algo que apañar... Hasta un nivel de estorbo medio lleva las hachas de lanzar de Lucrecio. La idea es irselas pasando según las necesite.

Arnoldo va ligerito. Se ha acordado (espero) de comprar vendas y cosas necesarias para primeros auxilios (pregunta a Tundra). Por lo demás, no luchará. Sus acciones son dirigir al grupo con su habilidad dirigir pequeñas unidades, lo que creo que otorga un +1 a todo quisque si sale bién (y le obedecen), el discurso enardecedor podría subir la moral del portaantorchas. Si cupiera una mula, intentaría que entrara con la colaboración de Rotunda. Por cierto ¿cuáles son los hechizos de Albertito?, también debería decirte los que se han aprendido Horacio y Arnoldo, pero no tengo el libro a mano (y el que tengo está en ingles) así que te ruego que lo elijas y me los comuniques porfa Petrus. Creo recordar que había uno sobre conservar cadáveres, que podría aprender Arnoldo. Algo para evitar el control mental, pensando en Lucrecio, cosillas asi. Y curaciones, por supuesto. Besitos.

Un discurso

Arnoldo carraspéa, requiere insistentemente la atención de todos hasta que Ainara se calla la boca.

-Señores, en boca cerrada no entran moscas, nos hallamos a las puertas de la gloria. No se crean que de una cloaca pestilente no pueden brotar las espigas áureas de la victoria. Hay mucho en juego, sin embargo: (el rictus se acentúa) nuestro honor, nuestras riquezas y nuestras propias tripas.
De este lugar sucio brotarán historias. Comedias o tragedias, épicas o líricas. Entren con la conciencia de que somos observados, mantengan siempre una conducta intachable y sigan mis órdenes. Si así lo hacen, ¡les daremos p'al pelo! ADELANTE, HASTA LA VICTORIA O LA MUERTE. Aguanten firme, mis bravos, tengan en cuenta que en boca cerrada no entran moscas.

Dicho esto, adopta un aire fúnebre.- Este será el órden de marcha. Ainara como libre, puede ir de acá para allá, pero concentrándose en la cabecera para poder buscar trampas con comodidad en donde sospeche que pueda haberlas ¿mmmh?. En cabeza, la señorita Tundra, que deberá llevar una lámpara. Podrá rastrear de vez en cuando para así localizar lo que sea antes de que pisoteemos las huellas. A su lado el binomio formado por los señores Lucrecio y Horacio, o detrás si no hay sitio, ya saben que ellos combaten siempre juntos, primero Lucrecio. Al final, don Estólido y yo, a la par si hay sitio, yo primero y él después si hay que ir en fila india, el portaantorchas obedecerá las órdenes del mago. Mire, señor Avieso, si ha estudiado todos sus hechizos ¿mmmh?. Señor Horacio, mire usted de tener a mano un ruego a su dios que nos permita purificar el agua, pues puede que tengamos que lavar heridas o cosas similares. ¿Preguntas?... no, la retaguardia no es necesario cubrirla, acuérdense de Ainara, sus poderes telepáticos nos avisarán de aquello que nos pueda sorprender. Señorita Ainara, eso significa que la necesitamos a nuestro lado, por favor, no se le ocurra volver a desaparecer (al decir esto casi se suaviza el rictus sonriente). En cuanto al señor Abdel, le nombro encargado de intendencia, permanecerá aquí con las mulas y el equipo, pedirá ayuda o hará lo que crea conveniente si le mandamos algún mensaje. Procuren ir ligeros, cojan lo imprescindible.

Arnoldo suspira, -bien, creo que no me he olvidado de nada, adelante agentes en boca cerrada no entran mascas ¿mmmh?, entraremos por la cloaca de la derecha.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

ALCANTARILLAS ... O CLOACAS

-¡Eh, que estoy aquí!, vale ya de ignorarme, que con eso de ser pequeña todos os tomáis la licencia de que no importo nada...
Ainara, mueve las alitas alegremente, como si no hubiera pasado nada, y recordando por enésima vez, sus aventuras, a todo el que tenga los santos c... de aguantarla con su vocecilla chillona. Lo cual, tratándose de la hora de la siesta, y por ejemplo, de un enano típico, es una mezcla ... explosiva.
Para el atardecer, la situación vuelve a tener una semejanza a estabilidad, y la rutina del campamento, con sus nuevos integrantes, se va estableciendo. Boronio es en su mayor parte un alegre fulano, con momentos de melancólico silencio por las tardes, y a Bron claramente le gustan los chistes verdes. Qué paz, todos reunidos.
Al día siguente, los que quieren se van de compras, con variado resultado, (a especificar), y mientras tanto, Arnoldo se encaminó a la Torre del Homenaje, con objeto de informarse sobre posibles recompensas, permisos y cosas por el estilo y jaez.

...
...
...

Uno:
-Ach!, sslurrrp, este pescado ess bueeeno.
Dos:
-¡Arrgn!, shlchommp, gluuurjck,...., mniaaaaamm!, y las essspinitas hacenn cosssquillas en la garrrgannnta.... ¡sjloaaark, - ptuffff!
Tres:
-Bueno, ¿ssabemos algo del obserrrvadorr?, Hmmf, ¿ha mandado algunn ... mennsaje?

Una reunión en la cumbre. Manera de hablar. El oscuro y húmedo agujero donde se guarecen da apenas para dejar un hueco donde la ínfima chasca lucha por respirar. Los ojos verdosos lucen levemente al ir y venir del resplandor de las llamas...
Los tres cabecillas semiorcos conferencian mientras can cuenta de los pequeños hallazgos comestibles proporcionados por las silenciosas y sumisas hembras.

-Parecce que todo esstá bajo control, los ha localizado en las puerrtas de la ciuudadd... nos avvissará si surge una oportunidadd...
-¡Juar, juar, podremos degustar algo más que pessscaddo!
-¡Aaahrr, aahr,..., esto ess pan comidooo!

...
...
...

Las cuatro bocas de los túneles de las alcantarillas, cada una con su correspondiente reja de gruesos barrotes de hierro, se abren ante el grupo.
Arnoldo no para de maldecir, su tic incontrolable, farfullando babas,...
... - en boca cerrada no entran moscas... en boca cerrada no entran moscas...
y asi “ad aeternum”.
Lucrecio, oyéndolo, lo toma como una orden, y aprieta los belfos con devoción esperanzado de estar degustando bien pronto jugosos dípteros...
Todavía Arnoldo recuerda bien claro las palabras del Comisario de Jonid:

... - y puesto que ya de todas formas iban a hacerlo, algo de lo que se han preocupado en propagar a los cuatro vientos, no veo porqué debería gastar la recompensa el erario público. Ya tienen su remuneración por ello. No obstante, y en atención a su proceder legal, cosa rara entre aventureros como ustedes, tendrán permiso, y asistencia de la milicia.
Les explicaré cómo: cada día, se abrirá una puerta para ustedes, la que elijan, y permanecerá abierta, custodiada por un guardia, que esperará pacientemente a que salgan con el resultado de su búsqueda. Si a la puesta del Sol Mayor no han salido, cerraremos, y deberán pasar la noche como mejor puedan. Al Primer Amanecer abriremos de nuevo. Si después de tres días no han vuelto de alguno de los túneles, tomaremos medidas adecuadas...
De lo que encuentren y lo que hagan con ello, decidan ustedes: si ven que el desafío es demasiado grande, limítense a informar de la localización de... digamos la crisis, y la guardia se hará cargo, con sus correspondientes glorias y honores. Si resuelven la situación, se reconocerá de manera acorde. Si causan destrozos injustificados, tendrán que pagarlos.
Si encuentran los restos mortales de algún desgraciado ciudadano... traiganlos para que sus familiares se hagan cargo de ellos. ¡Ah! Casi se me olvidaba, el jefe de alcantarilleros puede estar por ahí abajo, ¡hace un mes o más que no sale! Casi seguro que no le ha pasado nada, es duro de roer, y prácticamente se puede decir que vive allá abajo, pero me gustaría saber que todo va bien ...

Y bién, ¿cuál de los túneles debemos abrir hoy?

Los arcos de los túneles están hechos de piedras en bloques, muy bien encajadas, y las de la parte más elevada, tienen grabados jeroglíficos complicados, de los que portan mensajes, mientras que como toda pared takitiana, el resto está profusamente adornado con motivos repetitivos y figurativos vegetales, animales y de dioses...
... de los túneles de los extremos, sale una cantidad moderada de aguas fecales, de las cuales las de la izquierda son particularmente malolientes; del centro derecha surge un pequeño río, por su abundancia líquida, mientras que del centro izquierda, apenas sale agua... casi está seco.

¿Y bien?, estamos esperando , señores, la milicia tiene otras tareas que hacer,...

...
...
...

Arsenpin “El Dedos”, ya sabe de Ainara más que la última vez que se encontraron...
...- Bien, -piensa, - La Hermandad averiguará también lo que se oculta en las alcantarillas, si es que hay algo más que ratas y escarabajos, pero no entraremos con el conocimiento, ni el consentimiento, del Señor Comisario... no señor... nosotros entraremos por nuestros propios medios... y si esos encuentran algo primero... bien, también ganaremos... de todas formas ganaremos.

martes, 23 de septiembre de 2008

El desahogo

Arnoldo se ha quedado como un pasmao, una espalda de enano marcha en busca de la sombra más próxima que haya quedado libre a sestear todo lo que pueda. El rostro del clérigo se va poniendo de un rosa tirando a malva, y no olvidemos el rictus que exhibe desde el asunto de la multa. Aunque pretende ser una sonrisa, todo el mundo sabe que está a punto de estallar, así que ponen pies en polvorosa. (Los empleados y Abdel piadosamente aconsejados por Horacio con una mirada significativa). El único que espera a verlas venir es Lucrecio. Luce un gesto resignado, pues ya ha pasado que Arnoldo se desahogue intentando darle de mamporros (es un experto púgil). Al fin, después de un rato de silencio espeso, con el careto ya morado, rompe a caminar hacia la marisma...
A la media hora regresa con Lucrecio, que lo ha seguido. Parece otro, como si hubiera hechado un polvo de campeonato de lo relajado que parece, eso si, arañazos, despallejaduras en los puños, barro por aquí y por alli. No sonríe más que levemente y silba una cancioncilla. Lucrecio parece ileso. Cuando mira a su hermano, que pregunta con la mirada, sacude la mano mientras silba admirativo.

-Había una barca en buen estado, la ha terminado de arreglar-sisea por lo bajini. Horacio mira con un nuevo respeto al líder que, parece, se dispone a pegarse la gran siesta después de ordenar al señor Estólido que lo despierte cuando llegue Rotunda.

El retorno de Estólido

Es mediodía!...pues no pretendería que los cogiera y cargara con ellos con este calor solo para que usted pudiera verlos, tenga compasión de este pobre enano, señor Arnoldo, se lo ruego. Además cuando los encontré ya llevaban un buen rato justo donde pegan los dos soles, las llantas y los correajes, o mejor dicho lo que quedaba de ellos, ardían. Y estaban calcinados por el incendio, con lo que ensucia eso. Mis manos son delicados instrumentos de precisión que deben ser mimados, y las necesito para...bueno, para lo que se usan las manos, vaya. Si no confía en mi criterio allí estarán aún, para qué coño los iba a querer nadie. Lo que le digo es que antes buscábamos a un hombre extraño y un carro grande, y ya era bastante difícil. Pues bien, ahora ya no hay carro grande, y buscar a un extraño en Jonid en estos días es como buscar una escama verde en el cubil de un dragón de tres colas...

No señor Arnoldo, ya le he dicho que ni rastro de Ainara, y le aseguro que no ha quedado ciudadano alguno que no haya sido sometido a un exhaustivo interrogatorio por mi parte...¿cómo? - pregunta ofendido Estólido, luchando entre su enfado y el respeto que le infunde un representante de los dioses - pues por supuesto que huelo a jugo de cerdo! - declara muy serio -, es lo menos malo que sirven por ahí, o eso dicen. Realmente no tengo idea de su sabor, pero lo que sí puedo asegurarle es que deja una sensación más progresiva y suave que el sin embargo más afamado Vino de Hielo al día siguiente de su ingestión... ¿Y dónde cree usted que se pueden ir a preguntar las cosas sino en los bares y tabernas, de los que esta ciudad está, gracias sean dadas a Yurgain, tan bien provista? No querrá que vaya llamando puerta por puerta como un vulgar corredor de seguros de ganado, pues hasta ahí podíamos llegar.

Mire, no se equivoque usted, aunque cumpliendo ahora misiones de otra índole, para las que no hace falta decir que estoy sobradamente capacitado gracias a mi preclara inteligencia y un natural "don de gentes", me veo en la obligación de recordarle que yo soy sobre todo un artista. Un practicante destacado de mi especialidad, si lo prefiere, admirado y respetado dentro de mi profesión, y aquí se especifica bien a las claras - anuncia de memoria esgrimiendo un cilindro de piel que parece contener un pergamino cuidadosamente enrollado - que mi función primordial en este grupo es ofrecer "cobertura parcial o total al grupo en caso de altercado con otra criatura o grupo de criaturas, garantizando parcial o totalmente la integridad del mismo debido a la acción o inacción del abajo firmante según las circunstancias concretas especificadas en el párrafo dos, apartado a, del presente contrato, siempre teniendo en consideración la premisa de que la casuística es, o puede llegar a ser, infinita".

Así que menos cháchara y a tomar decisiones, impartir órdenes, etc., que es lo de usted...y si no le importa esperarse un poco a que baje el calor yo me voy a reflexionar a la tienda sobre unas cuestiones profundas...eh..., relacionadas con la búsqueda que nos ocupa, por supuesto... y de paso a echarme una siesta que parece que me empieza a doler la cabeza, por el...eh... es por el esfuerzo intelectual, ¿sabe?.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Tamaño de fuente y otras zarandajas

Vamos por partes como dijo el bueno de Jack:

Lo del tamaño de fuente lo veo perfecto, yo aún cambiaría el fondo para hacer más fácil la lectura del mensaje, quizá algo con menos texturas, más liso...pero ya digo que voy para viejo y serán achaques de la edad.

No tengo ni idea de por qué no puedes enviarme las cosas, supuestamente mi correo tiene 5 Gb de capacidad y no está ni mucho menos al 1%. Quizá tenga que hacerme otro.

En la cuestión astronómica, con lo que ha puesto Diegus a mi me sirve para hacerme una idea de cómo se comporta la luz y cosas así. Aunque en realidad ese ciclo que has descrito supongo que tendría que variar con las distintas épocas del año, incluso en ciclos de años, pero ya digo que por mi está bien así.

Un saludote para todas y todos!!

viernes, 19 de septiembre de 2008

Alcantarillas

-No, no sabemos nada de su amiguita... Si, hermano, el carro debió quemarse, no, no, no sé dónde puede haberse escondido semejante bicho. Al Extraño Misterioso no lo vió nadie, pero las desapariciones hacen ver que debe estar actuando-.
El sacerdote de Nudor, Mairtén Algarbe, se sorbe continuamente la nariz, los ojos los tiene algo enrojecidos todavía. Acaba de contar a Arnoldo que fue a intentar ayudar en el incendio de posada y así se ha ido formando una idea de lo que ocurrió.
Nuestro jefe, con su sonrisa de lobo hambriento, que no deja de inquietar al hermano Mairtén, algo apocado para ciertas cosas, le pregunta si sabe de dónde pudo salir el fuego.
-Probablemente hubiera un practicante del Arte por ahí. Como quizá sepas, en Reunión, que es el significado de Jonid en Takitio, se organizan... eso, reuniones de diversos tipos, no solamente de ejércitos... nos dedicamos a eso. Si, convenciones, banquetes anuales, bodas y bautizos. Estamos en una encrucijada llena de historia y... ¿sabe usted? la semana pasada se reunieron un montón de magos en la torre de la grulla. Hoy tenemos a sus compatriotas aqui, si, si, Fangaerios, pero sólo están de paso, creo. Pero, volviendo a los magos, puede que alguno se quedara rezagado. Nuestro vino de hielo tiene fama por toda Takitia, y el jugo de cardo es de lo mejor.
A todo esto se acerca Horacio tanteando cuidadosamente. Mira a Lucrecio, mira a Arnoldo con su ojo malo. Arnoldo le devuelve la mirada significativamente, coje aire a la vez que el semiogro y dicen los dos: -alcantarillas.
En efecto, es una ciudad de manufactura enana, las calles están limpias, es imposible que no tenga un sistema de drenaje y alcantarillado de lo mejorcito, recuerdan las palabras de Rotunda, han visto las cinco salidas empotradas en la muralla. ¡Si hasta la ciudad huele bién de lo bien que funcionan sus alcantarillas!

AINARA, DE NUEVO AINARA Y ESTÓLIDO, SIEMPRE ESTÓLIDO

Cuando está en plena faena, por el mercado y calles aledañas, su “amigo” el Deditos le hace señas. Un hobbit de dudosa reputación. Un pequeño comité de bienvenida que le pone en contacto con el gremio de ladrones de Jonid.
El Dedos le pone más bien claro que turbio, que por esta vez pase, pero que eso de trabajar sin licencia de gremio, nada de nada. Y como cofrade invitado puede operar, pero, naturalmente, con una pequeña comisión del 20% sobre los beneficios brutos. Bastará al efecto un juramento por su honor de que así se hará. Se verán en el mercado.
Ainara accede, naturalmente, pensando en incumplir, y venga, una ronda para celebrarlo. ¿Y que tal van las cosas por aquí? Con todo el lío del incendio...vaya una cosa inusual. ¿Y como sucedió realmente? En fin, hasta luego, nos vemos uno de estos días...

Y después, un pequeño truco de birlibirloque y... invisible, para ver si cae algo.

El Dedos está serio, y mira a sus compañeros...

¿Creéis que está sola?, dudo que esta tenga el cuajo de ir por ahí sin compañía. Además, esas preguntas que hace... aquí se cuece algo. El gran Maestre va y nos dice que estemos atentos, que algo está pasando y que le informemos de cualquier cosa inusual, y va y aparece esta haciendo preguntas sobre el incendio... magia, creo yo: el otro día la “Quintillas” estaba alli, tomandose algo, y dijo que vio a un parroquiano con pinta de estar vendiendo algo a otros dos viajeros, y va y se monta una pelea. Todo normal, pero de pronto, surge un chorro de llamas que paqué... y luego, en medio de la confusión, sale aquel bicho negro con muchas patas y se escapa por los tejados. Todo esto está relacionado, os lo digo yo, y para colmo, tres desapariciones en otros tantos días.
Yo creo que los de arriba están tirándose los trastos y pasándose la pelota, acusándose unos a otros, y al final se va a armar otra guerra, y todo por culpa de ese desgraciado que seguro que está escondido por ahí, y el bicho tiene que comer... en fin, vámonos, que estamos ya largando demasiado y el “Gerente” nos quitará cuota. Tú, “Flipaín”, vuelve a la entrada del mercado, y yo me quedo en la plaza...

Y Ainara sonrió, divertida:

Ya he oido suficiente, a ver qué hacen los demás,........

Mientras tanto:

Estólido se encontraba en lo que fuera hace poco posada insigne y famosa de Jonid...

Por fin algo concreto... en los restos chamuscados aparece algo interesante... todo lo aprovechable por supuesto que se lo han rapiñado ya, pero ¿quién se va a querer quedar con esto...?
Todo renegridos, retorcidos y casi irreconocibles, unos hierrajos que son, o eran, ... sí,
¡las yantas y los herrajes de un carromato de los grandes!
Estos siguen aquí, o si no es que han seguido a pie... seguro que el carro se quemó, al estar en el patio de la posada, y no pudieron refugiarse en él. Fin de la huida, comienza la caza... pero, ¿dónde pueden estar? No ha de ser fácil esconderse en este sitio, y encima con el bicho ese de todos los diablos... en fin, volveré a informar a nuestro Chef.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Agradable conversación

Las sombras de las casas se alarga mientras transcurre la mañana debido al progresivo descenso del menor de los soles, justo antes de que su aplastante hermano haga su aparición, un curioso efecto visual que no deja de llamar la atención de quienes tienen sensibilidad para apreciarlo.

Obvia decir que éste no es el caso del bueno de Estólido, que charla, o más bien monologa, con un hombre vestido con la librea de la guardia de la ciudad. Su expresión facial transmite bien a las claras su evidente deseo de que se nuble de repente el cielo y Nudor, en su infinita sabiduría, le lanze un rayo a su insoportable interlocutor. Desgraciadamente para él, no hay muestra alguna de que ninguno de los múltiples dioses a los que lleva rezando un buen rato le estén escuchando. Tampoco hay sombra de nubes. Y el capitán no entendería que abandonara su puesto sólo porque un "ciudadano", por muy pesado que fuese, hubiera iniciado una "conversación trivial". No tenía escapatoria, y lo sabía. Lo malo es que al parecer el jodido enano también, y se estaba quedando a gusto...

Con este calor no apetece sino buscar por estas polvorientas callejuelas de mierda - continúa Estólido mientras enjuaga el sudor y la saliva de su barba - a un hada duende, que por lo demás si no ha aparecido ya será porque no quiere ser encontrada, vamos, digo yo...casi igual es éste clima que el de las montañas. Con lo a gusto que estaría en Praxter... ¿le he contado que yo era senescal?. De hecho, provengo de una familia con una larga tradición en ese noble oficio...

Un buen rato después el calor precipita por fin los acontecimientos para fortuna del guardia, que ya tenía la mano en la empuñadura de su espada y estaba intentando recordar a partir de cuántas estocadas marcaba la ley que se podía aplicar el agravante de ensañamiento. A Estólido parece entrarle la prisa repentinamente, y recordando de pronto cuál era el objeto de la entrevista vuelve a formularle al guardia la media docena de preguntas que lleva repitiendo, aderezadas con interminables detalles sobre su vida y milagros, durante la tortuosa hora transcurrida. El resultado, el mismo, "nadie ha visto nada", "no me he fijado", "¿un hada duende?¿un hombre con aspecto extraño?¿aquí en Jonid?...estará de broma".

Muchas gracias amigo - se despide nuestro enano - me ha encantado hablar con usted, en serio. Me gusta mucho escuchar a la gente, aunque sean de baja condición. Siempre se aprende algo de todo el mundo, pero ahora debo dejarle, mis más sinceras disculpas. No hace falta que me lo agradezca, de verdad que ha sido un placer charlar con usted. Le dejo ya, me acercaré al Extraño misterioso a ver si esos piojosos hijos de una camella sifilítica han dejado ya el camino libre, nunca entenderé por qué a esos gnomianos no se les mantiene aparte de la población normal...adiós amigo, adiós.

Antes de que el guardia encuentre algo apropiado que decirle como despedida a su nuevo "amigo", Estólido ya camina apresuradamente, por la sombra, eso sí, de nuevo en dirección a la posada.

martes, 16 de septiembre de 2008

Aquí Estamos

-Bién, aqui estamos- dice Arnoldo.

Rotunda anda perdida por las ciénagas o algo así, estólido se habrá ido a recorrer las tabarnas, para ver qué tal son de buena mañana, Ainara... ¿dónde andará?, las cosas se tuercen, y como siempre, al siervo de nudor se le revuelven las tripas. Le revientan las contrariedades. Hace bién poco que ha tenido que desembolsar noventa, ¡NOVENTA PIEZAS DE ORO! que podrían haber estado sirviendo a Nudor en forma del equipo que le falta, y para colmo, los moragatos de los semiogros le ponen condiciones al préstamo de toda su riqueza en material. No, no le rezará a Luvia ni media palabra, antes la muerte; aunqueeee, bueno, quizá le pueda rezar alguien por él. En fin, en cuanto a lo de pedir disculpas por su olvido, por supuesto que y lo hizo, ya veremos cómo se las toman...
Vuelve a acordarse de la multa y se pone más de los nervios. De tanto contenerse le surge el acostumbrado tic nervioso que lo aqueja desde siempre, en forma de sonrisa fija, la típica sonrisa de lobo que quiere agradar a los corderos. El caso es que un magistrado vegestorio y tirillas, tipo Edadepiedrix, le ha estado regañando y soltando esputos seniles en su dirección, el típico capullo de nivel cero con ínfulas de señorito. "Que la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento; que por supuesto, que la ley tiene fines recaudatorios, si no los tuviera ¿de qué ibamos ha vivir los magistrados? ¿ein?; y sí, seguimos la letra de la ley, no su espíritu, ¿para qué serviría si no, so ignorante?, así que ya está pagando las noventa o a la carcel". La cosa ha tomado el color del chocolate cuando se le ha ocurrido intentar aligarar el ambiente con algunos comentarios jocosos, chistes de jueces, alusiones a la lluvia (de esputos) e inconveniencias parecidas. Han salido con bien solo por su condición de sacerdote, que si no estarían en la trena (bueno, también hay que decir que un guardaespaldas como Lucrecio amedrenta a cualquiera).

En el momento en que se paran cerca de Nudor el Bueno, estamos de vuelta al templo de todos los dioses, termina de salir el sol mayor iluminando con una luz blanquísima ahi donde llega. En la calle, de repente, el movimiento se ralentiza, las sombras se duplican aunque palidecen y los colores se hacen más variados y luminosos. El tráfago había adquirido un ritmo febril paulatinamente. Aquí, el clima es más benigno, más suave, durante las horas en que sale el sol menor. Pero cuando sale su hermano y están juntos en el cielo todo se para. Aquello que no se haya hecho antes se alarga durante horas y horas. ¡Y no se te ocurra exigir algo de los lugareños al mediodía! Hace demasiado calor.

Arnoldo se va a ver a un tipo que se ha parado cerca de Nudor. Parece rezar. Lucrecio le sigue, pero Horacio, murmurando una disculpa, se va por un lateral, sube por unas escaleras elevándose del Nivel de la Neutralidad en el Extremo del Bien hacia las zonas donde impera la Ley del Universo, diréctamente encima de Nudor, donde vive la justicia: el templo de Luvia el Ciego.

Los Marjales

Rotunda salió del improvisado campamento a las puertas de la ciudad contoneándose, moviendo exageradamente el culo, "insinuantemente" o al menos eso pensaba ella, se sentía guapa, y era una sensación que no había tenido en su vida, siempre la habían tratado siempre de la más fea del grupo, y ahora parecía que su grupa atraía todas las miradas del grupo, los dos nuevos parecían babear por su culo, y hasta Estólido Avieso la miraba con deseo, curioso siendo él un enano y ella una semielfa, estaba realmente atractiva desde que decidió arreglar su armadura y bruñirla con ese aceite pegajoso que le dio el cazador de la fortaleza de Frandor...
Se alejo del campamento pensando solamente en una cosa:

!!Que cansado es eso de ser guapa!!
Mover el culo así es agotador... a ver cuando salgo de su campo de visión...

Cuando pensó que no estaba a su vista se paro, dejo caer el culo a su altura natural dejo de hinchar el pecho y volvió a respirar...

!!Doy gracias a todos y cada uno de los dioses por no haberme hecho pasar por esto toda mi vida...
!!Dioses, que dolor de cadera!!

Cuando volvió al campamento llena de barro y cansada tras el largo día de exploración, ya no se sentía “tan guapa”, estaba demasiado cansada para levantar el culo e hinchar el pecho, por lo que se le volvió a sorprender cuando vio que esos dos bobos de Boronio y Bron, los nuevos, continuasen mirándola con deseo...

Deben estar hechizados… eso, o son realmente imbéciles…

- He estado explorando los marjales, y de camino, buscando huellas de carro por la carretera que me parecieran sospechosas, haber habialas, pero ninguna se desviaba de la calzada principal, por lo que ninguna levanto mis sospechas...es posible que las hubiera, pero no queda rastro de ellas, si ese personaje ha venido por aquí, y de verdad lleva una araña gigante en el carro, yo me hubiera desviado y escondido el carro, evitando entrar a la ciudad con ella, el caso es que si ha estado o esta aquí, ha debido de entrar con él, puesto que no he encontrado las huellas que indiquen lo contrario...

-He de confesar que a los marjales no he podido entrar, pues como bien sabéis, son zonas húmedas generalmente cercanas al mar, de gran riqueza tanto en fauna como en flora. Estas zonas húmedas a menudo son estaciones de paso en la migración de las aves, hay mucho bicho allí, sobre todo mosquitos, pájaros, peces, patos, batracios varios, culebras, nutrias y muchas grullas, algunas MUY grandes, creo que ya sé de dónde viene el nombre del rio... y es preferible inspeccionarlas en una barca. Pero desde la costa se ve algo interesante, algo que si a Arnoldo nuestro líder, no le importa, estaría bien investigar, (creo a Horacio le interesará), parece como si el marjal ocultase otra cosa... sobresalen sobre el nivel del agua unos monolitos grabados con cosas raras, "jegolíficos de esos...", el que me llamo la atención está a unos 500 metros de la costa, y el otro que vi, algo más lejos, pero debe haber más bajo el agua...hay pescadores pescando con red y con jabalinas, supongo que no será difícil hablar con ellos y convencerles de que nos alquilen una...

-Por cierto, os presento a "Lobo".
Seguramente, debido al "atractivo" que despertaba recientemente en los hombres, ninguno de los presentes se fijó, pero detrás de Rotunda se había sentado un perro, un chucho, que al oír su nombre salto sobre su regazo y miro alrededor amenazante, volvió la cabeza y lamio la cara de Rotunda, parecía atender sus requerimientos...

- Voy a intentar adiestrar a este perro, es inteligente, tiene muy buen olfato, buen oído y por lo grande que es, podría llevarme las provisiones en su lomo, voy a hacerle en cuero unos arneses para ello... se me acerco justo en el límite sur del marjal, parecía huir de algo, se veía humo a lo lejos, no quise acercarme para evitar encuentros desagradables, era tarde y debía volver, me siguió y parece que nos entendemos bien, ya atiende por su nombre...

lunes, 15 de septiembre de 2008

El Templo

El Templo de Todos los Dioses estaba situado junto a la Puerta de Takitia, hacia el este.
Tenía formas semiesféricas, combinadas de forma seriada, remontándose unas sobre otras de manera que, sobre todo desde la entrada, parecían mundos sobre mundos, en una fila cada vez más lejana, y luego en lo más alto, se rompía el efecto visual con las torres finas como agujas: un efecto fractal.





Las torres que flanqueaban la entrada tenían a media altura a modo de discos engrosados que se tocaban y fundían, formando asi el portal. Se entraba a un espacio abierto por arriba, flanqueado por muros inclinados sobre el caminante, lo que sería agobiante de no ser porque casi todo eran enormes vidrieras de muchos colores, que representaban los cielos, los astros y los dioses. Las bóvedas se superponían en un espacio cada vez más lejano y más alto. Finalmente, se entraba a la nave central, de planta redonda, con tres bóvedas superpuestas, de las que la del medio era una vidriera por completo. El humo de los millones de varitas de incienso espesaba el aire, haciendo lo lejano indistinto, y los haces de luz visibles. El inmenso espacio central, sin columnas, estaba ocupado por representaciones de los dioses ocupando sus lugares relativos, correspondientes a la distribución estelar. A su alrededor se agrupaban los fieles respectivos. Debido a lo sagrado del lugar, dondequiera que una ceremonia fuese celebrada, una opacidad descendía sobre esa parte del templo, de manera que todo eran siluetas grises y resultaba muy difícil fijar la vista en ellas. Al mismo tiempo, para los fieles congregados alrededor de su estatua de Dios, era como si ocuparan el centro del templo, y todo lo demás se desvaneciera...
Arnoldo, Lucrecio y Horacio, se encaminan hacia la prominente y oronda estatua de Nudor.

Boronio y Bron

Sean presentados a toda la Nueva Compañía Aventurera, a sus dos nuevos empleados:
La juventud primero, por deferencia:
Nuestro nuevo portaantorchas: Boronio de Talos
Vemos a un chiquitín, que podría hacerse pasar por un niño, delgadito, ágil, tose de vez en cuando.
A las claras se ve que es un ser de fácil trato y bien mandado, con una sonrisa cándida y sin doblez.
Lleva un jubón de cuero endurecido, mochila de suave cuero y un cinto ancho y bien trabajado. El pelo es fino y rizado, en aureola, rubio blanco, y los ojos marrones. Todos estos cueros están trabajados con motivos familiares y/o tribales, teñidos muchos de ellos, por lo que resultan discretamente polícromos. Se puede apreciar que este chiquitín no va desarmado: dos dagas al cinto, dos en las botas y dos en los antebrazos. Cada una es de un color, discreto, a tono con los cueros: naranja y verde, en los brazos; violeta y marrón, en las botas; azul y acero, en el cinturón.
Pregunta a todo el mundo por una mujer rubia y bajita como él.

Ahora, el mulero: Bron “El Pipas”
Este es un local. Rubio, pero no tanto, no es muy corpulento, pero sí rápido y diestro. Moreno y algo feo, obediente y discreto. Tiene una sorprendente voz de pito, y tal vez por ello no habla mucho, sobre todo porque le sale de manera aleatoria. Es muy ordenado, y siempre hace su trabajo igual. Viste cómodamente, con un cuero blando de bastante uso, pero se ve cuidado. Su defensa consiste en su cayado de pastor y un buen par de dagas que porta en el cinto. Su mote viene porque su padre vendía golosinas y semillas de cucúrbita con un carrito por las calles de Jonid, y él de más joven le ayudaba. Al padre le llaman Pipas, al hijo también. Echa los ojos a toda hembra que pasa, y hace un rato, cuando creía que no le oían ha explicado a Boronio, en plan colegas, lo que haría con Rotunda ahora que está agachada asi...

domingo, 14 de septiembre de 2008

Sentimientos de Rotunda

Había guiado a sus compañeros en el duro camino que supuso la salida de la fortaleza Frandor, primero bajando por la orilla del río (hacia el oeste), justo en la frontera entre Fangaeria y Los Protectorados Gnomos, hasta que llegaron a la unión de este con el Grulla Infinita, el cual empezaron a remontar (al sudoeste),cruzaron los protectorados gnomos moviéndose por el valle que el grulla Infinita trazo a través de las Montañas Praxter, les rodeaban picos donde reinaban las nieves eternas y de las que bajaba un frío terrible que les helaba los huesos todas las mañanas, casi sin darse cuenta subieron muchos metros sobre el nivel del mar, hasta llegar al altiplano desértico que separa los protectorados de Los Clanes Enanos (sureste) y La Liga Orca del Sur (al noroeste), hasta llegar al reino de Takitia (al sur), donde encontraron, de nuevo tierra de humanos, y encima de una cultura muy semejante a la de Fangaeria, famosa por su magnifico vino de hielo, el cual disfrutaron bien a gusto cuando entraron a la posada...

Durante todo el camino, Rotunda se sentía inspirada, logró conducir al grupo por todos estos sitios, logrando esquivar los enfrentamientos con las distintas patrullas fronterizas y evitando desagradables encontronazos con las peligrosas criaturas que habitan estos lugares, sentía como si algo la aconsejara al hacerlo, soñaba con su madre, con todo lo que le habían contado de su nacimiento y de todo lo que se había logrado averiguar sobre el mal nacido de su padre, una simple descripción física hecha por su madre entre lágrimas y muy pocos detalles más, pero Rotunda estaba convencida de que esta vez su intuición la estaba guiando hacia el origen del bastardo de su padre, si por un casual diese con él pensaba en hacerle daño, mucho daño...

Pero cuando llegaron a la Posada, perdió esa intuición que la impulsaba, simplemente desapareció y se sintió perdida. Entró en una depresión profunda que hacía que todo lo que le rodeaba le importara una mierda, se sentía fuera de la realidad, todo sucedía sin que ella pudiese tomar parte ni tan siquiera opinar, no lograba reaccionar ante ningún estimulo externo, y esta sensación continuó hasta que abandonaron la posada camino a Jonid. Allí por fin se sintió libre de la carga psicológica, no recuperó la inspiración que tan alerta la mantuvo en aquella larga travesía por las ciclópeas montañas, pero ahora sabía que era muy buena en su trabajo de guiar a su grupo, se sentía capaz de cualquier cosa y quería demostrárselo a sus compañeros…

jueves, 11 de septiembre de 2008

Arnoldo y Rotunda Tundra

-Vaya vaya, tiene usted boca. ¡Y sabe hablar!
-Pues bien, antes de que me despida para ir a lo mío, sepa que vamos en busca de la olla de Davieso el gnomo por interés propio, puesto que en ella se encuentra la mercancía que nos ha "vendido" el señor Abdel. Se trata, según todas mis sospechas, de un contenedor de enormísima capacidad, algo mágico ¿mmmh?. El hecho de que el señor Davieso y el Plutarca del oasis tengan un interés parejo al nuestro en su recuperación, se debe a que la olla es un almacén de cosas interesantes que guardaba el gnomo a mucha y variada clientela. El plutarca actúa como representante de los que han puesto un pleito a Davieso por perder sus cosas ¿comprende querida?, el caso es que nos suvbencionan el viaje graciosamente y nosotros les resolvemos la papeleta ¿mmmmh?. O por lo menos se lo han subvencionado a estos dos, que han estado de lo más listo con la cacho de lista de equipaje que le han sacado a Davieso. No se si estaremos a tiempo de hacer lo propio, pero me temo mucho que ya no. Bueno, querida, vaya a dar una vueltecilla por ahí, busque, busque. Yo voy a ver si le puedo endilgar a Davieso lo de la multa, Nudor sabe que tiene más dineros que nosotros, vamos Lucrecio. Lucrecio asiente con la cabeza mientras dice -NO. Seguidamente echa a caminar tras él. Detrás de Lucrecio marcha Horacio casi a tientas meneando la cabezota pensativamente.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

¿dulce despertar?

Hola a todos!! Perdonar mi ausencia, pero como sabéis los que habéis viajado conmigo, de vez en cuando me ausento de cuerpo presente… (¡Me cago en mi padre!, ese bastardo, ojala viva lo suficiente para encontrarlo y empalarlo, a ver si así dejo de tener estas pesadillas que no me dejan vivir…).

- al oído de Arnaldo Paje:
Supongo que si estamos aquí es porque hemos aceptado una de las dos ofertas que había para recuperar… ¿una olla?.. ¡Os advierto que tarde o temprano tendréis que explicarme que significa todo esto!, ¿que es eso tan especial de la olla?, ¿Qué carajo tiene que ver con nosotros? y para quien trabajamos… por cierto, veo que Lucrecio y Horacio están mas que bien surtidos de equipo…
¡¡¡Me cago en mi padre!!!...
¡QUIERO EL MIO!... si es que estoy todavía a tiempo de pedirlo…

Os comento que el camino que sale de ahí, si, justo ahí, el que va hacia el sur lleva hasta el puerto, eso si, hay que pasar por delante de los desagües del alcantarillado, te hartas de pisar mierdas y ratas!!!…, hay un buque grande que están descargando y varios almacenes…

La ciudad se ve bien defendida… ¿que amenazas tiene cerca para verse tan en peligro?

Por la Mañana

Arnoldo se despereza tras sus rezos matinales, son los primeros segmentos del sol menor. En las partes superiores de las cárcavas que circundan Jonid se refleja su luz rosácea, las grullas comienzan a hacer ruido de veras, el resto de la garganta sigue en sombras. Los pescadores se han levantado temprano y rebullen por los márgenes del río en la penumbra mañanera abriendo las trampas de cangrejos. Los pastores hace rato que han salido. De la isla de la Escuela de Lucha llegan los primeros sonidos de las espadas de entrenamiento, aderezadas con órdenes secas de los instructores. Bueno, que llega un nuevo día.
Nuestro líder mira al enano mientras estudia sus libros del Arte, Lucrecio y Rotunda hacen la guardia y Horacio todavía plañe a Luvia con voz queda, balanceándose adelante y atrás. Abdel también lee. Nadie se ha decidido a comer todavía. Arnoldo reflexiona sobre los acontecimientos del día anterior:

¡Nos pusieron una multa!. Ocurrió durante la selección de los empleados. En la cola de los cuidadores de mulas va y se cuela un señor muy serio, con pintas de campesino, es cierto, pero con la cabeza nimbada de canas limpias y sedosas y una ropa de muy buena calidad para ser un vulgar cuidamulas. Nadie le hace mucho caso y él tampoco dice nada, se pone al final de la cola. Observa el proceso de selección de Rotunda con aprecio de conocedor, hasta se puede observar algún gruñido de aprecio ante el trabajo de la chica. Después, se acerca a nuestro líder y le larga con voz seca pero clara:
"señor, me llamo Intricantus, encargado de Recaudación y Multas del Plutarcado de Economías. Me temo que debo informarle que su compañía ha vulnerado las leyes de nuestra ciudad por contratar empleados sin permiso de los gremios. Le informo que debió pagar una tasa de una pieza de oro por persona contratada y mes de contrato o fracción, además, debió dejar una fianza de cincuenta piezas por empleado cuyo trabajo tenga visos de peligrosidad, para la viuda, entierro, heridas y demás y una copia de su contrato en el gremio que corresponda. Ahora deberá pagar la multa correspondiente, que es de treinta piezas de oro por infracción, o sea, noventa, y deberá hacerlo a lo largo del día de mañana. ¿Puedo preguntar su nombre?, ¿a qué han venido aquí, si puede saberse?, ¿son una compañía aventurera debidamente registrada?..."

Mientras Arnoldo reflexiona todo el mundo ha ido terminando sus labores mañaneras, llama la atención la voz ronca de un tipo singular, vestido con una pelliza tosca de cuero casco de bronce y botas de clavos. Parece lleno de abalorios y va armado. Está hablando con el guardia de la puerta y tiene una de esas voces que no pueden dejar de oirse a pesar de intentar hablar bajito, por su sonoridad.
La gran explanada se llena de ruidos, se van formando las colas a la puerta, advertido todo el mundo por el extraño madrugador de que han abierto. La compañía de teatro empieza a ensayar sobre la marcha. Al campamento de la Nueva Compañía Aventurera han llegado cuatro soldados de la ciudad, con una librea muy bonita (una grulla). Los sigue Intricantus, el inspector.

Arnoldo ultima sus instrucciónes al grupo:
-Abdel, usted se queda con los empleados cuidando del campamento, trátelos con dulzura, por favor. Señorita Tundra y Señor Avieso, es menester encontrar a la señorita Ainara. Una labor de la mayor importancia. No olviden que la civilización está podrida por su base y ha podido ser pasto de ladrones o bandidos. Intenten encontrar pistas en la posada del Extraño misterioso.
Lucrecio, Horacio y yo iremos con estos señores a cumplimentar las formalidades de rigor, luego iremos a nuestros templos respectivos a ver si se sabe algo del Extraño o de la pequeñina. Nos veremos al medio día. Señores, sigan mis instrucciones, pero no dejen de improvisar si creen que sirven al bién común. Buenos días.

martes, 9 de septiembre de 2008

CANCIÓN DE MARCHA

Un, dos, un, dos, con brío, pero a paso desigual van marchando por la Gran Carretera los "mensajeros sagrados". Como siempre que marchan, cantan su canción:

Los vaamosa plastaar
los vaamosa ma chacaar
vana lloriqueaaar
consangen la nariiiz

RUN TARRUN TARRUN TARRUN

Nosva mosaa llenaaaar
deorolos bolsiiiillooos
los vaamosaa dejaaar
colgaos deloos güeviiillooos

RUN PATUM PATAM PATUM PARRUM PATUM PATAM

Losvamosama chacaar
losvamosa des trozaar
losvaamosa meter
unpa lopor el cuuulooo

RAN PATAPLAN RUN RUN POM POM PORRRRROM PORRRRRROM

Nosvaamosa llevaar
laoollade Davieso
y se vana quedaaar
comiendoseee los mooocooooos

RUN RUN RUN PATAPUN RUN RUN

Acompañan dos mozos al tambor, escogidos por su sentido del ritmo sencillo pero solvente, tambien per su cualidad de acompañantes en las noches frías. Se llaman Mor y Bol.
La horda se compone de unos treinta machos con las hembras de rigor, doce. Además llevan a sus patriarcas, tres ancianos con muy malas pulgas, correosos como el que más y con pintas de poder darle una paliza a cualquiera de sus subordinados. Los treinta soldados portan espadas cortas y arcos de caza menor, grandes pellizas de cuero mal curtido, pero grueso, botas con clavos, cascos de bronce, grandes mochilones con toda la impedimenta. Todo el que se precie va tatuado con signos de su condición dentro de la manada, aunque parece que los rangos son laxos e intercambiables, con una flexibilidad nacida del que se la pueda ganar a golpes. Las hembras van armadas con cuchillos y vestidas con las mismas pellizas de cuero, pero teñidas en varios colores chillones y mal combinados. De cuatro en cuatro, llevan a sus patriarcas en unas andas sencillas pero sólidas, sus jefes les sueltan exabruptos, golpes o requiebros groseros de vez en cuando, aunque lo hacen con un deje de teatro que lo hace parecer parte de un protocolo de lo más normal.
Han marchado por la noche, y ahora se disponen a pasar el día en la última loma, antes del descenso hacia el Grulla Infinita en su encuentro con la Hermana menor. Sale el primero de los soles, y ya están acampados, solo se puede ver a los vigías, y a una figura solitaria, uno de los jefes cubierto con una capa, que desciende por las curvas y meandros de la carretera, hacia Jonid.

Dos plazas de aspirante a héroe. Requiere Formación Profesional de Portaantorchas

Rotunda, Rotundita - susurra Estólido al enorme trasero sin poder evitar una mirada lasciva que borra inmediatamente cuando ella se gira mirándole desde inalcanzable altitud - tú...te acuerdas de mi problemilla ¿verdad?...

Ella junta sus enormes manos al lado de su rostro, y lo inclina cerrando los ojos - no, ese no, no me lo recuerdes...el de los...- señala con la cabeza hacia una de las colas, donde pululan montando escándalo algunos gnomianos, traga saliva-...esos.

No se te ocurrirá escoger uno de...esos. Ya sabes cómo me pongo cuando están por ahí cerca, me salen sarpullidos y ni los mejores aceites me los curan, por no hablar de los temblores y de...bueno, de lo otro, tú ya me entiendes. Anda Rotundita, se buenecita y no tortures a este pobre enano - implora poniendo la mueca más lastimosa de la que es capaz, mientras una baba, transparente pero densa, resbala por su barba.

Resuelto ese asunto, se acerca a Abdel, que parece como siempre que está en su mundo. Sonoro silbido con la lengua, para obtener su atención - Te pones en la cola y me mandas a todos los...esos... - nuevo gesto hacia la cola - a tomar viento fresco de las montañas, que no se me acerque ni uno. Serás capaz de hacer algo tan sencillo, ¿verdad? - lo mira con desconfianza, por supuesto de abajo a arriba - no es que no me ofrezca garantías tu comportamiento, no me entiendas mal, pero a veces eres demasiado...blandengue, confiado, bobalicón. Ya sabes que te lo digo desde el cariño, pero te traerá problemas...en fin, a lo nuestro - dando por terminada la conversación, ha llegado el momento de comenzar las pruebas.

Aspirantes a portaantorchas, escuchadme - grazna hacia la mal organizada hilera - esto no es sólo un oficio, no sois vulgares muleros, por el amor del dios que más os complazca. Sois...héroes. Exige vocación y sacrificio, dedicación y esfuerzo - más saliva salta de sus labios a medida que el discurso sube de tono - Si me dais eso, eso solamente, la recompensa estará más allá de todas las expectativas que hayáis albergado alguna vez en vuestros miserables corazones durante toda esa patética vida, que sólo dos elegidos están a punto de dejar atrás - sonora respiración tomando aliento, frase demasiado larga, ritmo, ritmo, recuerda el ritmo -...volveréis ricos y famosos, tendréis todo lo que unos infelices como vosotros puedan desear!! - pausa dramática, examina a su público, que parece ahora prestarle algo más de atención, sin duda debido a lo excesivo de sus gritos y a los salivazos que va repartiendo aquí y allá. Las miradas bovinas le indican que hay que ir al grano, no parecen estar a la altura de su magistral retórica.

Bien, primera prueba. Aquí todos en fila. He dicho aquí!. Habilidades físicas. Consiste en ir corriendo alrededor del campamento, dar dos vueltas y regresar a este punto, cargados con una de esas piedras - señalando un montón de rocas arenosas de las que se usan para sujetar los vientos de las tiendas - preparados, listos...ya!!- da la señal con una palmada, resuena un fuerte estallido como el de un trueno venido de ninguna parte, y los que no se quedan mirando estúpidamente al cielo buscando alguna nube por lo demás inexistente salen en estampida para coger las piedras más pequeñas.

Se alejan, unos a la carrera, otros renqueantes por el peso - Esto está hecho, Señor Abdel - sonríe satisfecho - me manda usted a los dos que lleguen últimos a firmar el contrato con Horacio, moneda de oro cada dos días será más que suficiente, pero que se lea moneda de oro en el contrato, eso es importante...días completos, se entiende, redondeando hacia abajo.

¿Cómo que por qué los dos últimos?...Porque no son tan listos como para coger una piedra pequeña o hacer trampas; o no se ha fijado que pueden atajar casi la mitad del camino, no hay nadie vigilando. A nadie le interesa un sirviente inteligente, sólo trae problemas. Además, casi seguro que serán los más lentos, a la hora de huir un portaantorchas lento al que dejar atrás siempre constituye una ventaja, créame. Los sirvientes ideales, se lo digo yo, fieles como los que más...

sábado, 6 de septiembre de 2008

EN EL MERCADO

¡Bah!, así no serían capaces de encontrar un troll en un descampado, ni aunque pisaran sus mocos. Claro, que eso quizá no sea del todo malo para mí...
Este mercado está muy animadillo. Me recuerda al de aquella ciudad del norte, jijiiji..npobres...Salí de allí con los bolsillos bien llenos. Me pregunto que sería de aquel pobre que se cruzó en mi camino. La señora pensó que fue él, el que le dio el cachetito en el culo, ¡pero es que él se lo buscó...! ¿A quien se le ocurre empujarme, justo en la parte mas delicada de mi trabajo? La próxima vez, que tenga más cuidado y mire por donde va. No me gusta que me atropellen en pleno vuelo. Aunque no se me vea, tengo derecho a que se respete mi espacio vital...Jijjijii, y el pobre, encima de llevarse el bofetón de la señora del hermosa pandero, fue acusado de robarle la bolsa de las monedas. Me dio mucha pena...y como eso no le debió de parecer bastante, se puso a gritar, jurar y perjurar que la bolsa salió volando sola. Que él la había visto con sus ojitos...¡En fin...! Mejor no pensar en ello, y centrarme en lo que me ocupa.
¡Pero bueno...! ¡Si es mi viejo amigo Arsenpin "el dedos". Este siempre anda enterado de todo. Tiene un montón de amigos y ninguno bueno. ¿Sabrá algo? ¿Y que hace aquí? Está muy lejos de su zona. Mejor que no me vea. Quiero averiguar que es lo que sabe y que se trae entre manos. Si tiene algo que ver con el dichoso caldero y la posada, estupendo....y si no, seguro que podré obtener alguna beca para el viaje. ¡Me está saliendo por un pico..!

El asuntillo trae cola

A la voz de Lucrecio se han revolucionado los de la compañía de teatro. Primero un súbito silencio, luego aplauden a la potencia bucal socarronamente. Arnoldo se sitúa como puede en un lugar más o menos alto (con su séquito de semiogros).

-¡Vigilen las cosas que no se las lleven los ladrones!, ¿no ha aparecido la pequeñina?, oh Nudor, qué preocupación-. Mientras, se va untando la cara con harina y agua. -Arnoldo, ¿por qué te limpias la cara con tanto esmero?- pregunta Lucrecio.
-¡¿Por qué, pregunta usted?!, sepa que soy invisible por obligación, no puedo revertirlo. Digo yo que tendremos que mostrar a los candidatos el rostro de su posible líder ¿mmh?

Algunos curiosos se van reuniendo alrededor de la Nueva Compañía Aventurera y preguntan cuál es la misión.
-Hemos de recuperar la olla de Davieso el Gnomo, que la han robado. Están diciendo Avieso y Rotunda, -¡Ustedes dos, silencio, por favor, algo de discrección!-, dice Arnoldo. Pero la voz ya se ha corrido rápidamente.

Ya se han formado dos colas, con la colaboración de Rotunda y Avieso. Abdel vigila el equipaje. Una la forman medianos y gnomianos en su mayor parte, tres y cuatro respectivamente y luego algunos humanos sin mucha convicción. (Avieso parece muy nervioso, y no dirige la palabra a los gnomianos.) En la otra se van juntando algunos mozalbetes y un señor muy serio, tienen pinta de campesinos o pastores.

En un aparte Arnoldo dice a Rotunda: -ponga usted a los muleros a ensillar y desensillar las mulas, y mire a ver cómo se comportan los animales, y si están cómodos después. Si alguno vale ofreceremos hasta una moneda de plata diaria más manutención y equipo. Lucrecio, diga usted a Horacio que no vaya preparando dos contratos por escrito. Señor Avieso, hagame el favor de ir probando a los candidatos a portaantorchas, pues les van a atender a usted y al señor Abdel. Tienen autorización para ofrecer hasta una moneda de oro por día, dado el riesgo que se les exige, luego manutención, etc etc, también un entierro digno si es que le pasara algo, por supuesto.

viernes, 5 de septiembre de 2008

AINARA

Mi nombre es Ainara. En según y que ambientes preguntes, te dirán que soy "the jelly Ainara", Ainara la gelatinosa por si tu dominio del idioma extranjero no va muy allá...Quizá pienses al oir mi nombre que tengo cierta facilidad para escurrirme, pero eso no es ilegal, ¿o sí? ¡Ah!, casi lo olvido, soy un hada-duende, con unos preciosos ojazos violetas y un buen par de...antenas. ¡Y vuelo!
Todo ello no es gracias al capullo de mi padre: un duende venido a menos y que para mejorar su situación social y económica, y supongo que ya de paso la de mis otros seis hermanos....supongo, se le ocurrió la brillante idea de utilizar a un hada como madre de alquiler, para que le diera un hijo-hada que pudiera ocupar el puesto de reina de las hadas (en el fondo, siempre quiso ser un hada), dando él antes una pequeña patadita al trasero del hada reinante hasta el momento, of course. Y salí yo...pase que tuviera anteas, pero es que además era...pequeña (creo que mi padre nunca dominó del todo las leyes de la genética).
Como no cumplía del todo los requisitos de reina de las hadas, decidió que, aún así, le sería útil para mejorar su nivel de vida, utilizando mis alitas. Yo, en el fondo, sabía que esos señores tan bien vestidos, no podían realmente querer que sus joyas desaparecieran de su vista sólo porque no les gustaba su color...¡las habia de todos los colores...! Y mucho menos cierto debía ser que si no cogía las piedrecitas, iba a venir un ejército de orcos sanguinarios que me iban a arrancar mis preciosas y doradas alitas cual pétalos de margarita. Esta idea me atormentaba y me quitaba el sueño, hacía que me despertara gritando en la noche (todavía me pasa), y sin saber cómo, me encontraba volando por ahí y volvía a casa con los objetos mas insospechados (el arco de un elf, una botellita que se "caía" sin querer del bolsillo de un mago despistado...), pero mi padre nunca estaba satisfecho con mis tesoros, y sólo quería que llevara lo que él me pedía...así que decidí volar yo sóla.
Desde entonces, la verdad es que no me pueo quejar. Sobrevivía sin grandes dificultades gracias a mi cada vez más perfeccionado arte para decidir exactamente qué objetos no les "gustan" a sus dueños. ¡Pero...que culpa tengo yo de que ellos sean tan ingenuos y se crean todo los que les cuento....! Pero ya no...ahora soy legal. Me he juntado con un grupito y vamos a ver si encontramos al insensato que le robó la marmita al de la posada ...que debe de valer una pasta... si es cierto todo lo que se oye por ahí que tiene.
Eso sí, por principios no tengo tratos de ninguna clase con hombres-lobo ni trolls. Directamente los mato. A los primeros porque me parecen demasiado volubles (tanto jaleo por una simple luna llena que saben seguro que además volverá...) y los segundos porque son tan sucios...y llevan tantos mocos colgando....

Contratación y otros menesteres

Digamos que se acaba de poner el menor de los dos soles, pero, todavía casi llena, sale Arlora por el otro lado, la luna mayor. A esto se le llama, no la danza, sino el bailoteo de las esferas. Y se representa en el Mondo por medio de diseños circulares en todas las joyas, aun las de culturas sin contacto alguno. Un ejemplo de evolución paralela en el arte de la orfebrería que se puede
extrapolar a mucho otros campos.
Con tanta esfera hay bastante luz, ocurre muchas veces. Y esto siempre se ha reflejado en la psique de todo el mondo en forma de predisposición por trasnochar y emborracharse. Así pues, las puertas de la ciudad siguen abiertas, pero los guardias ya no cuentan mercancías para el peaje y su número se reduce a la guarnición suficiente para cobrar los cinco cobres por cabeza que cuesta la entrada de forasteros sin carga. Los demás vagan por ahí vigilando a los juerguistas que aún quedan después de la noche.
Arnoldo ha cerrado la prédica y se reúne con los que llegan, menos Estólido y Ainara. Supervisa todos los equipajes y las mulas, y la disposición del campamento dándole forma de círculo para que así se pueda defender mejor, Lucrecio sigue todos sus movimientos con su acostumbrada fijeza, propia de los miopes. Horacio se ha unido a su hermano, con lo que Arnoldo tiene un curioso séquito ahí donde se mueve.

"Chapucerillos, esa mula nos la van a robar en cuanto que el descerebrado de Lucrecio se duerma o se emborrache, ¡doble guardia!, que no me fío de esos medianos matasietes de la puerta".

"¿eh?, no, no, no bebo hermano Posadero Ambulante, no gracias, y cuidado con esas manos, tenlas siempre a la vista ¿mmmh?. Ladrones, las ciudades están llenas de ladrones. ¡Ah! señor Avieso, por fin se presenta, ¿ha visto usted a la señorita Ainara?, no debería haberla abandonado, enano. Quién sabe lo que le puede pasar, con lo frágil y delicada que es, la robarán hasta el alma en algún callejón oscuro. Además, la necesitamos para la contratación. Lucrecio, usted que tiene buena voz, grite todo lo menos fuerte que pueda que no necesitamos cuidadores para las mulas y portaantorchas, diga que pagamos muy mal y que tratamos a nuestros empleados a patadas. "

Los portentosos pulmones de Lucrecio el Larva sobresaltan a los concurrentes:

¡¡¡NECESITAMOS CUIDAMULAS Y PORTAANTORCHAS, PAGAMOS MUY BIEEEEN Y TRATAMOS A NUESTROS EMPLEADOS ESTUPENDAMENTEEEEE!!!

ESTÓLIDO

Sus pasos resonaban en el empedrado.
Las paredes de las casas estaban recubiertas de un mortero arenoso ocre, que daba color a la ciudad. El eco de los pasos de la gente, entre los cuales sonaban los suyos, así como sus voces, variaba en sonoridad, pues era modulado continuamente por la curvatura de las paredes de las casas. Los tejados eran más o menos cónicos, siguiendo la línea de la planta de los edificios. Eran grandes, lo que hacía sospechar de la existencia de espacios interiores, patios abiertos. Las calles constituían un espacio variable, en puntos muy estrecho, y seguidamente muy amplio, casi constituyendo pequeñas plazas. Las ventanas, todas de arco de medio punto, eran pequeñas, pero abundantes, y evidenciaban el grosor de los muros. En estas casas, o bloques de casas, de formas circulares, eran muy comunes los corredores, provistos de celosías de madera profusamente ornadas. Muchas se continuaban con pasajes entre las casas que cruzaban sobre las calles mediante grandes arcos y pasajes oscuros. Había muros entre las casas, delimitando patios privados con jardines en su interior. Escaleras pegadas a las paredes y muros llevaban desde estos patios y huertos hasta las casas, cuando se accedía desde el segundo o tercer piso.
Estólido se adentraba cada vez más en Jonid, sin prisa, y vio que muchos ciudadanos, y todos los empleados públicos con los que se cruzó, a los cuales se distinguía por sus ropas azules, llevaban un brazalete de tela gris en el brazo, el signo universal del luto al oeste de Fangaeria.
Las calles se abrieron a ambos lados en un amplio espacio, una gran plaza de forma más o menos circular, que era escenario de un acontecimiento interesante. Cerca de las puertas de la Torre del Homenaje, se había reunido una manifestación, todos con brazales grises. En silencio permanecían. Por los comentarios alrededor, se fue enterando de que los ciudadanos se manifestaban en duelo por la reciente pérdida de vidas en el horrible incendio de una famosa posada en el centro de la ciudad. De hecho, los restos eran evidentes, en un extremo de la plaza. Había ardido hasta los cimientos un bloque completo, y sólo quedaban en pie unos tristes muros exteriores. Además, las desgracias nunca vienen solas, y parecía que la mala suerte se había cebado desde entonces en la ciudad. Varios accidentes, tres desapariciones en el exterior, probablemente en los cañaverales o en el puerto. En fin, un cúmulo de calamidades ante las que mostraban su solidaridad con las víctimas, y su petición respetuosa de medidas activas ante el Consejo de Sabios de Jonid. Varios Sabios, con sus túnicas púrpura, y el mismo Comisario de la ciudad acompañado de varios hombres de armas, se encontraban entre los manifestantes. También se encontraban alli varios Jefes de Caravanas, en señal de respeto ante los habitantes de Jonid, que lloraba a sus muertos.
La plaza, era ligeramente cóncava, como un plato, inclinado hacia poniente, en cuyo punto más elevado se alzaba la Torre. En lo alto, había cuatro torreones coronados por sendas plataformas de terodáctilo. Dos de ellos se hallaban posados en este momento, con las libreas de Fangaeria. Una larguísima bandera de dos puntas ondeaba en lo más alto, con el Unicornio Blanco de Takitia, sobre fondo púrpura y ribetes de plata... en los muros colgaban pendones de muchos colores.
En el lado sur, se advertía una corta y ancha avenida que acababa en las puertas que daban al puente sobre el río, y entre los edificios la mole del Templo de Todos los Dioses.
“Bien, por mis barbas, que esto es suficiente para el colgado del Jefe... además, estoy ya necesitando un descansito”.
Cuando llegó, estaban ya todos excepto Ainara.
Comiendo, por supuesto, como siempre.
Excepto Rotunda, que se mantenía aparte, ocupada en el mantenimiento de su equipo, y con la capucha ocultando su jeta, canturreando... ¡¿canturreando?!, vaya, la salvaje zorrilla estaba de buenas... mejor, a ver si un par de observaciones soeces la sacaban de sus casillas...
Abdel era la otra excepción, absolutamente impasible, rumiando en un aparte, y observándolo todo con indiferencia. Cualquiera diría que estaba meditando, o medio dormido, pero era una falsa impresión, seguramente estaba repasando conjuros...
“Bueno tíos, ya me estáis pasando ese odre, y abrir las orejas a lo que os tengo que contar...”

ROTUNDA

Tundra.
Hasta el momento, todo había sido un viaje envuelto en brumas.
Sus sentidos estaban ausentes, como su alma.
Su mente rehusaba entrar con claridad en sus memorias, asi que todo era un caminar sin sentido, sin ser realmente consciente de dónde se encaminaban sus pasos blandos.
Ahora, se encontraba sola,y se sorprendió a medias de este hecho, aún sabiendo que había sido su decisión salir a reconocer el terreno.
El sonido del viento entre los cañaverales, la lejanía de los olores y los barullos humanos, que le traían momentos de bendito silencio...
ahora, de pronto, se encontró despierta.
Los destellos de los soles de la tarde en las ondas del agua en las marismas, el cambio del verde brillante, en contraste con el pardo y el gris del desierto...
ahora, de pronto, respiraba más tranquila y hondamente.
Se encontraba frente a un camino que nacía en un extremo de la explanada y, bordeando la muralla hacia el sur, iba por la orilla del río. Lo siguió, para ver, al menos un poco, dónde iba, y vio a lo lejos el puerto, donde se hallaba anclado un barco grande de dos palos. También había numerosas barcas de pesca de varios tamaños. Pasó junto a las bocas de cuatro túneles cerrados con gruesas verjas de hierro, a su izquierda, en el terraplén que llegaba hasta la base de la muralla. Por el olor, dedujo que debían ser las cloacas. Podía ver desde abajo las puntas de los virotes de las balistas cargadas en lo alto de las torres y en las plataformas giratorias.
Ya en el puerto, vio que se encontraba en el lado sur de la ciudad, fuera de las murallas, de hecho inmediatamente bajo ellas. Varios almacenes se apiñaban al pie del ahora casi vertical terraplén y, excepto por la actividad alrededor del barco grande, que estaba siendo descargado, no había mucho movimiento.
Había una buena vista del puente del río, y sus espléndidos contrafuertes. El puente tenía dos tramos: primero unía la ciudad con una isla en el centro del río, donde se encontraba una edificación que ocupaba la práctica totalidad de su superficie. La identificó con la famosa Escuela de Luchadores. Un segundo tramo comunicaba la Isla de la Escuela con la orilla sur, bastante escarpada.
El muelle llegaba hasta el puente, pero no continuaba más allá.
Había varias parejitas, gente paseando, guardias y pescadores, disfrutando de los solecitos de la tarde. El Sol Mayor se aproximaba a su ocaso, rápidamente, y daría paso al primer crepúsculo, seguido de la puesta del Sol Menor, el segundo crepúsculo y finalmente la clara noche del desierto y el río. Raro era, pero apreció el momento, y se sintió como pocas veces a gusto entre humanos. Cada grupillo, ocupado plácidamente en sus quehaceres y pasatiempos, resultaba armonioso.
Sonrió para sí, recordando algún momento más feliz, y volvió para reunirse con sus compañeros y contarles sus observaciones.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Saludos Oficiales de Albertus

Ya está aquí la esperada entrega de la narración de cómo Estólido Avieso llegó hasta Jonid y las fantásticas aventuras que allí le acaecieron. Un saludo para todos y todas, compañeros y compañeras y no obstante amigos y amigas.

Si se me permite hacer una apreciación - sugerencia, quizá alguno de nuestros doctos diseñadores podría considerar cambiar el fondo del texto o, quizá, el tamaño de fuente, o preferiblemente ambas cosas, que uno ya está mayor y le cuesta leer. Algo con más contraste, por favor sus lo pido.

Abrazote de Albertus

Estólido Avieso

Y maldita sea mi mágica estampa...pues sí que estamos bien si consiento que cualquier miserable en forma de narrador de tres al cuarto cuente mi historia...no queda sino batirse...

Mirando amenazadoramente hacia arriba, pues el hobbit es en verdad alto, sus palabras consiguen el efecto deseado...quizá ayudado por el aspecto un tanto inquietante de su cota de malla y las trenzas rojas de su barba. Dirigiéndole variopintos insultos, el bardo residente de la posada "Las Almas Perdidas" se aleja en busca de otra víctima a la que plagiar recuerdos e invenciones.

Estólido vuelve a sentarse en su mesa cercana a la barra, lo que a un observador casual le daría la impresión de desaparición instantánea. Ventajas de la raza enana, es fácil pasar desapercibido y difícil obtener información, si nadie repara en ti.

Soñando despierto como es habitual en él, Estólido recuerda los sucesos que le han traído hasta aquí. Si no es por el amigo Larva y la ingenua de la gelatinosa de qué me iba yo a meter en este berenjenal. Eso...y la miserable política de mercado, que entre unos y otros hideputas me veo sin una miserable pieza de oro. Bueno, sin olvidar las donaciones, que entre Arnoldo y Horacio, con el cuento de perdonar mis pecados, veo mis cuentas del mismo color que mis barbas. Y hay que comer, pagar cama, compañía...las cosas están mal, como siempre desde que perdí mi cómodo empleo de castellano, una hermosa tradición familiar.

Qué absurdo, por tan poquita cosa, exilio de veinte años en forma de misión del reino sin dotación de fondos. Al menos no tuvo valor de hacer que el verdugo me rebanara el pescuezo, como a la pobre infeliz, para que la cosa no se supiera...qué hombre con tan poca visión. Si yo tuviera que casarme por unas cuantas tierras y cuatro campesinos mal contados nada me complacería más que mi futura hubiera tenido las enseñanzas que entre aquella complaciente criada, que Yurgain tenga en su gloria, y yo, le proporcionamos con tanto cariño y tesón a su "princesita". Claro que al final, la cosa salió mal y claro, alguien se fue de la lengua. Resultado, el predecible: Criada separada de su cabeza, Estólido de "viaje oficial" y princesita vistiendo santos a la mayor gloria de vete a saber qué dios. Y mi bonito empleo de funcionario en manos de alguna de las víboras que forman mi camada de hermanos.

Volviendo a la realidad, se levanta. Esto no supone una gran diferencia respecto a la distancia que le separa del suelo, pero le suele resultar útil para caminar. Digo yo que Rotunda se estará encargando de las provisiones, si no, mal vamos. Y aquí no hay nada que ver, ni información, ni "mercancía" interesante, quitando la bailarina, pero sólo cuando se agacha. Poco que ver.

Seguiré con mi "exhaustiva búsqueda" en El Loro Mudo si alguien pregunta por mi - le espeta al posadero cuando pasa a su lado, llenándole de saliva, mientras se encamina pesadamente a las polvorientas callejuelas de Jonid.

martes, 2 de septiembre de 2008

JONID (II)

Las murallas eran gruesas y arenosas, salpicadas con mogotes mayores de torres, de formas ligeramente curvas.
La Gran Carretera llegó al nivel del agua y, rectilínea, atravesó el inseguro tremedal hasta la elevación a modo de colina que era el asentamiento de la ciudad. Era como una isla rodeada por casi todos lados de canales y cañaverales, excepto por el este, el más escarpado, que daba a la unión misma de los dos ríos. Un puente de piedra impresionante, con enormes pilares, unía la orilla sur con la ciudad, al otro extremo de donde ahora se encontraban, y desde de alli, la Gran Carretera seguía su curso hacia el interior del Reino de Takitia, también llamado Akatania por los extranjeros.
Delante de las puertas de la ciudad la actividad era incesante. Aquí, un grupo de trabajadores vestidos con túnicas azules, descargaban carros de arena para mantener la explanada artificial donde esperaban muchas caravanas el permiso de entrada a la ciudad. Alli, un grupo de cinco caballeros armados hasta los dientes, con sus pajes, asistentes y mulas de suministros, colándose por sus fueros para poder entrar. Grupillos de viajeros hablando alrededor de hogueras de campamento improvisados, junto a cercados de ganado y cestos de enseres y frutas, acompañando sus parlamentos con enormes tortas de grano y odres de cuajada que se iban pasando entre ellos por turno. Pandillas de hobbits farrucos, andrajosos y chulos, dándoselas de matasietes, pululando alrededor de la puerta...
Un revolvillo de actividad vital y multicolor, gritos y polvo en el aire, y las miradas cansadas, resignadas por la inevitable espera.
Arnoldo quiso recorrer toda la explanada, parándose donde creía ver algún signo de enfermedad o decadencia, improvisando apasionados discursos y arengas que ponían en evidencia a los descuidados, y aconsejaba enfáticamente a los enfermos, en los mismos términos, ya fueran personas o ganado.
Ainara de pronto ya no estaba, y Estólido y Rotunda se encargaron de montar una tienda, ayudados por los calmados y moderados consejos de Abdel. Tras una discusión, se acordó esta como la mejor solución, tras negarse tranquilamente pero con firmeza Abdel y Rotunda a pasar una noche entre paredes, y rodeados de tanta muchedumbre.( ¡Y murallas, además! ).
Estólido se lanzó a un recorrido por las tabernas para escuchar los rumores, Ainara seguía sin aparecer, Arnoldo montó un tenderete de curación rápidamente, que en seguida se llenó de peticionarios. Horacio hizo otro tanto, para su Dios, Luvia el Ciego, pero no tenía tanto éxito. Aún asi, siempre había gente en busca de consejo legal...
Arnoldo había sido claro, hicieran lo que quisieran, que estuvieran atentos a posibles informaciones sobre el hombre misterioso...

Grullas y cardos

Un viento recorre las dunas, las dunas ocultan parcialmente el lecho rocoso, el lecho rocoso se transforma de vez en cuando en un farallón de roca de color rojo intenso. La parte sombreada de la roca siempre parece violeta por causa del reflejo del cielo; el cielo es de un azul marino, el azul del aire que no tiene nada de humedad.
Por entre los accidentes del terreno se ve la linea de cardos que franquean la carretera del imperio. Altos, de formas caprichosas. De semillas venidas de otros puntos del desierto, traidas por los viajeros, viven de un curioso efecto secundario que tiene la magia repelente de intrusos de la carretera. Los muros exteriores rezuman agua durante unos minutos cuando se pone el sol mayor. El agua es el resto miserable que deja en el aire el Grulla Infinita. Pasa a pocos espacios de aqui, a paso de ave, se nota en esos momentos de penumbra en que alimenta a los cardos, por los múltiples sonidos y aromas de la fauna luchando y amando, siempre y cuando la carretera se encuentre vacía.
Los cardos son el primer signo de que estamos llegando a Jonid. Jonid significa "reunión" en takitio, el bastión del norte. Aqui se han reunido los ejércitos desde tiempos inmemoriales para ir a atacar o disponerse a defender. En Jonid se reune el Grulla Infinita con su afluente, La Hermana Menor.
En la última loma hasta llegar a la ciudad hay una estatua de Marlog, padre de todos los ríos y de las costas.

En las peñas y barrancos que flanquean el cruce de los afluentes anidan millones de grullas de muchas variedades, tanto normales como gigantes. Abajo, como un ridículo puntito en el paisaje grandioso, se encuentra la ciudad de la isla, con ciclópeas murallas rodeadas de marismas, pobladas de todo tipo de vegetación. Arriba nos ensordece la turbamulta de las bandadas de grullas en celo. Todo lo reflejan los ojos cándidos, legañosos, de Lucrecio.

La Nueva compañía Aventurera va descendiendo por los meandros de la carretera. Aquí se revela hasta a los más obtusos que se trata de una obra de ingeniería en la que cada paso ha sido un desfío, una invención. El sol mayor ya se ha puesto envuelto en gloria y a la luz del pequeño rey, rosada y parda según donde se pose, vamos descendiendo los aventureros, comerciantes, buscavidas.
Ainara nos regala con su conversación interminable, Arnoldo canturrea el Himno de los Tejidos Cartilaginosos, lento, dulce, algo molesto. Rotunda arrastra su semihumanidad, bastante turgente, evitando mirar la ciudadela, recreándose en la vida natural. Estólido mira admirado los contrafuertes de cada vuelta o revuelta. Una compañía de teatro hace ruido más adelante, ensaya la representación sobre la marcha. Lucrecio y Horacio marchan paso a paso, inocente el uno, algo irónico el segundo, causando el sobresalto en todos los que se fijan en ellos.

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