lunes, 15 de septiembre de 2008

El Templo

El Templo de Todos los Dioses estaba situado junto a la Puerta de Takitia, hacia el este.
Tenía formas semiesféricas, combinadas de forma seriada, remontándose unas sobre otras de manera que, sobre todo desde la entrada, parecían mundos sobre mundos, en una fila cada vez más lejana, y luego en lo más alto, se rompía el efecto visual con las torres finas como agujas: un efecto fractal.





Las torres que flanqueaban la entrada tenían a media altura a modo de discos engrosados que se tocaban y fundían, formando asi el portal. Se entraba a un espacio abierto por arriba, flanqueado por muros inclinados sobre el caminante, lo que sería agobiante de no ser porque casi todo eran enormes vidrieras de muchos colores, que representaban los cielos, los astros y los dioses. Las bóvedas se superponían en un espacio cada vez más lejano y más alto. Finalmente, se entraba a la nave central, de planta redonda, con tres bóvedas superpuestas, de las que la del medio era una vidriera por completo. El humo de los millones de varitas de incienso espesaba el aire, haciendo lo lejano indistinto, y los haces de luz visibles. El inmenso espacio central, sin columnas, estaba ocupado por representaciones de los dioses ocupando sus lugares relativos, correspondientes a la distribución estelar. A su alrededor se agrupaban los fieles respectivos. Debido a lo sagrado del lugar, dondequiera que una ceremonia fuese celebrada, una opacidad descendía sobre esa parte del templo, de manera que todo eran siluetas grises y resultaba muy difícil fijar la vista en ellas. Al mismo tiempo, para los fieles congregados alrededor de su estatua de Dios, era como si ocuparan el centro del templo, y todo lo demás se desvaneciera...
Arnoldo, Lucrecio y Horacio, se encaminan hacia la prominente y oronda estatua de Nudor.

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