sábado, 26 de julio de 2008

Lucrecio y Horacio

Se llaman Horacio el descalabrado y Lucrecio el Larva, son hermanos de una camada de siete: Popea, Plutarco, Mesalina la amiga de Lucrecio y Horacio, el mismo Horacio, Anastasia, Teodora y nuestro Lucrecio. Estos fueron los hijos de Topolinón el Ogro Amaestrado y de Luz del Alba de Gilhead hasta que Topolinón recibió una “herida en el vientre” que lo cubrió de gloria oficialmente y ya no pudo prodigarse más. Se volvió lo bastante manso como para poder hacer cierta vida social; de su inteligencia notable (para un ogro) le nació un empleo digno y bastánte lucrativo: capitán de la escolta de las Caravanas del Metal y el Trigo de la Linea Praxter (C.M.T.L.P.).
Topolinón fué un ogro afortunado que raptó y enamoró a una sobrina incómoda del Señor de Gilhead tercero, la tal sobrina "Luz del Alba" era un encanto, no demasiado tonta (había aprendido a escribír incluso), ni demasiado fea. Pero había nacido mongólica, lo que avergonzaba a toda la familia aunque no pudieran hacer nada, pues fué impedido su ostracismo por los bondadosos monjes de Luvia el ciego que la enseñaron lo que sabe. Así pues, la encantadora señorita, ya embarazada de su primer hijo, enamoró al ogro de tal manera que hasta se hizo devoto seguidor de Luvia el ciego. Para probar su fe y ser aceptado se arrancó los ojos ante el altar mayor. Vestía ropas de penitente y se había hecho tatuajes vergonzantes. Cuentan que Luvia le devolvió la vista parcialmente por milagro y tuvo que ser aceptado como yerno a regañadientes. Por su culpa toda una rama de la familia de Gilhead descendió de clase social, pues no es muy buena prensa tener a un ogro en la familia, por muy piadoso que sea: huelen mal. Así que cuando llegáron los plebiscitos populares a la nobleza, habían perdido más de un tercio de sus votos. Tal circunstancia le ha valido el odio más o menos cordial de todos los que forman la familia de su mujer.
Horacio el Descalabrado cuenta con la protección especial del encargado de avituallamientos del Templo de la Justicia de Fangaeria: Aguilulfo, y ha sido nombrado asesor especial de su hermano Lucrecio en la misión que llevan a cabo las Congregaciones de la Excelsa Llama, que reúnen a clérigos de Benyar, Luvia y Nudor, y que lidera Arnoldo el paje, para abrir una ruta "discreta" que pueda hacer llegar ciertas "mercancías peligrosas" a los templos de la curación de las ciudades libres. Así pues el grupo lo forman Arnoldo, clérigo de Nudor, Ainara la gelatinosa, un hada duende de dudosa moralidad especialista en entornos urbanos, Rotunda Tundra, semielfa, la experta en tierras salvajes y Lucrecio el Larva, que se dedica a destrozar cráneos y a portar las "muestras".

Habitantes del oasis III

Como es natural Porrebruno se ha despertado al oír los alaridos de Davieso: -¡Pues no va y me llena de mierda mi preciosa barra!. ¡Indeseables criaturas asquerosas, dales la mano y te cogen el brazo!. ¡Por todos los dioses del crepúsculo!, le dejo pedir a mi puerta y se toma confianzas. No Mini-Moni, no toques eso, que a saber lo que puedes cojer, vamos a tener que cauterizar. (En un aparte a Porrebruno que ha aparecido somnoliento por ahí) -psst, quedate por aquí chavalote, que hay un negocio a la vista.
Llamaradas despues, Davieso recoge las cenizas de la deposición Lucreciana y va despacio hacia donde Porrebruno espera discrétamante: -esos dos se traían algo entre manos, además de porquerías, o yo soy un buhóso astado Porre, conviene vigilarlos...

martes, 22 de julio de 2008

Lucrecio (Negociación con el camello)

"No me llamo Lucrecio, ni me envía Horacio el Descalabrado, Fangaeria esta a dos
pasos de aquí".

Lucrecio toma entonces una de las grandes monedas que ha recogido de la mesa, la limpia con la lengua y deja ver su aspecto a la luz de la última de las lunas. Oro, oro de las ciudades libres, una hermosa talla hecha a mano con la noble efigie del héroe de las guerras que no se llegaron a librar. Si fueramos orfebres entendidos, sabríamos que las monedas transportadas de manera tan orgánica por el muy estúpido de Lucrecio tienen diez veces su valor. También sabríamos, con echar un vistazo a sus neuronas en inferioridad numérica, que la genial idea del transporte sin la cual no hubiera podido hacer tan largo viaje, no ha podido ocurrirsele a él.

"Horacio ha querido venir en persona, por eso no he venido yo".
Lo dice volviendo a sollozar, como cuando lo conocimos esperando a Abdel.
"No lo hecho nada de menos. Estoy seguro de que no quiere hablar contigo, así
que no debes seguirme."
Camina bien derecho hasta las afueras del oasis, frisando con los roquedales llenos de bichos y sabandijas. Bastante oculto se puede ver un campamento, una fogata y unas tiendas, tres personas se calientan al fuego.

El primero es como Lucrecio, pero más pequeño, con una fealdad pareja y un abollamiento horrible en mitad de la cabeza, tambien tiene una mata bien peinada de pelo naranja. Sin embargo va vestido como los clérigos de Luvia el ciego y la expresión de su rostro parece equilibrada y nada bobalicona.

El segundo parece clérigo también, aunque se puede ver menos de su persona, parece que duerme a pesar del constante cuchicheo del hada duende que habla con el primero de nuestros personajes.

Lucrecio mira atras para ver si le ha seguido Abdel...

lunes, 21 de julio de 2008

DIARIO DEL MONJE (4)
“Pero, verdaderamente, la clave de la seguridad ante esta amenaza, o ante cualquiera de las que derivan de la fauna Takitiana, que son muy considerables, es pasiva.
Lo explicaré con un ejemplo. Cuando remontábamos penosamente las progresivas alturas de los valles del norte, en dirección hacia el sur
(nuestra ruta era la más común, remontar desde Vallesnorte hasta El Paso, para luego bajar hasta Tikal por Vallessur)
pasamos en un momento dado por una ladera tan escarpada, que, al igual que ocurre cuando la Carretera pasa por los valles, entraba por un trecho en un túnel.
Las hormigas habían hecho un camino que atravesaba la Carretera, pero habían decidido hacerlo por la parte donde la misma se metía en el túnel, con lo cual no entraban efectivamente en la calzada. Y no sólo eso sino que, en su errático deambular, cuando una exploradora se acercaba al borde del camino, en el último momento se daba la vuelta y retrocedía.
Curioso, ¿verdad?.
No se trataba de hormigas muy grandes o agresivas, como pude ver, eran de las negras, del tamaño de un perrito las obreras, y el de una oveja las soldados. Se veía a las claras que eran pacíficas, más bien vegetarianas, a juzgar por la naturaleza de los materiales que llevaban. Pero lo lógico era que antes o después, alguna entrara en la Carretera, y antes o después coincidiera con persona o animal en su camino. Y, vegetarianas o no, si molestas a una hormiga no se lo piensa, ataca, y si ataca, a su olor acuden más hormigas en pocos minutos. Una situación muy peligrosa.
Sin embargo, nadie dio muestras de especial preocupación al pasar cerca de las hormigas ni nadie tomó especiales precauciones... lo que me dejó sumido en un mar de dudas.
Finalmente, uno de los cazadores me lo explicó aquella noche.
Existe en Takitia una clase especial de monjes (bueno, un grupo que no sólo tiene monjes, también soldados , artesanos, políticos, etc)
llamado el Gremio del Arte. Son entre otras cosas, los encargados de esculpir la piedra.
Los Takitianos no leen (excepto la Sociedad del Conocimiento Universal, que a cambio producen libros por todos los demás, y por parte del resto del Mondo) sino que se comunican en general mediante jeroglíficos.
Toda piedra es una superficie más o menos plana sobre la que esculpir, si no, no está completa, para su mentalidad. La mayoría de los jeroglíficos son muy decentes, y expresan la Ley, única norma aceptada de manera universal por el pueblo, y que todo el mundo conoce al dedillo, o si no historias del folklore popular, mitos, cuentos, ... todo muy tradicional.
Pero hay unas piedras muy especiales, cuyos signos están realizados por una secta muy particular de monjes dentro del Gremio del Arte. En los caminos, en praderas, en terrenos abiertos en general, o que tengan algún uso para la comunidad, suele haber unas piedras cuyos jeroglíficos poseen un poder discreto pero grande, y muy útil.
Ante seres y animales peligrosos, pero que no tengan una motivación especial para estar alli, que simplemente pasaban en aquel momento concreto, se activan. En tal caso, cuanto más se acercan a la piedra y su área de protección, más sienten un estímulo natural para ellos, y agradable, que les llama desde la dirección opuesta. Un gigante vagando por la montaña, cuando se acerca a una zona poblada, de pronto huele una hembra, u oye ganado, o lo que sea que les gusta a los gigantes, justo detrás, de donde venía. Así que en virtud del poder de la piedra y de manera “natural”, se da la vuelta y retrocede. Esta defensa mantiene a salvo de encuentros peligrosos a la población en la mayoría de las ocasiones, pero es escasamente útil si, por ejemplo, el gigante va por una razón concreta, consciente, a ese punto en particular, pues la magia no limita el libre albedrío.
En el caso de las hormigas, lo más fácil es que hubieran atravesado la Carretera por cualquier sitio y que la hubieran bloqueado, pero “prefirieron” cruzar por la parte que estaba cubierta por el túnel.
Y se entiende perfectamente que no se molestara a las hormigas, pues lo mejor era mantenerse sin proporcionar estímulo alguno que pudiera darles una razón efectiva de entrar en la Carretera.
Los Takitianos están bien integrados en su medio natural...”

domingo, 20 de julio de 2008

DIARIO DEL MONJE (3)

“La entrada a la fortaleza es un arco simple, ancho, protegido por una pesada y gruesa reja. Los muros son de un espesor fenomenal, y los bloques que los forman son grandes como casas,..., bueno, como una habitación.
Se dice que pueden resistir el ataque de los gigantes, y eso es precisamente para lo que están hechos, más que para resistir el improbable ataque de un ejército. Los gigantes abundan en estas montañas. Son primitivos, habitan en las alturas y no son sociables, pero sí numerosos. Todos los años hay varias aproximaciones a las zonas habitables, con resultados no muy desastrosos, para lo que podrían ser. ¿Cómo se puede no sólo sobrevivir, sino prosperar, con semejante vecindad? En primer lugar, cada habitante, cada ganadero, o cazador, es un vigía, que avisa por todos los medios posibles ante cualquier señal de aproximación de gigantes. Todo el mundo a refugiarse en la fortaleza , el ganado primero (excepto si el gigante aparece muy cerca. En tal caso, que se coma a las vacas, no a mí).
Cada fortaleza tiene, como mínimo, una torre, y cada torre, como mínimo, veinte balistas (para los legos: una ballesta gigante montada, al igual que una catapulta, sobre ruedas). Diez de ellas, las más potentes y letales, uno de cuyos tiros puede atravesar a un gigante de parte a parte, se encuentran en la ancha plataforma que corona la torre, cada una en su sitio y apuntando en una dirección radial y sentido exterior. Los dos niveles de la torre inmediatamente inferiores carecen casi por completo de paredes, y los pisos son plataformas giratorias, con cinco balistas de tamaño menor, más manejables y fáciles de recargar.
La estrategia ante un gigante que se acerca demasiado es herirle y enlentecerle con varios disparos en batería desde las plataformas giratorias, para que finakmente quede en posición cercana, aturdido y a huevo [N del T.: se nota que este era el diario secreto del monje] para un remate letal de una de las balistas pesadas fijas. La profesionalidad, experiencia y dedicación de las Guarniciones de Torreros, que constituyen grupos de elite dentro de el ejército, permite que las poblaciones vivan en montañas como estas en razonable seguridad tras los muros de sus fortalezas. El prestigio que tienen, hace que un puesto de Torrero sea un deseado retiro para los mejores de entre los mejores, desarrollando una misión defensiva de enorme importancia, más queridos que los médicos (los buenos, claro), y sin tener que salir de casa, como quien dice. Para mí, el que hacer guardia en una Torre, bajo una ventisca Takitiana, sea considerado un dorado retiro, y repeler ataques de gigantes una rutina, me hace entender lo duros que son los soldados Takitianos.”

DIARIO DEL MONJE (2)

“El Ejército Takitiano es pequeño, pero está bien pertrechado, y muy bien preparado. La moral es muy alta, le viene del sentimiento de pertenencia a una cultura imperial y augusta, y la solidaridad entre ellos que se forma. Tanto las clases altas como la bajas se encuentran en una unión muy estrecha para defender algo noble y precioso contra los ataques de los feroces enemigos que les rodean, y también contra la indiferencia de otras razas que se encuentran en vecindad, y son muy numerosas. En su rincón del mundo, en su valle rodeado de montañas, son el único reino humano en muchas medidas a la redonda (y los humanos cercanos, como Goremunya, son formidables enemigos.
Los ballesteros takitianos son legendarios: se dice que su disciplina es tal que se mantiene en cualquier situación, incluso ante la carga de un dragón, y su eficacia los equipara con una máquina de matar. En el cuerpo a cuerpo, son muy dados a llevar la maza corta takitiana, de la que se dice que es “ligera en la mano, pesada en el golpe, y corta como una espada”. Históricamente, se comprende que sirvió como arma para la defensa, a la vez que útil instrumento para el día a día. No hay más que ver las cortinas de hielo que se forman en la Carretera, bloqueándola, que hay que romper y despejar, o para improvisar unos escalones en el hielo. Además, los golpes de maza tienden a dejar huesos rotos, o miembros incapacitados, útiles para un ataque rápido por sorpresa a un depredador o un enemigo más fuerte, que con suerte queda imposibilitado para una persecución, y mucho más en un entorno tan agreste y escarpado como es Takitia. Ligeras, durísimas, con bordes afilados como cuchillos, son armas temibles.”

sábado, 19 de julio de 2008

Esta nota es para aclarar que en este momento, por mi parte, estoy haciendo narración libre con el único objetivo de crear un marco narrativo que produzca familiaridad, y relaciones cruzadas entre los distintos tipos de datos que se van introduciendo. No os penseis que me "pierdo" en las alturas... eventualmente me centraré en la acción concreta que estáis desarrollando. Salvo que haga alguna precisión concreta, sentíos libres de improvisar... sigamos imaginando

DIARIO DEL MONJE

“Akatania o, como prefieren llamarse a sí mismos, Takitia, es un recóndito país de elevadísimas montañas y un clima salvaje...”
“...la carretera es una maravilla. La Gran Carretera, en Takitia. Ancha, plana, con desagües, revela una solidez y esplendidez de formas que cuadra perfectamente con los rumores de relaciones de alianza con los enanos...”
“Desde las áridas estepas del norte, se ven las montañas, inmensas, un muro que se va haciendo gris y, finalmente, es blanco. Detrás, más al norte, el río culebrea encajonado entre altos precipicios que cortan la llanura. Alli, donde el espacio se ensancha, espesos cañaverales ocultan enormes masas de lodo, formado por los sedimentos arrastrados de otros desiertos, y espesas nieblas ocultan nubes de mosquitos grandes como palomas, y aún otras cosas...
De nuevo hacia el sur... nos acercamos a buen paso, por la carretera del reino, elevándonos. El terreno se hace verde, y se convierte en praderas de montaña, de hierbas espesas y muy altas.
Se suceden los valles que bajan de las alturas. Es verano en Vallesnorte, asi que las cumbres están perpetuamente cubiertas de espesas nubes. Los valles se suceden paralelos, y la carretera efectúa una sucesión de ondas que se repiten, para mantener una pendiente suave. Cuando la carretera pasa por las escarpadas laderas de los valles se aleja hacia el norte, y cuando atraviesa, enterrado, los anchos valles, retrocede hacia el sur. Asi vamos adentrándonos cada vez más profundamente en Takitia desde el noroeste.
La Carretera está oculta, como medida de precaución ante una posible invasión. La única manera para un ejército de acceder a ella, es a través de uno de sus accesos, es decir, de una población, con su correspondiente fortaleza. Fortalezas defendidas por un ejército acostumbrado a vérselas con gigantes con cierta frecuencia. Fuera de las poblaciones, digamos por los valles, es subterránea, y no sólo para que no sea accesible, sino porque no hay carretera que resista el deshielo de primavera en Takitia. Y cuando la carretera atraviesa las invariablemente escarpadas laderas, un supuesto ejército invasor tendría poco menos que escalar para llegar a ella. Además, es prácticamente imposible localizarla desde el valle, porque los constructores dejaron a los lados un reborde que desde lejos hace la ilusión óptica de que la ladera no se interrumpe. Sencillamente, parece que no hay carretera.”

viernes, 18 de julio de 2008

Un negocio "sucio"

La última cosecha de cardo no ha sido muy buena. El sabor que deja es más agrio que de costumbre.
Abdel trata de dejar atrás un día rutinario y sin nada por lo que alegrarse. Además, le ha fallado un contacto y eso podría traerle problemas.

Intentaré ponerme en contacto con mi proveedor, que no duden de mí... pero... mañana... baaaaaah! ¡in zalah!
El resto de criaturas del lugar deambula de aquí para allá, tras de sí, mientras contempla la colección de botellas apostadas en la pared. La mayoría son de dudosa procedencia, pero es ley de distribuidores no hablar de estos temas con los extraños al gremio. Se compadece de aquellos que son servidos de esas inmundicias destiladas con las entrañas de vete a saber qué engendro.

En el trance del ritual de barra, se percata de una presencia que le observa, lo cual, evidentemente, le incomoda. Haciendo un gesto disimulado, gira su cabeza para poder fijarse al fondo de la sala y de vuelta verificar el asunto de su sospecha. Efectivamente, a pocos metros de él, un asqueroso troll le observa mientras hace gestos groseros, incluso para una cultura no demasiado refinada, rayando en lo absurdo. Su actitud es osada, incluso obscena, con el "miembro" colgando despreocupadamente. Parece esperar algo de él, pero, seguramente, es tan estúpido que ni siquiera lo oculta.

Bruscamente, el susodicho se levanta para dirigirse a la letrina con cierto estruendo. Lo que se escucha -y lo que se respira- es algo que alegraría cualquier charla de amigos sin muchos escrúpulos.

Sin darse cuenta, Abdel se ha quedado bastante solo en la posada. Las ventanas ya están cerradas, incluso el guardia troll se ha ausentado. Cuando termina su tercera jarra de jugo para disponerse a ir a su aposento-cuadra, ve aparecer por la puerta de la letrina al engendro que le observaba, con un fardo corrompido por su contenido: una mezcolanza de nauseabundos excrementos que golpean la parte interior de los ojos, aquella parte que conecta con el cerebro y que provocan la secreción de mucosa ocular, cierre de los sistemas digestivos y, por lo tanto, rechazo a lo recién rumiado y en inminente ascenso por el conducto que sólo debería ser de bajada... Todo esto en un par de segundos.

Al mismo tiempo un medio alarido, medio rebuzno, se escapa de la garganta de Abdel que se tambalea ligeramente en dirección contraria hacia la causa de tales sensaciones.

Con los ojos desorbitados observa el "regalito" e ,intermitentemente, a su portador que, con cara de satisfacción, parece orgulloso de tal producto de su creación.
Pero... mmmmaaah, ¿eztá loco? ¿Es zubnormal? Qué az...
Según profería improperios, el "artista" desplegó el fardo y de entre la materia orgánica parecieron verse unos reflejos dorados que, parecía, habían sido depositados junto al resto de la materia "no tan noble". ¿Será capaz de haberse tragado, el anormal este, tales cosas?

Entonces, de la boca de aquel semi-individuo brotaron unos estertores que podrían haber pasado por palabras. La primera vez estaba tan aturdido aún, que Abdel no le entendió, y requirió una repetición.

Antes de que recibiera la contestación, el pobre Davieso se precipitó desde la cocina, donde estaba limpiando, a la barra, donde semejante espectro de inmundicias había sido depositado. Según se acercaba haciendo aspavientos y lanzando maldiciones, sus labios dudaron y balbucearon cuando vio aquel metal apenas a la vista por su fenómena "capa protectora". Una vez reaccionó, volvió a gritar al grotesco personaje que había traído eso al mundo y le mandó llevárselo enseguida, amenazándonos a ambos con un hacha que acababa de sacar de debajo de la barra que rezaba en su mango: "libro de reclamaciones".

El troll hizo un gesto a Abdel de que salieran ambos afuera. Abdel, aturdido, ya no sólo por los efectos de tal presencia, sino ahora por la situación, dudó un instante, pero era evidente que era, ya no lo mejor, sino lo único que podía hacer, a menos que quisiera sufrir alguna amputación y bien sabe Alá cuanto estimamos todas y cada una de nuestras partes.

Pasando el umbral de la puerta, justo volvía Mini-Moni de tirar la basura, y se sintió forzada a frenar en seco, girarse sobre sí misma y acordarse de qué había cenado.

Abdel andaba siguiendo, con cierta sospecha, al pesado y torpe troll, que de vez en cuando se volvía para repetirle que le siguiera. Todo esto a la luz de la más débil de las tres lunas, la única que aún no se había ocultado en el horizonte, que confería una tonalidad pálida a todo el lugar.

El troll se detuvo sobre una valla de piedra cerca de la posada, en un lugar entre varios carros. Abdel dudó en acercarse. Odiaba meterse en líos. Por poco estuvo a punto de darse la vuelta y salir al trote. Agarró su bastón de defensa. Por un instante tuvo la tentación de intentar quitarse de en medio al troll, pero tal pensamiento no duró mucho por las evidentes consecuencias que podría conllevar tal suicida acción.
¿Qué quierez?, mmmaaaah, ¿De dónde haz zacado ezo? ... ¿Eztáz, jjjk, fffkh, mmmmh, tratando de hacer negocioz conmigo?

miércoles, 16 de julio de 2008

Etiquetas para los distintos contenidos

A partir de ahora, los artículos que sean texto literario propiamente dicho, deberá añadírsele la "Etiqueta": Capítulos*

* ACTUALIZACIÓN: He modificado la etiqueta Capítulos, por Capítulo I, ya que se prevee que, en cierto momento, se acabará dicho capítulo y comenzará otro desde otro lugar y momento distinto. Como en un libro de verdad, vamos...

Los textos explicativos, avisos (como este), comunicados, etc, deben llevar la etiqueta: Notas
Se ha creado otra etiqueta llamada: Personajes, por si los autores quieren describir, sin entrar en la historia, a los personajes principales o secundarios.

Posteriormente, si se complica la trama, se pueden modificar o añadir etiquetas para Localizaciones, Objetos, Religiones, Casas nobiliarias... lo que se vaya ocurriendo.


Habitantes del oasis II

Reposemos un poco en las vaharadas de humo que exhala Porrebrumo: las formas protervas de Lobesna, ocupada con un cliente tardío, de los que tienen mucho palique, son una constante a la que su mirada experta recurre de vez en vez. Un lugar cómodo al que acudir para descansar la vista de manera inconsciente. Otra constante guiada por el hábito son las puertas, ventanas, el pequeño montacargas que comunica con la cocina, hasta las grietas de los ratones son catalogadas por los ojos soñolientos; apreciaciones de la sutil arquitectura primigenia del lugar que es denunciada al observador si se elimina la tabiquería más moderna, como una red dentro de otra red. Detrás de las cortinas de terciopelo rojo, de los tapices de motivos perturbadores, evadida de las luces de colores exóticos, la ojeada recurrente de Porrebrumo constata la organización en forma de celdillas de la posada del desierto. Posibles lugares de fuga o invasión son catalogados frisando el subconsciente, redadas y celadas, toda la salsilla de la vida forma el poso ambiental que intranquiliza al sargento agradáblemente. Quizá es por eso que se encuentra tan a gusto en tales sitios, que adornan sin ocultar nada al hombre dotado de sutiles percepciones, que satisfacen su instinto de supervivencia porque no adormecen sino a los necios, sin ofender la inteligencia de los inteligentes.
Dejemos de ver lo que ve Porrebrumo para seguir las evoluciones de nuestra voluta de humo de tabaco marca “imperio antiguo”, que va a reposar dulcemente en el pecho de la meretriz más veterana del salón de los placeres. Las demás atienden en las habitaciónes a los últimos clientes o duermen. La humana deja ver una capa de vello tornasolado, sepia, en sus hombros, se adivina que en todo su cuerpo, en las muchas zonas de piel que excitan la imaginación del lujurioso, veladas por sedas moradas, malvas, carmesíes… Como una reina del amor, envuelve expertamente en sus redes al Viejo Aventurero, para aflojarle la bolsa, para ver que guarda el día en asuntos de negocios, a la hora de echar el cierre. La guinda, el colofón, la cima, el culmen. Ahí su secreto: en un uso del tiempo, de los días y las horas, conservando energías y recursos hasta el momento en que la fruta está madura, en que el palomo acude al reclamo finalmente, tímido, inmaduro, siempre -en sus manos- inexperto.
Mientras dejamos en manos de Lobesna al viejo aventurero, vemos que han asomado las tres lunas llenas sobre el desierto: rara ocasión. Un sudario de luz hipnótica, lunar por partida triple, fastidia las vistas de las estrellas al astrólogo, ilumina conciliábulos de enamorados, da descanso a los ladrones, enerva a los poetastros, estropea las enboscadas de los bandidos: tiñe el desierto con una luz reveladora e indiscreta que revela una trinidad umbría en las sombras de los cáctus y los postes, una red de sombras triples, redes, redes, no hay más que redes.

viernes, 11 de julio de 2008

Hablemos de todo un poco...

Hablemos de todo un poco, pues es la hora de situar La Posada en un entorno más amplio.
Fronteriza, como ya se ha dicho, pertenece al que fuera antaño extenso y poderoso imperio. Hoy en día, la un día céntrica posada se encuentra casi en la frontera. Al norte el poderoso río de la Grulla Infinita, corre de oeste a este, buscando el mar entre montañas ciclópeas. Al oeste, tras una extensa curva del río, se extiende el desierto esteposo y accidentado, de donde nadie vuelve, pues está habitado por criaturas malvadas, permanentemente hostiles y amigas de echar mano a las cuerdas del arco a la sola vista de extranjeros. Al norte y al este, extensas poblaciones y países no humanos, casi siempre hostiles, como los orcos y los gnomos, o poblaciones sin rey ni ley conocida. El gran río constituye la frontera ante las hordas inmisericordes.
Takitia, el Grande, el Reino del orden y la sabiduría, se extiende al sur, protegido por altas montañas. En sus valles altos, las fortalezas vigilan la llegada de enemigos por los pasos. Su orilla del río está patrullada por el ejército, en una carretera, única, jalonada por fortalezas. Lugar ancestral de cultura y honor, protege su legado en sus universidades y monasterios, tras los muros de sus castillos y las espadas de sus paladines. Pero como la vida sigue, hay de todo. Por pura necesidad se comercia con caballos con los orcos del norte, a cambio de una siempre insegura promesa de no agresión. Se exportan productos naturales, sobre todo madera y caza, y últimamente ha crecido el turismo de naturaleza y salud, en sus solitarios monasterios, con sus famosas aguas termales y sus productos de herboristería. Igualmente, muchos príncipes de lejanos reinos y grandes caballeros bebieron de las aguas de las enseñanzas de sus monjes y paladines. Pasando las montañas, se llega al valle escondido donde aún resiste la Majestuosa Tikal, capital y joya del Imperio (restos del imperio). Situada en la unión de dos caudalosos ríos de montaña, que vienen desde el noroeste y el noreste, que constituyen la frontera por el sur, mira hacia el único paso conocido hacia el Meridión, la Gran Madre. Asi pues llegamos a la última referencia espacial: por el sur se acerca imparable el ascenso de los fanáticos Hijos del Dragón. Contenidos con gran sacrificio, siempre son una hambrienta amenaza, y atacan con sus ejércitos o sus conspiraciones.
La Posada se encuentra en el norte de este Reino, Reino que sobrevive en un mundo de barbarie y fanatismo, testigo y valedor de un orden y armonía pasados de moda. Poderoso, casi inexpugnable en su último santuario, la nostalgia de los días del glorioso imperio perdido tiñen de melancolía sus días, pero sus habitantes son amantes de la cultura y carecen del ansia de expansión.

miércoles, 9 de julio de 2008

Habitantes del oasis

La posada tiene varias salas. La principal y más grande es , a la vez, la más respetable, pero hoy intentaré visualizar la de los chicos malos, la de las juergas de las que más vale no hablar (je, como cuando el plutarca Banuestonio amaneció tirado en el cuarto de la basura y casi lo tiran a los pozos del reciclaje). El lugar se alquila a varias sociedades de entretenimientos (ambulantes o deambulantes) que ya han probado al jefe Pinpé. El de la voz de trueno procura que se haga precio especial a las autoridades que por ahí pasean de incógnito, prueba la mercancía, organiza el cobro de localidades cuando se tercia, mete prisa en la cocina con la nata y la crema de cacahuete cuando se requiere...
De entre los habituales destaquemos a Porrebrumo, sargento de la guardia nocturna, hombre cabal y conocedor, buen catador de las diferentes añadas de jugo de cardo y probado campeón en varios duelos de trasegar cerveza de revientaentrañas. Humano, como hay pocos en el oasis, una pequeña leyenda de voz suave pero rasposa, modales huidizos, incipiente barriguilla. Se le puede aplicar aquel refrán de que "más puede el diablo por viejo que por diablo". De canoso pelo, antaño moreno, ojos grandes de perro pachón, melancólico y amante de su amada, la señorita Lobesna, que previo pago, le obsequia un amor de la más buena calidad que se puede obtener por éstos pagos según afirman muchos. Y eso que se rumorea que tuvo acceso a la mismisima hija del Plutarca Banuestonio, a la que, según dicen, despreció con una bofetada. Tal vez por eso siga siendo el sargento y no pasa de ahí, pero si es cierta la historia, lo raro es que no esté muerto, algo pasa entre los dos, algún poder tiene Porrebruno sobre el Plutarca bienamado.

viernes, 4 de julio de 2008

No sé si os habréis fijado...

No sé si os habréis fijado, pero el nombre de
boletus eROLis
es bastante coherente
permitidme una licencia tal vez narcisista
veamos
boletus edulis, seta deliciosa para cocinar, evoca un delicioso manjar narrativo en nuestra “variedad”; lo que hacemos es para gourmets de la narración rolera.
Boletus es un boletín, una hoja o escrito de distribución periódica...
La imagen de la seta está asociada a los duendes, a lo fantástico, a las experiancias extracorpóreas y alucinógenas.
La e minúscula frente a Rol en mayúscula apunta a su relación con el internet
Y finalmente, la vista también tiende a separar espacialmente la partícula “Lis”, al final, lo cual me evoca a la flor de Lis, la heráldica, y por ende las historias de caballería...

en fin, ya está, sigamos con la imaginación...

Qué hermosa visión...

Qué hermosa visión, ver la posada llena de gente, llena de vida.
Corren malos tiempos para los negocios, y más de una mirada pesarosa y frente fruncida se prodigan cada día.
Cuando hay que apretarse el cinturón se espesan los ánimos, y si no se pone cuidado, escapan palabras tensas, incluso ofensivas y que sólo empeoran la situación. Asi es que mejor nos quedamos aquí, frente a esta jarra medio vacía, y hacemos memoria para pasar el rato.
¿Te he contado la historia de cuando la posada estaba.... bueno, nunca lo dirías, pero esta posada, rodeada por este erial estepario, de gruesas paredes arenosas y resquebrajadas por el calor... estuvo una vez rodeada de agua, junto a la orilla de algún mar lejano. Anda, cierra la boca y echa otro trago...
... Sabes que el Señor Davieso es el director, gerente, o como quieras llamarlo, de este magnífico antro... pero no siempre fue asi. ¿No te has fijado en los muros interiores, de piedra densa y gris verdoso? Evocan un ambiente de humedad. Mira las paredes de la sala;las esquinas no son tales, asi como los límites entre paredes y paredes, entre paredes y suelos, entre paredes y techos. Siempre hay un plano de transición, de manera que si hiciéramos un corte, por ejemplo siguiendo la ranura que hay en esta misma sala y que atraviesa suelo, pared, techo, pared y de nuevo al suelo, obtendríamos un corte octogonal, con los lados correspondientes a suelo, paredes y techo mucho más grandes. Extraño, ¿verdad? ¿por qué el constructor se tomó tanta molestia, en vez de hacer superficies planas como en un edificio ordinario?. Nadie podría adivinarlo, faltan piezas en el rompecabezas. Las cosas son diferentes ahora, y no permiten comprender el porqué.
Pues bién, hubo un tiempo en que mi vida era mucho más activa que hoy en día, y entonces levantaba las miradas por donde pasaba, e hice hazañas que tal vez algún día te cuente...
mi cuerpo estaba fuerte, y las gentes me mostraban respeto...
sí, sí, está bien, sólo deja que beba un trago,,,
bién, sigo...
el caso es que me debían un favor; un personaje despreciable y traicionero, pero con habilidades,... especiales... hubo de mostrarse agradecido por un asunto comprometedor, al cabo resuelto a la satisfacción de (casi) todos. Entre otras cosas de valor, en el transcurso de sus correrías en esta posada, descubrió por casualidad un pasadizo, y decidió enseñármelo. "Advierta, señoría, el perfecto borde circular de la entrada... se diría hecho por medios no humanos... tenga cuidado de estar siempre sujeto a esta soga, la caída es vertical, y las paredes lisas sin juntura... asi está bién..."
Que sí, pesado, he dicho "señoría", y no me lo he inventado, ¿te importa que siga..? como no te calles y dejes de interrumpirme con impertinencias no te cuento nada más, asi que tú mismo...
Bién, ¿por dónde iba..? ah, sí... la impresión que saqué es que existe un entramado de túneles de formas extrañas, tubulares, con repentinas y caprichosas revueltas y recodos, pero con una disposición de conjunto en general regular... vale, vale, en resumen, creo que llegan básicamente a todos los puntos de este vetusto y macizo lugar, de hecho, creo que en cada una de las estancias de la posada hay (o había, hace ya tanto tiempo de eso) un acceso a los túneles.

Y ahí se acabó la historia, y no, no sé cómo podría un ser humano accionar, ni siquiera hallar, las supuestas entradas. Inténtalo si quieres.

La cosa es que un día un borrachín me contó un cuento, igual que hoy yo te lo cuento a ti.

Hablaba de un castillo, o mansión regentada por un malvado rey tritón.
¿Que cómo es posible, si tienen que volver al agua cada poco, o quedar para siempre transformados? pues, sencillamente, el agua venía a él, y en plena audiencia podía quedar todo bajo agua en pocos minutos. Decían que todo cuanto necesitaba era desearlo, y aquella estancia de su mansión adonde quería ir quedaba inundada antes de su llegada. Bien es cierto que las audiencias con su alteza, si esto es verdad, serían únicas, literalmente, para bípedos como los humanos, pero el caso es que por aquellos lares tenía fama de buén huésped, además de buén conversador, y, ...
¿eh?, ah que me voy por las ramas, bién, sí, ya sabes, licencia de la edad...
bién, para terminar, el cuento terminaba mal, para su majestad el rey tritón (sí, sí, sin mayúsculas, otra licencia de quien ya se aproxima al ocaso de su vida...) pues fue engañado por un hechicero, o un ladrón de malas artes, y utilizando su propia magia contra él, fué vencido. Después de que pasó todo, el castillo (o mansión, o lo que quieras,...) había desaparecido, y se oyeron durante muchas estaciones las rugientes maldiciones del oleaje, y las promesas de venganza del pobre y malvado rey tritón...

Bién, paga otra ronda y termino, la historia,... pero no seas roña, y pide una ración de algo hombre,... que hablar no sólo da sed.

Como te podrás figurar, no soy, a estas alturas, pero entonces tampoco, un crédulo lenguaraz, y disfruté del relato aquella noche, y asimismo lo olvidé, pero desde lo de los túneles, el tiempo me ha hecho asociar cada vez más la posada con el cuento, y sí, te lo creas o no, digo que esta posada era aquel castillo, y el señor Davieso aquel osado aventurero...

¡Cómo, eso no me lo dices a la cara de puertas afuera! ¡¡Y lo pagado, pagado está!!
...
...
...

(Mini-Moni)
Estimados clientes, el señor director me comunica que los caballos han sido devueltos a los establos en relativas buenas condiciones, y ya han terminado de limpiar la sangre, y los desperfectos estarán solucionados para mañana... Señor Anciano Aventurero, respetuosamente, y en nombre del director, me permito rogarle que contribuya a conservar la paz en estos tiempos de crisis... Lo de la araña gigante que devoró a los incautos visitantes del carromato, aunque certeramente atajado por usted, fue innecesariamente violento, y este episodio no le hace ganar muchos puntos...

en fin, otro día de servicio acaba en la posada...

jueves, 3 de julio de 2008

Lucrecio (el contacto)

Mientras se come un moco pensativamente Lucrecio ve a su contacto. Inconfundible hasta para su intelecto limitado: con el rabillo tumefacto de uno de sus ojos ha visto cuatro pies extraños hasta para una posada tan cargada de seres inhumanos. Más arriba pelo, telas exóticas de colorines teñidos del polvo del desierto y ,emergiendo de los paquetes y alforjas, una gran joroba. La parte humana del camello se viste a la usanza de los mercaderes del desierto, piel morena, negras barbas, mala leche, mascullando para si, busca sitio en la posada en horas bajas.
Lucrecio se apresura en dirección a las letrinas. Cierra tímidamente el tosco pasador de la puerta llena de agujeros ("¡ventilación!" dijo una vez Davieso el posadero). Mas Lucrecio se sale de la tabla y adopta la "postura de combate" haciendo escapar el gordo culo de la inmediata vertical con el pozo de la mierda, la letrina se tambalea. Desde fuera podeis ver el casuto miserable con sus muchos orificios teñidos de rosa piel de semiogro bailar un baile peligroso, como un cubilete sin dados (o con uno gordo y blando). Acompasan el baile una serie de detonaciones y gruñidos. Pasa la guardia. El sargento mira incrédulo, sus tres soldados se miran entre ellos, un mensaje no expresado galvaniza el rudo pelotón -no han visto nada- y se apresuran a desaparecer.

Fruto de un esfuerzo denodado y de un tiempo medido en varias pintas de jugo de cardo (el camello espera) Lucrecio ha parido una piramide de materia variopinta con una pátina multicolor, como la del aceite usado. Mira con interés, olfatea, piensa -todavía quedan cosas ricas. Procede a devorar con deleite ciertos "premios" y va seleccionando sendas monedas de oro (no saba contar, pero nosotros vemos treinta, "diez para la vuelta y veinte para el camello" dijo su hermano Horacio). Relamiendose lo reune todo, pule las monedas contra sus harapos perfilando la efigie del augusto Señor Flataroy en fondos de ocre y siena tostado, abre la puerta y enfila tambaleandose hacia la posada.
¿No habeis notado el zumbido que le sigue?. Surgida de lo alto de un cáctus una figura diminuta sigue a nuestro héroe.
La posada va a cerrar. En lo profundo de la noche solo se oye el cantar de los Nike-Brikes. El camello y davieso comparten la ámplia sala mirando ambos el declinar del último trago, bostezan al alimón. Súbitamente irrumpe una masa marfil y caca por la puerta que ya no guarda Carbunclo, el portero (los trols tambien duermen ¿sabeis?) y con gráciles pasos de inmensidad aromática, antes de que lo puedan detener, Lucrecio deposita sin ninguna ceremonia delante de su camello el premio gordo de la noche: un risco de profundidades orgánicas, un depósito de materia bio-desagradable donde, aquí y allá, brilla tímidamente el oro.

miércoles, 2 de julio de 2008

Lucrecio

Sentada miseráblemente a las puertas de la taberna, a la derecha según sales de la plaza y te topas con la puerta concurrida, riendose, (y eso quiere decir que está muy triste) borracha, una mole informe de ojillos rojos, harapienta pero muy bien educada. Una masa de carne palpitante de la cual surge a veces un brazo adiposo, surcado de venillas anaranjadas, para hacerse con alguna inmundicia arrojada al suelo.

El otrora orgulloso guerrero veterano, del clan de los topolinos fundado por su padre,que fue servidor de los comerciantes que salen de Fangaeria a las ciudades montañosas de los protectorados gnomos para comerciar con alimentos de la rica campiña de las ciudades estado a cambio de minerales y chucherías.

Cuántas veces ha caminado en su jaula por los pasos de la montaña. Ahí se educó, como atracción de feria, luchando con los gnomos titanes que habían apostado con papá que podían aguantar con Lucrecio más de cinco segmentos. Qué tiempos, las amorosas palizas, aquellos escupitajos que siempre le daban en un ojo. Qué puntería la de papá.

Aunque ha trasegado ingentes cantidades del brebaje más barato, Lucrecio puede ver todavía todo lo que ocurre, entre sollozos sonreídos, saluda amablemente al que pasa por su lado. Algunos brincan con terror al reparar en el horror borracho de un semiogro casi desnudo, excepcionalmente grande y fuerte, feo como un pecado, gordo y deprimido. Al moverse, a veces, entre los harapos de su faldellín puede verse un monstruoso pene.

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