lunes, 21 de julio de 2008

DIARIO DEL MONJE (4)
“Pero, verdaderamente, la clave de la seguridad ante esta amenaza, o ante cualquiera de las que derivan de la fauna Takitiana, que son muy considerables, es pasiva.
Lo explicaré con un ejemplo. Cuando remontábamos penosamente las progresivas alturas de los valles del norte, en dirección hacia el sur
(nuestra ruta era la más común, remontar desde Vallesnorte hasta El Paso, para luego bajar hasta Tikal por Vallessur)
pasamos en un momento dado por una ladera tan escarpada, que, al igual que ocurre cuando la Carretera pasa por los valles, entraba por un trecho en un túnel.
Las hormigas habían hecho un camino que atravesaba la Carretera, pero habían decidido hacerlo por la parte donde la misma se metía en el túnel, con lo cual no entraban efectivamente en la calzada. Y no sólo eso sino que, en su errático deambular, cuando una exploradora se acercaba al borde del camino, en el último momento se daba la vuelta y retrocedía.
Curioso, ¿verdad?.
No se trataba de hormigas muy grandes o agresivas, como pude ver, eran de las negras, del tamaño de un perrito las obreras, y el de una oveja las soldados. Se veía a las claras que eran pacíficas, más bien vegetarianas, a juzgar por la naturaleza de los materiales que llevaban. Pero lo lógico era que antes o después, alguna entrara en la Carretera, y antes o después coincidiera con persona o animal en su camino. Y, vegetarianas o no, si molestas a una hormiga no se lo piensa, ataca, y si ataca, a su olor acuden más hormigas en pocos minutos. Una situación muy peligrosa.
Sin embargo, nadie dio muestras de especial preocupación al pasar cerca de las hormigas ni nadie tomó especiales precauciones... lo que me dejó sumido en un mar de dudas.
Finalmente, uno de los cazadores me lo explicó aquella noche.
Existe en Takitia una clase especial de monjes (bueno, un grupo que no sólo tiene monjes, también soldados , artesanos, políticos, etc)
llamado el Gremio del Arte. Son entre otras cosas, los encargados de esculpir la piedra.
Los Takitianos no leen (excepto la Sociedad del Conocimiento Universal, que a cambio producen libros por todos los demás, y por parte del resto del Mondo) sino que se comunican en general mediante jeroglíficos.
Toda piedra es una superficie más o menos plana sobre la que esculpir, si no, no está completa, para su mentalidad. La mayoría de los jeroglíficos son muy decentes, y expresan la Ley, única norma aceptada de manera universal por el pueblo, y que todo el mundo conoce al dedillo, o si no historias del folklore popular, mitos, cuentos, ... todo muy tradicional.
Pero hay unas piedras muy especiales, cuyos signos están realizados por una secta muy particular de monjes dentro del Gremio del Arte. En los caminos, en praderas, en terrenos abiertos en general, o que tengan algún uso para la comunidad, suele haber unas piedras cuyos jeroglíficos poseen un poder discreto pero grande, y muy útil.
Ante seres y animales peligrosos, pero que no tengan una motivación especial para estar alli, que simplemente pasaban en aquel momento concreto, se activan. En tal caso, cuanto más se acercan a la piedra y su área de protección, más sienten un estímulo natural para ellos, y agradable, que les llama desde la dirección opuesta. Un gigante vagando por la montaña, cuando se acerca a una zona poblada, de pronto huele una hembra, u oye ganado, o lo que sea que les gusta a los gigantes, justo detrás, de donde venía. Así que en virtud del poder de la piedra y de manera “natural”, se da la vuelta y retrocede. Esta defensa mantiene a salvo de encuentros peligrosos a la población en la mayoría de las ocasiones, pero es escasamente útil si, por ejemplo, el gigante va por una razón concreta, consciente, a ese punto en particular, pues la magia no limita el libre albedrío.
En el caso de las hormigas, lo más fácil es que hubieran atravesado la Carretera por cualquier sitio y que la hubieran bloqueado, pero “prefirieron” cruzar por la parte que estaba cubierta por el túnel.
Y se entiende perfectamente que no se molestara a las hormigas, pues lo mejor era mantenerse sin proporcionar estímulo alguno que pudiera darles una razón efectiva de entrar en la Carretera.
Los Takitianos están bien integrados en su medio natural...”

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