domingo, 31 de agosto de 2008


El Mapa de Jonid, cuando La Nueva Compañía Aventurera llegó a sus puertas...

jueves, 28 de agosto de 2008

JONID

JONID

La verdad es que hacía muchos años ya que se soportaban, pero no podían liberarse el uno del otro.
Arnaldo era el exaltado, el profeta loco tocado por Dios, que rompía los moldes rígidos de las costumbres, las convenciones y la moral. Él provocaba continuamente conflictos y reacciones extremas, que no por espontáneas e ilógicas eran menos aprovechadas por su fina inteligencia en pos de su única meta: comunicar la palabra de Nudor entre los seres pensantes. Él era todo. Hasta el más ligero de sus caprichos, o un pedo que se tirara, tenían, en relación con el amplio contexto de las cosas, significado.
Lucrecio había encontrado, por fin, el sentido de su existencia.
Semiogro.
El engendro monstruoso, el inspirador de todas las reacciones de hostilidad y rechazo imaginables.
Asco, odio, violencia. Su ser, poco a poco, y mucho a mucho, se había reducido a la nada. Toda una vida, todo, todas las grandezas y miserias que caben en una consciencia, atrapadas en una envoltura de “semiogro”.
Lo que sucedió es que la mirada extraviada de Arnoldo no distinguió en Lucrecio un portento, o cosa extraña: era una entre otras que, para él, constituían su cotidiana percepción.
Lucrecio se vió, de un plumazo, libre de la imagen que proyectaban sobre él, del semiogro que veía reflejado en las pupilas ajenas. Arnoldo había realizado el milagro (uno más) y Lucrecio, popeado en un segundo de ser nada a ser persona, dedicó toda su vida a seguir a Arnoldo. Plasta, literalmente, multiplicado por tres, la larva había eclosionado.
Lucrecio no podía perder de vista a Arnoldo sin caer en profunda depresión, cosa que, hasta para el más cuajado viajero, resultaría insoportable. Sin embargo, tener la estatura de un armario (grande) de semiogro pendiente del menor de sus gestos y tembloroso, cual perrillo, ante la expectación de poder cumplir un deseo suyo, había salvado la vida del “Paje de Nudor” muchas veces.
La incomprensión del mensaje de Nudor, sobre todo si era transmitido como sólo Arnoldo Paje sabía hacer, a menudo tenía violentos efectos secundarios que en presencia de Lucrecio tendían a desaparecer...
Arnoldo ignoraba olímpicamente a Lucrecio, o, exasperado, trataba de perderle de vista, con la desgana del que sabe de seguro lo inútil de sus esfuerzos.
Para el resto del grupo constituía un espectáculo bueno para entretener la monotonía de un viaje que discurría en un paisaje desprovisto de grandes referencias.
El viento inclemente moldeaba desde hacía milenios formas y taludes caprichosos sobre el terreno, formado por sucesivos sedimentos fluviales.
Un paisaje grandioso y desolado, aparentemente con poca vida.
El signo seguro de que estaban, no obstante, dentro de la civilización, era la Gran Carretera, una de las maravillas que distinguían a Takitia entre otros pueblos y culturas. Elevada sobre el terreno, nunca quedaba sepultada por las inmensas dunas, ya fuera por mantenimiento o por razón de su excelente construcción.
Primero, vieron nieblas bajas hacia el norte.
Después, el Sol Menor hizo brillar las escarpadas cárcavas que flanqueaban, al norte y al sur, las riberas del Grulla Infinita. El verde de los cañaverales y los arbolillos de río era sorprendente, después del continuo pardogrís. Y la creciente presencia de carros y viajeros avisó a la Nueva Compañía Aventurera del feliz (por desprovisto de incidentes desagradables) término de su viaje: la Ciudad de Jonid.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Resumen de lo sucedido

Como la cosa va complicándose, he pensado en hacer un resumen de los hechos acaecidos en un orden cronológico para que podamos tener una visión de conjunto. Empezaremos por un Dramatis Personae:
-El grupo Aventurero:
Arnoldo Paje, el líder del grupo, es bastante maniático, clérigo de Nudor el dios del bien. Tan dios del bien es Nudor que se niega a que los seres malvados no puedan disfrutar de sus dotes curativas, los clérigos que lo sirven deben intentar convencerlos de abandonar el camino del mal, eso si, Además tienen prohibida toda clase de violencia que no proceda de sus armas naturales (los puños, vamos). Arnoldo se suele desnudar en público, odia a muerte a los ladrones y cuenta chistes inconvenientes en los momentos más inoportunos, pero tiene un corazón de oro, astucia y gran sabiduría natural.
Rotunda Tundra, exploradora de entornos salvajes, semielfa de talante solitario y depresivo.

Ainara la Gelatinosa, un hada duende sin complejos, oficialmente la exploradora de entornos urbanos, lo que viniendo de un hada duende hace ver que detrás se esconde una historia. Ainara niega terminantemente (sobre todo delante de Arnoldo) que lo de exploradora incluya las bolsas ajenas.

Lucrecio el Larva, guardaespaldas del grupo. Un semiogro excepcionalmente fuerte, rápido, grande, estúpido y feo. Si no fuera por su tremenda habilidad con las armas y el buen talante del resto de sus amigos, se le podría llamar "el plasta" pues ha adoptado a Arnoldo como a su más querido amiguito y no se separa de él ni a sol ni a sombra, si se separa de él un momento rompe a sollozar, lo que entra en menoscabo de su reputación de fiero. Parece pensar que es de un buen tono exquisito decir siempre lo contrario de lo que quiere. Parece una larva, pues es gordo, albino y lampiño. Dice servir a los intereses de Luvia el Ciego, dios de la justicia.

A Lucrecio lo acompaña Horacio el Descalabrado, su hermano mayor, clérigo de Luvia el ciego, otro semiogro, pero este poco común por su extrema educación, inteligencia y encanto. Siempre y cuando evitemos fijarnos en el olor a pedo que lo acompaña. En un aromático mundo de fantasía medieval no es tan complicado. Es muy feo también, tiene una gran depresión en la cabeza fruto de una caída en su infancia. Él dice que es la causa de su espíritu tan poco común en alguien de su raza. Horacio viaja subordinado a Lucrecio por orden de su mamá, por una creencia supersticiosa de que los actos de Lucrecio son guiados por la divinidad y por que él mismo sabe que es la cabeza del binomio y ama a su hermano con amor tierno y fraterno. Está casi ciego.

Abdel Azrâd es un dromedauro que se dedica a la compraventa, nativo del desierto de Flamaar, cuna de terremotos, viajero infatigable. Parece una persona muy fiable y respetuosa de los pactos, tiene una suave y delicada piel.

Estólido Avieso es un antiguo compañero de viaje de Lucrecio y Ainara, que acaba de llegar de Fangaeria remontando el Grulla Infinita. Es un enano comerciante, más bien conocido por sus célebres banquetes y orgías y que, ¡o sorpresa! Ha adquirido las vestiduras y las marcas de un mago de batalla... y se declara dispuesto a lo que sea por experiencia o tesoro...

-La posada del desierto:

Davieso, el posadero.

Arog Fo, jefe de almacenes, un Merga Troll.

Paja Roto, jefe de mantenimiento, conserje y elfo para todo.

Pinpé, encargado de eventos y banquetes, un mediano.

Mini-Moni, hada duende camarera de la sala central.

Carbunclo, portero, otro troll pero esta vez común y corriente.

Lobesna, humana, la señorita de compañía más veterana de toda la zona, aún con bastante éxito.

-El oasis del desierto:
El plutarca Banuestonio, uno de los tres que hay, encargado de la seguridad. Un jefe bastante odiado en la zona. Le gusta intrigar.

Anamfarda, la mujer del plutarca Banuestonio, nativa de simasverdes, conspiradora nata y botín de guerra de su marido al que odia por matar a Wolfrang el bardo de la voz de plata justo el día en que se iba a casar con él. Quiere aupar al poder a su hija y a Porrebrumo, este último parece que se deja hacer.

La hija del plutarca y Anamfarda, Amalia, chica de momento bastante desconocida pero hermosa, objeto de los planes de su mamá.

Porrebrumo, jefe de la guardia nocturna, forma un triangulo amoroso con Lobesna y con la hija del plutarca, es de mediana edad, con barriguilla. Tremendamente astuto.

-Del exterior:

Los dromedauros, que son comerciantes de las tierras ásperas, congéneres de Abdel, profesan una extraña religión monoteísta cuyo dios se llama Alá. Vienen de Flamaar.

Los mensajeros sagrados, que no son nada sacros, sólo lo es la condición de mensajero para la cultura de Akatania, que se ve atrapada en su legalismo teniendo que respetar y honrar a tales individuos. Todo esto los divierte enormemente ya que vienen a propósito para burlarse con un mensaje tonto como “passsa tío” del jefe orco Pang Tang de la Liga Orca del Sur (que está al norte).

El Extraño misterioso es un hombrecillo que vino de ignotas tierras con su carro. Parece llevar una carga a cuestas.

La araña gigante, que parece ser la carga del Extraño.

Y con esta parece que se acaba el dramatis personae. Por favor, completad a vuestro gusto lo que creáis conveniente, solo hay que editar esta entrada en el menú “editar entradas”, lo digo sobre todo por los personajes de vuestra creación que no haya podido completar convenientemente.
Paso ahora a relatar una secuencia de los hechos según el orden cronológico, que no es necesariamente el de la narración.

Día uno:
-(“Habitantes IV”). A la posada del desierto llegan una banda de semiorcos mensajeros, llegan los dromedauros de Aldrazaar (entre ellos Abdel), llega el grupo de Arnoldo y se instala en el roquedal de la mula torda. Anamfarda, la mujer de Banuestonio se entera del disfraz de Lucrecio y de la llegada del grupo sin pagar peaje, también avisan al plutarca de la llegada de Abdel.
-(“En sus salas vetustas”). El Viejo Aventurero, Atticus cuenta lo que le contó el Extraño Viajero, un explorador que volvió del Abismo con algo dentro de su carromato, que enseñaba a los incautos viajeros prometiendo maravillas. Atticus prefiere declinar la invitación de acudir al carromato pues sospecha algo por lo que le contó un granjero, pero termina aceptando acudir al día siguiente cuando el Extraño regresa solo.
Afila su espada.
-(“Lucrecio”). Lucrecio llega vestido como un pordiosero y se sienta a pedir a la puerta de la posada.
-(“Abdel Razzâg”). Abdel ha llegado a la zona ese mismo día y ha colocado sus mercancías, excepto las “especiales” que trae para un tal Arnoldo. Como no lo encuentra se va a tomar una jarra de jugo de cardo. Llegando a la posada ve al Extraño Misterioso.
-(“Qué hermosa visión”). Atticus se va a ver que les ha pasado a los viajeros, pues no puede esperar hasta mañana. Se monta un pollo en las cuadras y se termina pensando que el Extraño Misterioso y una araña gigante que tenía escondida en su carromato han sido muertos o ahuyentados. El Viejo Aventurero cuenta la historia del rey tritón en la posada mientras le invitan a unas jarras para celebrarlo.
-(“Lucrecio: el contacto”). Lucrecio ha sido enviado a encontrarse con Abdel, porque Arnoldo prefiere que el grupo no se muestre. Lucrecio debe contactar con él discretamente, sin embargo se pone nervioso y le entran ganas de cagar, como está transportando las monedas del pago en sus intestinos, lleva varios días aguantándose y finalmente se muestra a Abdel con estas en la mano fastidiando el intentar ser discretos.
-(“Un negocio sucio”). A pesar de lo indiscreto Abdel decide seguir a Lucrecio a ver que quiere. Davieso se ha enterado de que hay algo raro al ver las monedas deposicionadas por Lucrecio en la mesa, sea como fuere los echa por manchar la barra con porquerías.
-(“Habitantes del oasis I y II”). Porrebrumo se toma unas birras en las habitaciones del placer mientras ve como Lobesna se liga al Viejo Aventurero. Sabemos que Porre tiene una extraña relación con el Plutarca Banuestonio pues es sargento de la guardia nocturna pero se permitió el lujo de rechazar a su hija con un bofetón y aún vive. Fuera se ve que han salido las tres lunas llenas a la vez.
-(“Lucrecio, negociación con el camello”). Lucrecio lleva a Abdel a conocer al grupo: Arnoldo, Rotunda, Ainara y Horacio, éste último es subordinado de Lucrecio, el líder del grupo es Arnoldo.
-(“Habitantes del oasis III”). Porrebrumo acude a ver que ha pasado al oír las protestas de Davieso cuando echa a Lucrecio y a Abdel por ensuciar su posada, empiezan a maquinar algo.
-(“El fuego crepitaba”). Arnoldo y Abdel llegan a un acuerdo que consiste en ir a la olla de Davieso con una llave que les da Abdel para recoger la mercancía, beben y duermen toda la noche, o lo que queda.

Día dos:
-(“El fuego crepitaba”). Cuando van a recoger la mercancía de la olla al día siguiente Davieso se encuentra que esta ha desaparecido.
-(“Menudo lío”). Llega a la posada Estólido Avieso el enano mago de batalla, miembro del grupo de Arnoldo que se había rezagado.
-(“Nos han robado”). Lucrecio se ha quitado su disfraz de mendigo.
-(“Habitantes del oasis IV y V”). Llegan noticias del robo de la olla de Davieso al Plutarca de seguridad.
-(“Otra historia del Viejo Aventurero”). El Viejo Aventurero se gana su desayuno con la historia de Grol el Grel, que viajó persiguiendo a su presa hasta las montañas, en una zona donde vivían enanos, y encontró unas extrañas plantas que crecían bajo la nieve. Todo se sabe porque Grol llevaba una tablilla espía de arcilla en su morral cuando lo contó en el santuario Grel.
-(“Habitantes del oasis VI”). El plutarca manda prender a Porrebruno, porque en la olla había una carta comprometedora con la que este hacía chantaje a aquel. Al saber que ha sido robada ve cielo abierto a su venganza. Porrebruno, que duerme con los oídos bien abiertos aun estando de resaca, se ha dado cuenta a tiempo y se ha dado el piro.
-(“Menudo lío”). Arnoldo registra desnudo la posada y se lleva unos cuantos bofetones, Ainara se chotea de él, Porrebrumo aparece a conferenciar algo con Davieso, Lucrecio y Horacio olfatean en el lugar del crimen a la horrible araña gigante del Extraño Misterioso, Abdel decide perseguir al ladrón pues debe completar su parte del trato, sospecha del extraño misterioso.
Davieso decide montar la Nueva Compañía Aventurera para recuperar su olla.

Día tres

(“El plutarca Banuestonio”). El plutarca, como garante y responsable civil de los contratos incumplidos por Davieso al perder la olla, decide bendecir a la recién nacida Nueva Compañía Aventurera incluyendose como fiscal en su formación, ofrece información de sus espías de que el Extraño ha sido visto en la ciudad de Jonid. Después despacha a los semiorcos mensajeros en una misión no oficial, ofreciendo mucho oro, para ver si pueden recuperar la olla solamente para él.

(“Planes trastocados”). Anamfarda va y hace lo mismo que el Plutarco pues quiere que la olla sea para ella. Vamos, que ofrece más dinero a los patriarcas semiorcos para que se la den a ella.

La Nueva Compañía Aventurera viaja hacia Jonid, y llegan sin problemas a mediodía. Acampan en la entrada de la ciudad, y Ainara se "pierde". Montan cada uno de los clérigos un tenderete para hacer adeptos.
Arnoldo pide al grupo que investigue cualquier rumor sobre el incendio de la posada, hagan lo que hagan.
Rotunda explora el puerto y los cañaverales, fijándose en las cuatro bocas de los túneles de las alcantarillas de Jonid.
Estólido se da un rulo por las posadas y antros de Jonid, finalmente desemboca en la plaza, donde ve una manifa en favor de las víctimas del incendio, y ve las mismas ruinas de la posada.


Lucrecio anuncia a voz en grito que se buscan portaantorchas y cuidamulas.
Lucrecio, y en general todos menos Ainara, se dedican a contratar un portaantorchas y un mulero. Un hombre, Bron el mulero, y un gnomiano que dice ser un hobbit, (lo parece) Boronio de Talos son contratados.Llega Intricantus el Inspector para poner una multa por el proceso de contratación



Ainara se dedica a su arte en las calles de Jonid. Descubre a un antiguo compinche, Arsenpin El Dedos. No vuelve al campamento, con la consiguiente preocupación de sus compañeros

Los Orcos contratados por Anamfarda y Banuestonio, cada uno por su lado, recorren el camino hacia Jonid, prometiéndose pingües beneficios y diversión, a costa de la Nueva Compañía Aventurera.

Día cuatro

Las puertas se abren con un hombre vestido de cuero y botas claveteadas que llama la atención de Arnoldo, y sospecha, aunque no diga nada, que es Porrebrumo en misión de espionaje para Davieso.
Vuelve Intrincatus acompañado de una guardia para hacer efectiva la multa de 90 piezas de oro


Rotunda se dedica a explorar el camino recorrido anteriormente por si encuentra indicios del carro del extraño misterioso, pero no encuentra nada. En los marjales encuentra un perro que la sigue y se queda con ella.En su exploración por los alrededores de la ciudad, en los aguazales, descubre unos monolitos tallados que parecen rodear la ciudad. El perro-lobo lo intenta amaestrar para que vaya con ella.


Ainara pasa el día intentando practicar su arte, y al final del día atrae la atención del gremio de ladrones de Jonid que, al practicar lo mismo, pronto coinciden en el mercado y otras zonas centrales. Los ladrones la amenazan, y ella los espía y consigue enterarse de que ha habido desapariciones, y de que el fuego de la posada probablemente se debió a la magia. Finalmente vuelve al redil y regresa al campamento.

Estólido busca a Ainara, además de información sobre el incendio, e interroga a un guardia con peligro para su vida, aunque sin saberlo. Sin resultado. Vuelve a la Posada, pero para explorar de cerca los restos del incendio.
Alli descubre los restos de la carreta del extraño misterioso, que se quemó, por lo cual dificilmente haya podido salir de la ciudad inadvertido. Es un indicio de que probablemente se halle todavía en Jonid, pero escondido con su "mascota".

Arnoldo se acerca al Templo de Todos los Dioses y pregunta al hermano Mairtén, enterándose de que ha habido una convención de magos recientemente, y confirmando los datos de Ainara y Estolido. De vuelta en el campamento sufre una crisis de nervios e ira por tener que soltar la pasta, y la falta de resultados en general.



Todos regresan al campamento, se pasa la tarde intercambiando información y echando la siesta, y sabemos que los orcos y los ladrones de Jonid se muestran interesados por la próxima expedición de la Nueva Compañía Aventurera a las Alcantarillas. Arnoldo, por si las moscas, decide ir a ver si hace falta algún permiso, y de paso para ver si ofrecen una recompensa por el responsable del incendio/extraño misterioso, al día siguiente.


Día seis

Todos, bueno, algunos, van de compras para equiparse, mientras Arnoldo se entrevista con el Comisario de Jonid para pedir permisos. Se queda sin recompensa, sufriendo otra crisis por ello, pero obtiene la colaboración de la milicia de Jonid, que les facilitan el acceso a las alcantarillas de forma legal, y les ofrecen ayuda en caso de ir mal las cosas con su investigación.

Deciden entrar en el túnel de la derecha, se quedan fuera Abdel y el Cuidamulas, con las mulas y parte del equipo. El resto entra. Es media tarde...

Listas de equipo

Lista de equipo de Lucrecio:
Un juego de diez hachas para lanzar mas su correspondiente soporte para lleverlas en la mula Topolina II y poder cogerlas con facilidad.
Herraduras y herrado para la mula.
Un pote de crema para la piel (ya que es albino) suficiente para un mes.
Dos barrilillos con agua para la mula y para Lucrecio durante dos semanas (esta agua debe llevar licor fuerte en una proporción de uno a treinta, o lo que se considere oportuno, consultando a Abdel, con el fin de que no se corrompa)
Un litro de licor fuerte para tratar el agua que pudiera encontrarse.
Materiales para el mantenimiento de las pieles de cuero, de las armas y las armaduras suficiente para un mes.
Una tienda de campaña individual (tamaño Lucrecio).
Ropa de repuesto, se entiende que es para un albino, o sea que incluye guantes, sombrero o capucha y botas.
Un rollo se cuerda fina y fuerte de quince a treinta metros (lo que sea más cómodo para la carga en la mula).
Dos escudos paveses de repuesto.
Un mandoble y una espada bastarda de repuesto con sus correspondientes vainas y cintos.
Alimentos en conserva para un mes (lo menos pesado posible)
Provisión de yesca y virutas para el mes.
Seis litros de aceite para lámparas.
Dos lámparas.
Un par de mantas enceradas.
Pienso suficiente para alimentar a la mula durante un mes (en contenedores a propósito).
40 monedas de oro para gastos.
Un alfiler para despertar a Horacio, que tiene el sueño muy pesado (prendido de la solapa).

Lista de equipo de Horacio:
Dos barrilillos con agua para la mula Topolina III y para Horacio durante dos semanas (esta agua debe llevar licor fuerte en una proporción de uno a treinta, o lo que se considere oportuno, consultando a Abdel, con el fin de que no se corrompa)
Un litro de licor fuerte para tratar el agua que pudiera encontrarse.
Materiales para el mantenimiento de las pieles de cuero y del arma.
Una tienda de campaña individual (tamaño Horacio).
Ropa de repuesto que incluya una pata de palo.
Aditamento para poder caminar con la pata de palo por superficies arenosas o embarradas.
Un rollo se cuerda fina y fuerte de quince a treinta metros (lo que sea más cómodo para la carga en la mula).
Dos escudos medios de repuesto.
Una maza de repuesto con su correspondientes funda y cinto.
Alimentos en conserva para un mes (lo menos pesado posible)
Provisión de yesca y virutas para el mes.
Seis litros de aceite para lámparas.
Dos lámparas.
Un par de mantas enceradas.
Pienso suficiente para alimentar a la mula durante un mes (en contenedores a propósito).
40 monedas de oro para gastos.
Una redoma de tinta extragrande y extraespesa (Horacio hace una escritura con relieve para poder leerla cómodamente después con los dedos), un estilo de material resistente (marfil o madera noble), una buena cantidad de papel pautado.
Una lupa grande con la mayor cantidad de aumento posible.
Un sombrero resistente.
Una buena cantidad de analgésico para migrañas.
Un alfiler para despertar a Lucrecio, que tiene el sueño muy pesado (prendido de la solapa).

La confección de estas listas se debe, evidentemente, a los consejos de Horacio, aunque la presente Lucrecio a su lider, Arnoldo.
Además Horacio sugiere a Lucrecio que sugiera a Arnoldo la posibilidad de contratar a un empleado para cuidar de las mulas de todo el mundo y a otro para sostener una antorcha o lámpara, ya que hay por lo menos un tiraconjuros en el grupo.

sábado, 23 de agosto de 2008

PLANES TRASTOCADOS

No había dormido nada en toda la noche … estaba triste, desolada, rabiosa! ahora que por fin se acercaba su gran momento! En este tiempo de callada planificación y manipulación, no había tenido la precaución de prever que un insignificante canalla pudiera dar al traste con sus planes. Imbécil! Cómo no había pensado que pudiera ocurrir algo así, rodeada como estaba de individuos de tal calaña….
Se miró al espejo atentamente y no fue capaz de reconocerse. Estaba extremadamente delgada, su piel apergaminada, su cara llena de arrugas, el poco pelo que le quedaba era de un blanquecino amarillento y la cara, su cara, tenía un rictus permanente de amargura… lo único que el tiempo había dejado intacto eran sus ojos, negros, brillantes, expresivos…. Azabache, le llamaba con cariño su padre. Ella había sido una joven hermosa, con todo la vida por delante, una vida que parecía prometedora y emocionante.
Su padre había sido el señor del condado de Simasverdes, pequeño, insignificante, olvidado del gran imperio. Era la mayor de dos hermanas, la primogénita, la heredera de las tierras y tesoros de su padre. Tenía 15 años cuando se había prometido a su gran amor, Wolfrang, un apuesto bardo que en uno de sus viajes se había prendado de ella. Después de muchos preparativos y fiestas, había llegado el día de su boda…. Y ocurrió la gran catástrofe: muertos, todos muertos, había bastado un pequeño ejército formado por humanos, ogros y demás seres repugnantes para acabar con todos….menos con ella. A partir de ese aciago día había comenzado su agonía. El jefe de aquel atajo de maleantes la había tomado como esposa. Lo único que había dado luz a su negra vida era su hija, su amada Amalia. Con el tiempo y sus malas artes su marido se había ido enriqueciendo y ascendiendo, hasta llegar a su “hogar?” actual. Un sucio lugar, lleno de sucios seres, taimados y malolientes. Fue en una de las aburridas fiestas que daba su marido. Se fijó en él, era el único humano algo decente que había en el lugar. Parecía alguien de confianza de su marido. Se dio cuenta de que miraba a Amalia de una forma especial y a ella no parecía desagradarle. Entonces se le ocurrió el plan que por fin acabaría con su marido, lo único que tenía que hacer era alentar ese incipiente amor, manipular a su marido para que creyese que ese hombre pretendía ocupar su lugar, entregar esa carta tan comprometedora, manipular un poquito aquí y un poquito allá. Conseguiría acabar con ese bastardo de Banuestonio!
Todo estaba saliendo según sus planes: Banuestonio cada vez odiaba más a Porrebruno , Amalia cada vez odiaba más a su padre por su oposición a su amor, Porrebruno cada vez más encaprichado con Amalia porque no le permitían tenerla (ya sabía que de vez en cuando se deleitaba con los placeres que le prodigaba esa meretriz, pero era de los que preferían la seguridad de una madurez junto a una gentil esposa). Su marido se negaba a entregar la mano de su hija a ese traidor. Por otro lado, en esos días de caos en los que poco quedaba del imperio, no era necesario hacer demasiado para que los líderes corruptos y despóticos cayeran. Banuestonio era odiado y Porrebruno apreciado. Sólo era necesario un empujoncito para que su marido sufriera un desgraciado accidente. Al menos, su hija tendría la felicidad que ella nunca conoció. Hasta que robaron la maldita carta. Pero no lo permitiría!! Lograría recuperarla para Porrebruno. Casi no tenía tiempo…… Ese repugnante olor no desaparecía! Se metió en la bañera y se frotó hasta hacerse daño, necesitaba que desapareciera hasta la última partícula de porquería que habían dejado los patriarcas semiorcos de la partida de mensajeros sagrados de la liga orca del sur. Ellos le traerían la carta a ella y solamente a ella.

sábado, 16 de agosto de 2008

El plutarca Banuestonio

Un terrible dolor de cabeza, así ha terminado el día para nuestro bien amado líder de seguridad, capitán general de la guarnición de la posada del desierto, sagrado funcionario nombrado por los dioses de Tikal y confirmado por el supremo Benyar.
Después de recibir las Quejas convenientemente firmadas y selladas ha dado salida a los correspondientes pliegues de descargo: una descripción de cómo la gloriosa Tikal apoya y bendice los ímprobos esfuerzos de la recién formada Compañía Aventurera de Davieso el Gnomo, de la que forma Parte Oficial como brazo de la Ley. Así mismo ha hecho llegar su permiso Bajo Juramento de Honor de dejar partir a Davieso para atrapar al ímprobo ladrón. Todo ello aderezado con información de los espías.
Todo esto ha supuesto no pocos desvelos entre los escribas ceremoniosos y llenos de manías, no pocos viajes al Templo de Todos los Dioses, al sagrado Templo, para conseguir la adquiescencia de los poderes. No pocos quebraderos de cabeza en el uso de sus conocimientos de derecho humano, divino y mercantil, para poder deslizar una cláusula de letra super pequeña ante los ojos avezados de los diversos notarios logomantes, que le permita hacer lo que ya esta hecho en éste momento a costa de una jaqueca poderosa:
Recuerda los rostros malolientes de los patriarcas semiorcos de la partida de mensajeros sagrados que vienen de la liga orca del sur; qué asco de dientes colmilludos y cariados. Pero lo hecho hecho está, y ya están convenientemente contratados (en secreto) para recuperar la famosa olla de Davieso el gnomo, caiga quien caiga, y traersela a él, solo a él y nada más que a él. A ver si, por fin consigue recuperar la malhadada carta que le robó Porrebruno hace tantos años.
Les llevan ventaja de un día en su camino a Jonid, pero son un montón, espera que no tengan ningún problema.

viernes, 15 de agosto de 2008

¡Menudo lío!

Jaleo por todos los sitios. Incluso el Plutarca Banuestonio ha tomado cartas en el asunto...
Davieso está conferenciando con gesto preocupado con Porrebrumo, lanza dos o tres veces una mirada rápida y pensativa sobre el grupito que tiene delante:

Lucrecio “El Larva”, que con torva mirada espera una respuesta a su pregunta, o una indicación de sus líderes que libere su mano y corpachón. Su mano, por cierto, caracolea nerviosa alrededor de la empuñadura de su enorme espada. El sabe: algo que no era humano, alguna bestia, ha dejado su olor en esa habitación, y ese olor le eriza el vello sin poder evitarlo.

Su hermano, Horacio El Descalabrado, sacerdote del Dios Ciego, parece ensimismado, y murmura entre dientes:

“O Luvia que estás en los cielos...”


Rotunda Tundra, cabizbaja y atormentada, parece muy deprimida y sus ropas de cuero, testigos de más de un viaje por lo salvaje pesan... y mientras los pensamientos obsesivos de siempre la acosan, su aspecto salvaje se acentúa (parece un animalillo perdido...) Su mirada extraviada...

Estólido Avieso es un antiguo compañero de viaje de Lucrecio y Ainara, que acaba de llegar de Fangaeria remontando el Grulla Infinita. Es un enano comerciante, más bien conocido por sus célebres banquetes y orgías y que, ¡o sorpresa! Ha adquirido las vestiduras y las marcas de un mago de batalla... y se declara dispuesto a lo que sea por experiencia o tesoro...

Arnoldo Paje... el carismático líder que casi nunca está en contacto con la tierra, pero inexplicablemente arrastra a las masas... ¡todo por Nudor!... pero desnudor...
Aparece con un ojo morado y varios moratones, mataduras por todo su rosado corpachón, y está cubierto únicamente por una manta de viaje, su mirada entre sorprendida e incrédula, contando la jugada a la Hada-Duende:
“---... en esta posada tienen poderes, te lo digo yo... Ainara, ¿acaso no lo has notado? Yo, aún haciendo uso del don que el bendito Nudor me otorgó, de hacerme completamente invisible, ¡he sido descubierto mientras intentaba investigar por las habitaciones! Nada ofensivo, por supuesto, ¡soy un sacerdote!....
¡ay!,... deja que me siente, que la señora esa me ha dejado la espalda molida con la bacinilla...”

Pero Ainara, la hada-duende, apodada en ciertos círculos bastante selectivos
“La Gelatinosa”, no se caracterizaba precisamente por su tacto, y con aspecto inocente iba comentando...
“--- ¡Pero si estabas completamente desnudo!, ¿¡cómo no se iba a escandalizar la buena señora!? Vaya la que has armado... siempre igual, ¡sátiro!, que a la mínima te sacas la túnica...
y nos acaban echando o apalizando. Menos mal que esta vez te ha tocado sólo a ti...
Y además estás colgado...”


Abdel Razzag es ante todo un profesional, y su instinto le dice que las cosas se complican...pero ante todo su nombre debe permanecer intocado. Sabe que, puesto que la mercancía no llegó a entregarse, aún es su responsabilidad: a sido a él a quien han robado la valiosa mercancía, y puesto que el pago está hecho, queda su parte por cumplir.... suspira.
Aunque le cueste la vida, la entrega será hecha. De lo contrario su honor sufriría, se correría la voz y perdería clientes importantes; justo los que necesita conservar fieles cual dulce dromedaura... .
Por lo tanto, con independencia de lo que hagan los demás, ya ha decidido que iniciará la persecución del presunto ladrón...
sólo espera un poco más por si surge información nueva, pero casi está seguro de que el extraño viajero narrador que una semana atrás protagonizó un incidente en La Posada es su hombre...
“Zer Atticuz, El Anciano Aventurero, moooooh, peleó con él, y dezpuéz el extraño dezapareció, brrrt, junto con zu carromato... veamoz: dio a entender que le mató, pero no lo, mmmmaaah, afirmó nunca... y hubo varioz clientez que dezaparecieron zin dejar raztro, cazi todoz, zegún El Gnomo, zin pagar y abandonando equipaje y, mmmmaaamh, montura...
Pero yo creo que el Extraño Misteriozo, la Pelea Nocturna, y las Dezaparicionez Mizteriozaz eztán relacionadaz... y zi no fuera porque conozco a Zer Atticuz, ammmmeeeh, de muchoz añoz, yendo y viniendo por eztaz eztepaz y deziertoz de la frontera, y parando por la Pozada, donde ziempre eztá,... le ammmmah, conzideraría el principal zozpechozo.
Azí, parece que el Extraño está vivo y ze ha ido con algo que no le pertenece... pero ez, mmeeeEEh, toda una hazaña haber robado algo tan protegido. Obviamente, Daviezo ez un practicante del Arte, como yo... y ezo zignifica, ammmh, que el ladrón ez muy poderozo, o tuvo ayuda. Debe zer lo segundo, o Atticuz hubiera acabado algo máz zacudido... en fin, veremoz”

Con todos sentados, habla Davieso:

“... y las condiciones que os ofrezco son las habituales: 50% para mí como promotor de la compañía, y suministrador del equipo necesario, (¡no os paséis!), y 50% para vosotros como sueldo y beneficios. Todo será contabilizado en piezas de oro, y cualquier objeto es propiedad de la parte promotora: será vendido para obtener su valor y entrar en el reparto. Si hubiera algún objeto considerado particularmente útil para los objetivos del grupo, se puede hacer una petición firmada y por escrito, y será tenido en uso temporal, como propiedad del promotor, y descontando su valor en piezas de oro de la parte interesada...”

Al día siguiente, los soldados traen recado del Plutarca, dando su bendición a la empresa: la Nueva Compañía Aventurera (es, junto con Davieso El Gnomo, parte propietaria), y comunicando que en la cercana ciudad de Jonid, hacia el sur, tomando La Gran Carretera hacia Takitia, ha habido un extraño altercado... una conocida posada ha ardido hasta los cimientos tras una noche de agitados sucesos... y se busca a un parroquiano que ha huido en un carromato...

miércoles, 13 de agosto de 2008


martes, 12 de agosto de 2008

Habitantes del Oasis VI

Dos maneras bien distintas de ver las cosas, dos ópticas opuestas, de antagonistas.

Porrebruno se ha despertado con una noticia bomba, tanto que casi se muere del susto. Sin mediar palabra empieza a recoger sus cosas. Como se supone que duerme la mona de su noche libre, nadie ha ido a molestarlo a su pequeña tienda del Complejo de Seguridad de Banuestonio (ondea una banderola en el mástil, que viene a significar "indispuesto", pudo ponerla de milagro con el pedo que tenía). Se lo ha oido todo a dos mujeres que lo comentaban al pasar al lado de su puerta, como entre sueños:

"alguien ha robado la olla de Davieso".
Le resulta muy complicado compartir el mismo pueblo con Banuestonio sin la olla de Davieso.
Está a punto de salir a la calle con equipo completo del desierto y en unos gallumbos muy floridos, pero afortunadamente se impone la sangre fría del veterano y corrige su error justo a punto: a punto de perder de vista su tienda se da la vuelta para verla por última vez y ya esta la guardia de día para buscarle, para encerrarle, todo por el despecho del plutarca de seguridad.

Y el otro interesado que no ha amanecido lo suficientemente temprano es el mismo Banuestonio. El chico que tiene de espía de por-lo-que-pueda-pasar en la plaza y que llegó a interrumpir su desayuno con la noticia, no se ha ido de su tienda cuando sale la guardia a prender a Porrebruno, aunque sabemos que no lo van a conseguir.

Aaaah qué transtornos tan grandes causa el robo de una olla llena de secretos. ¿Dónde, si no en la olla de Davieso, podría haber guardado Porrebruno, a salvo de Banuestonio, sus Papeles Comprometedores?

sábado, 9 de agosto de 2008

Expliqueishon

Me estoy tomando el tiempo de pasar los personajes a ordenador, y asi cada asalto, turno o lo que sea os envío la hoja convenientemente modificada, si hace falta.

También creo que voy a mandar después de cada mensaje narrativo una nota que explique la acción en términos de juego, telegráficamente, para que nos sirva de referencia.

jueves, 7 de agosto de 2008

OTRA HISTORIA DEL VIEJO AVENTURERO

Oid
Es la Canción de la Cueva
Es la Canción Grel
Grol
Habla Grol
Roja es mi estela de trofeos y víctimas
Presas para el Banquete
jugoso
de los hermanos y hermanas
por fin reunidos

Oid
Es la canción del Viaje
A la Montaña de nieve
La Partida de los Padres Gigantes Montíveos
Dioses, O Dioses
Para los despreciables
Que tienen el don del Habla para Nada
Y son las Presas de nuestros Perros
El Don de nuestras Flechas
El arrullo de nuestros Arcos

¡Oid os digo!
¡Que vuestra lengua me espere!
¡Que vuestros ojos me llamen!
Que vuestras manos ¡Por Fin ! Descansen
Un rato
en mi canto
en vuestro viaje...

Y fue asi
que mi Batida llegó a un Fin
Lejos, donde los Pelocaras
amontonan piedras con la pretensión de ser
lugares civilizados
Muchas presas hizo mi Sed
Mis Dientes no podían contener tanta sangre
Criaturas ignorantes
En ese estado perecieron
Y mi brazo no se cansaba
Invisible
Insensible
Sombra y Soplo
Sensación estremecida.

Mas no fui tan lejos, lejos de nuestras selvas de sangre
entre primitivos repelentes
si no fue por mi Enemigo
por fin alcanzado
después de soles sin cuento.
Refugiado en las alturas de Los Blancos Padres.

Alto, muy alto subí, tras el sutil aroma de su rastro.
Donde la hierba no enraíza los huesos de la tierra se muestran
Espantosos en su temible magnificencia.
Se apoyan y se animan entre ellos
a ver quien llega más alto
y dejan huecos y cavidades
donde cabrían Partidas enteras
Pueblos... enteros
Y nunca terminan
Lejos
Dentro
En Padre-Blancomontaña.

La nieve cubría el mundo...
En Padre-Blancomontaña
y abrigaba sus grises huesos
tan abundantemente
que hubiese cubierto un bosque entero de Robles-Hierro
como si sólo fuera una lisa piel.
Nada, la Nada habitaba allí
para todos los pensantes...
pero yo pude sentir
la llamada de la raíz y la hoja
y escuchar el aliento de los vivientes
presas para mi arco y mis dientes
Insaciables.
Raíces, troncos, flores y ramas crecían allí
bajo la nieve.
Primero gruesos y separados,
escasos
pero en lo alto tan espesos y ramificados
múltiple dosel...
que sujetaba la nieve
Las hojas, tan suaves y lisas, de gruesa piel
en verdes y nacarados, distintos tonos de perla.
Nacían de los troncos: como rebordes espirales cada vez más alto, cada vez más anchos.
Se fundían entre ellos
Bóvedas seriadas
junto a los grises huesos de los Padres, de blanco espeso envueltos.
Alli crecían en abundancia miriadas de Pequeños Hermanos, como en cualquiera de nuestros bosques... siempre deslizandose, acechando, olfateando, en una eterna penumbra gris perla,
siempre se caza...
Y cada uno de estos enormes hermanos arbóreos lanzaba un tallo liso y alto, que finalmente llegaba a la superficie de hielo, viento y muerte, que lejos llevaba sus semillas, y traía fresco aire a sus
estancias.
Había alli abundantes marcas y voces de Los Blancos Hermanos, pero no querían mostrarse,
y yo, una vez con mi trofeo, y saciada mi Sed de Sangre y Venganza,
Dejé su Floresta
Y Alto, ¡O de tan Alto!
Caí...

¡¡Oíd!!
¡mi lamento es del Perseguido!
durante Eones hemos Batido las Florestas más lejanas... sin un susurro, una noticia
¡los Hermanos Blancos no han caído!
Y aún esperan la Luna
Que traerá su Venganza Final
Y Nuestra Victoria sobre Todo


Esta es la torpe traducción al Taquitiano desde el Lenguaje Élfico Grel, hecha en el Templo del Conocimiento Universal de Tikal, de lo captado por una Tablilla de Arcilla de Lenguas que fue introducida de tapadillo en el morral de un Grunge.
La Tablilla atrapó en su arcilla una pequeña parte de los cantos élficos en una noche, de una Caverna Grel de Saarlang. No es una mala aproximación del élfico grel, pero por supuesto, en versión original es muy rítmico y rima todo, ¿ok?.
Os preguntaréis sin ningún género de dudas que cómo pudo ser introducida una Tablilla Espía en un Santuario Grel, nada menos, pero más aún que cómo se pudo recuperar, ¿no?
Muy fácil, logré convencer a un hada duende, que se hizo invisible y también a la tablilla... y ya está.

Ya está, ¿os ha gustado?
¡Venga otra ronda!

martes, 5 de agosto de 2008

Habitantes del oasis V

A la luz del primer sol se ve nacer al Oasis como un bosque de tiendas. De cada punta de una tienda cuelga una bandera de códigos de color, en ella se acumulan mensajes sencillos que dicen al viajero cosas como la raza de los que la habitan, profesión, estado de las cosas (como el luto, un casamiento o nacimiento), dioses que prefieren... De éste modo tenemos una imágen sugestiva del amanecer sobre un campo de extrañas plantas florecidas. Los tonos de las flores se organizan, en algunos casos, por áreas, como en aquellos que se refieren a las razas ya que en éste mundo la segregación es ley. También podemos ver pautas en lo que se refiere a las profesiones, pues hay un mercado, un gremio de curtidores (muy importante y poderoso), aguadores, ganaderos (esencial, el más grande) cazadores, con las tiendas de los tres plutarcas en el centro y así hasta perfilar la economía del lugar. Hay indicaciones más sutiles del bosque de las flores: las tiendas se asientan siempre al lado de una familia amiga, así que podemos deducir lo bién que se llevan unos con otros por lo cerca que estén sus tiendas dentro del mismo barrio, o incluso en zónas limítrofes de dos barrios distintos.
El viento hace ondear y flamear las banderas en torno a la plaza de piedra y a la enorme mole de la posada del desierto.

Es de mañana dijimos, lo denuncia el aroma de las muchas tortas de harina de roca que se cocinan, el olor de la eterna leche amarga, ámbas piedras angulares de la dieta del lugar.
El sonido es el de los muchos rebaños en trance de partir al desierto, o ser llevados a pública exibición al mercado de ganado, o el de las carabanas que parten lejos, o el de los primeros murmullos de la horda semiorca que comienza un nuevo día, para traer el luto a alguna pobre familia de esclavos vulnerables a sus pillerías.
Pero lo más vivo del lugar son las bandadas de niños, crias, retoños de todas las especies, razas y colores. Bullen y rebullen por las calles, organizados en bandas, haciendo recados infinitos, ayudando a las tareas y distrayendo todo lo que pueden al día de mañana. Machos y hembras, todas las especies, alegremente entremezclados jugando entre las tiendas a las guerras y las cosas de mayores.
Acabamos en un remanso de paz entre la vida, aqui, en el Templo de Todos los Dioses, el bullicio se mezcla todo en uno, dándonos la impresión de estar en el centro del universo, cerca de un inmenso ser viviente.

domingo, 3 de agosto de 2008

Habitantes del oasis IV

Mientras en la posada de Davieso se desata un moderado caos, Banuestonio El Plutarca se desayuna. Unas deliciosas uvas de espina en jalea de hormiga, tortas crujientes asadas en manteca amarga de leche de dromedaria, una magnífica ensalada con variadas y carísimas verduras, tan caras porque necesitan de un suministro inmoderado de agua para crecer. Come aburrido en su tienda principal. Mientras se llena los carrillos sucios de grasa y afeites perfumados repasa los acontecimientos del día anterior y planifica el día que nace. Hace ya demasiados años que se ocupa de la seguridad del Oasis. A menudo recuerda de manera recurrente cómo fue nombrado para el cargo, después de tantas y tantas conspiraciones y gastos por parte de sus deudos. Ahora se siente un sucio servidor: encerrado en un callejón sin salida, arrinconado en el polvoriento oasis entre peligros terribles y cansinos formularios.

Ha llegado una banda de gentes con sangre orca y salvoconductos del caudillo Pang Tang de turno. Se divierten extraordinariamente con estas embajadas. Las tribus orcas que se asientan sin ningun tipo orden demasiado cerca de la frontera que nos separa de la Liga Orca del Sur (y que se encuentra al Norte de Takitia, recordad), suelen ir acompañadas de satélites de familias de sangres mezcladas con humanos, fruto de violaciónes y rapiñas. Son despreciados por todos los orcos. Pero como los orcos saben que los Takitios los desprecian todavía más, los mandan con exigencias y embajadas ofensivas, como recordatorio de lo que podría pasar si las cosas van a mal con ellos, por que son reconocibles ciertos rasgos familiares de los pueblos del imperio antiguo en sus caras bestiales. Además, estas medio tribus sin raíces ni cultura son tan despreciadas y maltratadas por la cultura orca en general, que cuando vienen de embajada se hinchan sin tasa de orgullo bravucón, se emborrachan, lo ensucian todo, son groseros y soeces, maleducados y arrogantes, fuerzan los límites de la educación de las buenas gentes del imperio. Y cuando parece que se les va a dar su merecido, cuando se ve llegar la gota que colma el vaso, se vuelven formales y conciliadores, recordando con malicia su condición sagrada de mensajeros. Sólo para entregar algún estúpido mensaje que no promete nada, que no llega a nada, con el que se sospecha que se limpiarían su asqueroso culo semiorco.

“Aah, que duro, que duro, qué bajo hemos caído.”


“En fin”, piensa “mañana se irán a la capital, y esperemos que sagrado consejo
de Tikal los fulmine de una vez por todas”.

Es un mundo de hombres, por lo menos en la superficie. En la mente de Banuestonio parece formarse una imagen de una ingenuidad muy masculina: los problemas del mundo cargados sobre la mente doliente y esforzada del poderoso sexo. El género macho teniendo que bregar con toda la problemática coyuntural, llena de sutilezas heroicas (su mujer, hábil política, discreta y eficiente, cacharrea en un baúl al fondo de la tienda, sin duda tratando de llamar su atención).

Han llegado nuevos grupos de Dromedauros de Flamaar, dromedarios con cabezas pensantes y pulgares oponibles.
“Mmmmmh, todavía no ha venido a pagarme el señor Abd al Razagg por el derecho a
portar sus mercancías especiales, he de mandar a Porrebruno a controlarlo”.
La mención del sargento “especial” lo llena de aprensión,
“demasiado poder sobre mi, asqueroso hijo de una arpía”
, pero es de los pocos hombres de confianza que posee. Y de los pocos "Hombres" además: en un entorno inhumano como éste le da sensación de seguridad rodearse de congéneres, por muy taimados que le resulten.

“Un pordiosero semiogro, mmm qué curioso ¿Qué mas?... ¡MUJER! ¿DEJARÁS DE METER
RUIDO CON ESAS TETERAS?”
Anamfarda, su mujer, se acerca fría,
“ayer oí que había un grupo de viajeros cerca del roquedal de la mula torda”.
Es seca y delgada como una momia, solamente son húmedos sus ojos negros, sus vestidos de un recatado negro, le piel blanca surcada de venillas azules ahí donde se recorta un pequeño trozo.
“Dos clérigos, parece, un guardaespaldas que rondaba disfrazado de mendigo por
la posada, una hembra de algo que no nos ha parecido muy decente y una asquerosa
mariposilla, creo, pero no estaban seguras mis comadres. Y NO HAN PAGADO PEAJE, GAÑÁN!”

Enternecedora escena familiar, vamos retrocediendo por sobre las calles y plazas que forman las tiendas semi permanentes del oasis hasta llegar a ver la Plaza Real y posada del desierto. Podemos ver cómo llega el chaval a la tienda de Banuestonio, uno de los tres plutarcas, trayendo las noticias del antro de Davieso.

viernes, 1 de agosto de 2008

DIARIO DEL MONJE

Aproximadamente la mitad de la población es urbanita
La otra mitad se gana la vida en los valles de las montañas.
De estos últimos la mitad se ocupan de la caza, y la otra mitad se ocupa de llevar el ganado a las jugosas praderas de la montaña. Los cazadores, agrupados por clanes y valles, poseen las tierras y se dedican a la caza como una actividad tradicional y noble. La actividad ganadera es parte de todo el sistema natural, y ayuda a mantener las praderas takitianas como son. Los ganaderos son habitualmente arrendatarios, que poseen el ganado pero no las tierras. Trashumantes, viven a medias entre las ciudades y el campo.
Las clases nobles proceden tradicionalmente de familias cazadoras, mientras que las clases bajas son ganaderas.
Históricamente, los ganaderos con sus migraciones estacionales y sus oficios, ayudaron al establecimiento de la cultura, mientras que la disciplina y el reto personal que suponía la caza en estas montañas, produjeron la caballería y el ejército takitianos.

Lucrecio -¡Nos han robado!

Lucrecio aparece desconocido con el nuevo día: limpio y aseado, con su hermosa armadura de cuero endurecido repujada con escenas de la vida bucólica. Su enorme sombrero de ala ancha, sus calzas y botas limpias. Podría parecer que ha cambiado a mejor, pero no, sigue siendo enorme y rematadamente horrible; el acicalado añade, quizá, un toque subrealista a todo el conjunto pues no puede dudarse, por las enormes espadas a la espalda, el escudo de detras y el de delante (escudos paveses que usa como si fueran bandejitas) y el fiero gesto con que ha desenvainado el mandoble de caballero (con una sola mano) al oir las palabras de davieso, que se trata, se vista como se vista, de una máquina de rebanar pescuezos.
Horacio, con la práctica que dan los años se ha situado, un poco a ciegas (ya que es tuerto y en el ojo sano tiene cataratas), detras y a la izquierda de Lucrecio, preparado para orar, configurando una clásica postura de combate.

El robo

El fuego crepitaba, llamando la atención más aún , si cabe, sobre su importancia. La llama era lo único que, entre aquellas peñas magras, conseguía escasamente evitar su inanición en la noche helada del desierto. Miriadas de estrellas en una noche ventosa y sin luna...
Una tela entre dos peñas hacía de techo y parapeto, pero no conseguía llegar hasta el suelo de arena y cardos (afortunadamente, cuando dispones de un par de culos de ogro, de alguna manera se completa el caseto) Al otro lado, el Camello echado y rumiando, y entremedias, acurrucados y estremecidos, el Sr Paje y la Sra Tundra. De la pequeña Ainara nada, ni por asomo, se avistaba. El jugo de cardo, en bota, se pasaba con frecuencia (los ogros un odre, más de su tamaño). La voz del Camello era profunda y resonante, aditada a intervalos con resoplos y unos "eeeh..." más elevados de tono que asemejaban a balidos o mugidos, poseía un curioso ceceo.
"Eeeeh... parece que hay trato -brrrlp- Queda claro explicitamente que una vez que cambie de manoz acaba mi compromizo POR completo -brrrlp- EEEEH... -brrrlp- Ezta remeza ez el trabajo de de todo un ciclo de loz doz zolez, he recolectado y procezado material de -EEEEh- dezde la Montaña del Trueno hazta -brrrrrlp- Zaarlang -brrrrlp-brrrrlp- totalmente fuera de rutaz conocidaz y guardadaz..."

"con este negocio, viejo amigo, -dijo el Sr Paje- podrás darte la vida padre durante unos añitos..."
"El Camello -brrrrlp- ziempre guarda para la travezía del Dezierto. Mañana deberéiz entregar ezto a Daviezo en la Pozada, para que oz dé unaz alforjaz que le he dicho que guarde en la Marmita de los Raroz Caldoz"

Y les mostró una curiosa piedra cúbica, con un lado desigual, cubierta de jeroglíficos.

"El Gnomo Daviezo tiene la otra mitad -ZNOORRRT- y oz hará entrega de las alforjaz -eehhh- zon ezpecialez, cuando hay trato reciben lo eztipulado, ahora ya lo tienen. Azi que recordad, primero recuperáiz laz alforjaz, zegundo ze llenan -FRRRLT- mizteriozamente"

La Posada, entre sus servicios, se holgaba de ofrecer a sus clientes habituales y de confianza la posibilidad de guardar cosas. Davieso el Gnomo tenía en la habitación de atrás de recepción -por supuesto mágicamente protegida- una marmita de contención en la que , como él decía, se guisaban poco a poco sus caldos raros, todo el tiempo que el cliente estimase. Naturalmente por un precio estipulado.

Asi pues, ahítos de jugo de cardo, todos, felizmente, a dormir...

A la mañana siguiente, la piedra tallada sólo suscitó un moderado levantamiento de ceja del Gnomo, que, tras limpiarse las manos con el paño y echar un vistazo rápido a las dos o tres mesas que estaban acabando con los contundentes desayunos de la Posada se fué a la habitación de atrás....

....para salir un momento después con los ojos desorbitados dando un portazo:
"¡La Marmita! ¡ha desaparecido! ¡Me han robado!"

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