martes, 12 de agosto de 2008

Habitantes del Oasis VI

Dos maneras bien distintas de ver las cosas, dos ópticas opuestas, de antagonistas.

Porrebruno se ha despertado con una noticia bomba, tanto que casi se muere del susto. Sin mediar palabra empieza a recoger sus cosas. Como se supone que duerme la mona de su noche libre, nadie ha ido a molestarlo a su pequeña tienda del Complejo de Seguridad de Banuestonio (ondea una banderola en el mástil, que viene a significar "indispuesto", pudo ponerla de milagro con el pedo que tenía). Se lo ha oido todo a dos mujeres que lo comentaban al pasar al lado de su puerta, como entre sueños:

"alguien ha robado la olla de Davieso".
Le resulta muy complicado compartir el mismo pueblo con Banuestonio sin la olla de Davieso.
Está a punto de salir a la calle con equipo completo del desierto y en unos gallumbos muy floridos, pero afortunadamente se impone la sangre fría del veterano y corrige su error justo a punto: a punto de perder de vista su tienda se da la vuelta para verla por última vez y ya esta la guardia de día para buscarle, para encerrarle, todo por el despecho del plutarca de seguridad.

Y el otro interesado que no ha amanecido lo suficientemente temprano es el mismo Banuestonio. El chico que tiene de espía de por-lo-que-pueda-pasar en la plaza y que llegó a interrumpir su desayuno con la noticia, no se ha ido de su tienda cuando sale la guardia a prender a Porrebruno, aunque sabemos que no lo van a conseguir.

Aaaah qué transtornos tan grandes causa el robo de una olla llena de secretos. ¿Dónde, si no en la olla de Davieso, podría haber guardado Porrebruno, a salvo de Banuestonio, sus Papeles Comprometedores?

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