sábado, 16 de agosto de 2008

El plutarca Banuestonio

Un terrible dolor de cabeza, así ha terminado el día para nuestro bien amado líder de seguridad, capitán general de la guarnición de la posada del desierto, sagrado funcionario nombrado por los dioses de Tikal y confirmado por el supremo Benyar.
Después de recibir las Quejas convenientemente firmadas y selladas ha dado salida a los correspondientes pliegues de descargo: una descripción de cómo la gloriosa Tikal apoya y bendice los ímprobos esfuerzos de la recién formada Compañía Aventurera de Davieso el Gnomo, de la que forma Parte Oficial como brazo de la Ley. Así mismo ha hecho llegar su permiso Bajo Juramento de Honor de dejar partir a Davieso para atrapar al ímprobo ladrón. Todo ello aderezado con información de los espías.
Todo esto ha supuesto no pocos desvelos entre los escribas ceremoniosos y llenos de manías, no pocos viajes al Templo de Todos los Dioses, al sagrado Templo, para conseguir la adquiescencia de los poderes. No pocos quebraderos de cabeza en el uso de sus conocimientos de derecho humano, divino y mercantil, para poder deslizar una cláusula de letra super pequeña ante los ojos avezados de los diversos notarios logomantes, que le permita hacer lo que ya esta hecho en éste momento a costa de una jaqueca poderosa:
Recuerda los rostros malolientes de los patriarcas semiorcos de la partida de mensajeros sagrados que vienen de la liga orca del sur; qué asco de dientes colmilludos y cariados. Pero lo hecho hecho está, y ya están convenientemente contratados (en secreto) para recuperar la famosa olla de Davieso el gnomo, caiga quien caiga, y traersela a él, solo a él y nada más que a él. A ver si, por fin consigue recuperar la malhadada carta que le robó Porrebruno hace tantos años.
Les llevan ventaja de un día en su camino a Jonid, pero son un montón, espera que no tengan ningún problema.

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