sábado, 14 de marzo de 2009

¡Quiero mi espada!

Ni se ha dado cuenta del dolorcillo en las partes bajas. Lucrecio mira con expresión de verdadero odio a la rezongona -"quieromiesPADAAA"- semielfa. Camina raro, pero no parece notar la escocedura.
El templo-esfera de todos los dioses parece observar ominoso a los antihéroes para devorarlos, sin mudar el gesto huraño. Deglutidos y mandados a los intestinos del mal, en las partes bajas de la magnífica construcción, adoptan una postura aparentemente protectora alrededor de una Rotunda cada vez más histérica.
-Este señor te dará tu, ammh, espada.
-Vamoz Rot-. La anima Abdel con una palmadita en el trasero.
Pero el tipo, calvo y bajito, con pocas luces, está claro, inicia los preparativos para la cura sin decir esta boca es mía. Qué locura, a una aventurera ruda y avezada. Sin pestañear, como algo natural, se dispone a masacrar al tipo, también sin mediar palabra.
De nuevo el baile. Avanza la daga mortal en manos de Rotunda hacia el cuello del pobre desgraciado. Tres segmentos, uno, medio, toca la piel y comienza el sangriento desgarro cuandoo...
"Raaaca, tunda, tuuunda, raaaca": Lucre es el más rápido. Bofetón y tentetieso y ya está la pobre por los suelos de nuevo. El señor cura de Francor Dieus lanza el hechizo sobre ella...

Suena un pedillo.

Y luego nada.

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