viernes, 5 de septiembre de 2008

Contratación y otros menesteres

Digamos que se acaba de poner el menor de los dos soles, pero, todavía casi llena, sale Arlora por el otro lado, la luna mayor. A esto se le llama, no la danza, sino el bailoteo de las esferas. Y se representa en el Mondo por medio de diseños circulares en todas las joyas, aun las de culturas sin contacto alguno. Un ejemplo de evolución paralela en el arte de la orfebrería que se puede
extrapolar a mucho otros campos.
Con tanta esfera hay bastante luz, ocurre muchas veces. Y esto siempre se ha reflejado en la psique de todo el mondo en forma de predisposición por trasnochar y emborracharse. Así pues, las puertas de la ciudad siguen abiertas, pero los guardias ya no cuentan mercancías para el peaje y su número se reduce a la guarnición suficiente para cobrar los cinco cobres por cabeza que cuesta la entrada de forasteros sin carga. Los demás vagan por ahí vigilando a los juerguistas que aún quedan después de la noche.
Arnoldo ha cerrado la prédica y se reúne con los que llegan, menos Estólido y Ainara. Supervisa todos los equipajes y las mulas, y la disposición del campamento dándole forma de círculo para que así se pueda defender mejor, Lucrecio sigue todos sus movimientos con su acostumbrada fijeza, propia de los miopes. Horacio se ha unido a su hermano, con lo que Arnoldo tiene un curioso séquito ahí donde se mueve.

"Chapucerillos, esa mula nos la van a robar en cuanto que el descerebrado de Lucrecio se duerma o se emborrache, ¡doble guardia!, que no me fío de esos medianos matasietes de la puerta".

"¿eh?, no, no, no bebo hermano Posadero Ambulante, no gracias, y cuidado con esas manos, tenlas siempre a la vista ¿mmmh?. Ladrones, las ciudades están llenas de ladrones. ¡Ah! señor Avieso, por fin se presenta, ¿ha visto usted a la señorita Ainara?, no debería haberla abandonado, enano. Quién sabe lo que le puede pasar, con lo frágil y delicada que es, la robarán hasta el alma en algún callejón oscuro. Además, la necesitamos para la contratación. Lucrecio, usted que tiene buena voz, grite todo lo menos fuerte que pueda que no necesitamos cuidadores para las mulas y portaantorchas, diga que pagamos muy mal y que tratamos a nuestros empleados a patadas. "

Los portentosos pulmones de Lucrecio el Larva sobresaltan a los concurrentes:

¡¡¡NECESITAMOS CUIDAMULAS Y PORTAANTORCHAS, PAGAMOS MUY BIEEEEN Y TRATAMOS A NUESTROS EMPLEADOS ESTUPENDAMENTEEEEE!!!

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