sábado, 6 de septiembre de 2008

El asuntillo trae cola

A la voz de Lucrecio se han revolucionado los de la compañía de teatro. Primero un súbito silencio, luego aplauden a la potencia bucal socarronamente. Arnoldo se sitúa como puede en un lugar más o menos alto (con su séquito de semiogros).

-¡Vigilen las cosas que no se las lleven los ladrones!, ¿no ha aparecido la pequeñina?, oh Nudor, qué preocupación-. Mientras, se va untando la cara con harina y agua. -Arnoldo, ¿por qué te limpias la cara con tanto esmero?- pregunta Lucrecio.
-¡¿Por qué, pregunta usted?!, sepa que soy invisible por obligación, no puedo revertirlo. Digo yo que tendremos que mostrar a los candidatos el rostro de su posible líder ¿mmh?

Algunos curiosos se van reuniendo alrededor de la Nueva Compañía Aventurera y preguntan cuál es la misión.
-Hemos de recuperar la olla de Davieso el Gnomo, que la han robado. Están diciendo Avieso y Rotunda, -¡Ustedes dos, silencio, por favor, algo de discrección!-, dice Arnoldo. Pero la voz ya se ha corrido rápidamente.

Ya se han formado dos colas, con la colaboración de Rotunda y Avieso. Abdel vigila el equipaje. Una la forman medianos y gnomianos en su mayor parte, tres y cuatro respectivamente y luego algunos humanos sin mucha convicción. (Avieso parece muy nervioso, y no dirige la palabra a los gnomianos.) En la otra se van juntando algunos mozalbetes y un señor muy serio, tienen pinta de campesinos o pastores.

En un aparte Arnoldo dice a Rotunda: -ponga usted a los muleros a ensillar y desensillar las mulas, y mire a ver cómo se comportan los animales, y si están cómodos después. Si alguno vale ofreceremos hasta una moneda de plata diaria más manutención y equipo. Lucrecio, diga usted a Horacio que no vaya preparando dos contratos por escrito. Señor Avieso, hagame el favor de ir probando a los candidatos a portaantorchas, pues les van a atender a usted y al señor Abdel. Tienen autorización para ofrecer hasta una moneda de oro por día, dado el riesgo que se les exige, luego manutención, etc etc, también un entierro digno si es que le pasara algo, por supuesto.

1 comentarios:

Diegus dijo...

Pedriño, me temo que te tengo que dejar a ti lo de la "cola misma"

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