viernes, 5 de septiembre de 2008

AINARA

Mi nombre es Ainara. En según y que ambientes preguntes, te dirán que soy "the jelly Ainara", Ainara la gelatinosa por si tu dominio del idioma extranjero no va muy allá...Quizá pienses al oir mi nombre que tengo cierta facilidad para escurrirme, pero eso no es ilegal, ¿o sí? ¡Ah!, casi lo olvido, soy un hada-duende, con unos preciosos ojazos violetas y un buen par de...antenas. ¡Y vuelo!
Todo ello no es gracias al capullo de mi padre: un duende venido a menos y que para mejorar su situación social y económica, y supongo que ya de paso la de mis otros seis hermanos....supongo, se le ocurrió la brillante idea de utilizar a un hada como madre de alquiler, para que le diera un hijo-hada que pudiera ocupar el puesto de reina de las hadas (en el fondo, siempre quiso ser un hada), dando él antes una pequeña patadita al trasero del hada reinante hasta el momento, of course. Y salí yo...pase que tuviera anteas, pero es que además era...pequeña (creo que mi padre nunca dominó del todo las leyes de la genética).
Como no cumplía del todo los requisitos de reina de las hadas, decidió que, aún así, le sería útil para mejorar su nivel de vida, utilizando mis alitas. Yo, en el fondo, sabía que esos señores tan bien vestidos, no podían realmente querer que sus joyas desaparecieran de su vista sólo porque no les gustaba su color...¡las habia de todos los colores...! Y mucho menos cierto debía ser que si no cogía las piedrecitas, iba a venir un ejército de orcos sanguinarios que me iban a arrancar mis preciosas y doradas alitas cual pétalos de margarita. Esta idea me atormentaba y me quitaba el sueño, hacía que me despertara gritando en la noche (todavía me pasa), y sin saber cómo, me encontraba volando por ahí y volvía a casa con los objetos mas insospechados (el arco de un elf, una botellita que se "caía" sin querer del bolsillo de un mago despistado...), pero mi padre nunca estaba satisfecho con mis tesoros, y sólo quería que llevara lo que él me pedía...así que decidí volar yo sóla.
Desde entonces, la verdad es que no me pueo quejar. Sobrevivía sin grandes dificultades gracias a mi cada vez más perfeccionado arte para decidir exactamente qué objetos no les "gustan" a sus dueños. ¡Pero...que culpa tengo yo de que ellos sean tan ingenuos y se crean todo los que les cuento....! Pero ya no...ahora soy legal. Me he juntado con un grupito y vamos a ver si encontramos al insensato que le robó la marmita al de la posada ...que debe de valer una pasta... si es cierto todo lo que se oye por ahí que tiene.
Eso sí, por principios no tengo tratos de ninguna clase con hombres-lobo ni trolls. Directamente los mato. A los primeros porque me parecen demasiado volubles (tanto jaleo por una simple luna llena que saben seguro que además volverá...) y los segundos porque son tan sucios...y llevan tantos mocos colgando....

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