martes, 28 de octubre de 2008

Fin de la negociación

Avieso vuelve a hablar con los enanitos, se han ido pasando el licor de Horacio, pero no parecen muy afectados. Quizá, con la afición de la raza por ciertas bebidas espirituosas de fabricación propia, capaces de emborrachar a un dragón verde, no la toman más que por agüilla. No parecen muy comunicativos, pero hablan lárgamente con el enano. -¡Señor, no he sacado nada en claro, señor! -parece que Avieso tiene ganas de broma- ¡Señor, he conseguido quedar aquí mismo dentro de dos días, si es que siguen aquí, señor!-. Avieso parece excitado, como seguirá durante un tiempo, mirando al suelo con interés hasta que las cosas se precipiten a su conclusión reveladora.Finalmente los dos grupos se separan. Como van en la misma dirección, Arnoldo contiene a su banda un rato, hasta que se pierden de vista. (Han tenido una despedida muy ceremoniosa llena de bendiciones y parabienes). Nada de colaboración, nada de intercambiar mapas, nada de salir a la superficie. -Vienen de muy lejos, o eso dicen-, dice Avieso ya más relajado. Arnoldo devuelve la cantimplora del licor a su dueño bastante mediada. -Sigamos amigos-. Chof, chof, siguen chapoteando alégremente por las cloacas de Jonid mientras, arriba, pasa la vida alegremente sin consciencia de sus desperdicios. -¿No era el túnel de la derecha?- Estólido parece algo perdido. Arno consulta brevemente con rot.La actitud del enano ha cambiado definitivamente, aparte de estar algo desorientado, parece animado y contento. También Lucrecio, que solloza bajito. Rot se sobresalta un momento al no ver a Ainara. -¡Ha vuelto a desaparecer!-. El ciego Horacio sonríe, -¿está usted ciego?- sonríe más -mírela, se ha cambiado de hombro-. Ainara también se ríe con ganas. Parece un grupo felíz, exceptuando algún gesto de Arnoldo disimulado cuidadosamente, que revela que está cagado de miedo, literalmente. El mago va arengando a Boronio por lo bajini.

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