domingo, 19 de octubre de 2008

¡Abdel despierta!

O Cielos, una manada entera de esas bestias de la ma... cielos, ¡cielos! ¿qué hacer?

Abdel lucha por mantener la calma, mientras un temblor incontrolable le recorre la joroba, las patas y el rabo, con los pelos erizados, y los belfos temblorosos...

Huir! largarse de aqui por patas, al galope... no, no puedo dejar el equipo... las pobres mulas, cargadas hasta los topes, ¿Qué diría Lucrecio, Horacio, y los demás?... ¿Y qué me harían?... ¡La deuda por tanto material me tendría a su merced durante años!
¡Dioses míos, si son un montón! ayayayay....
Luchar no, imposible, sería un suicidio... y mi mamá me lo tiene prohibidísimo desde que era pequeño... creo que ha llegado la hora de usar la magia que mi maestro me enseñó... es hora de demostrar que el poder que me he ganado el derecho a utilizar está en manos responsables y competentes...

Los pensamientos cruzan como centellas la mente de Abdel, mientras las figuras se agrandan cada vez más, en un tiempo que parece alargarse, a la vez que corre inexorable...

... y los trucos de mi maestro me los sé bastante bien, pero no puedo arriesgarme con algo menor... he de usar poder de verdad. Veamos, ¿cómo era?, la magia de las imágenes que se hacen visibles para la influencia en la mente de seres inteligentes... concentración...

Bron se acerca con la determinación en su mirada y la mano en la empuñadura de una de sus dagas, mientras mira hacia las figuras, ya plenamente audibles, que anadean entre el fango y las verduras fluviales y aún no han reparado en su presencia. No parece mostrar temor mientras se acerca. Abdel interrumpe sus manejos invisibles:

¡Bron! coge las mulas y el equipo y vete hacia... hacia... ¡alli!, camino abajo hacia el puerto. Espero que por lo menos haya una guardia, o a lo peor, te vean desde las murallas y te ayuden.

Bron vacila un instante, y luego asiente, poniendo rápido manos a la obra. Lobo está tendido, en silencio, enseñando de vez en cuando los dientes, pero sin hacer ruido, como por instinto sabiendo que sería de muy malas consecuencias...

Con los ojos cerrados, sus dedos realizan un complicado baile de signos y figuras, tocandose, separándose, vibrando a gran velocidad...
... cuando los abre, una gran sombra, la del gigante más feo y horrible que es capaz de concebir, oculta el cielo detrás suyo...

...y demasiado tarde comprende su error.

Los ojos desorbitados de Bron parecen temblar en una faz desencajada, que extrañamente le recuerda a una gárgola o algo asi, con esa boca (insospechadamente grande, nota ahora) abierta a todo lo que da. Desesperadamente trata de avisarle, consciente de que todo pende de un hilo, porque la imagen creada depende en absoluto de su concentración para que se mueva. Cesar de realizar esa ardua tarea sabe que resulta rapidamente en un aspecto antinatural, con el consiguiente peligro de descreimiento por parte de sus víctimas, que se han detenido, congeladas en su mismísimo sitio.
¡¡Pssst, psssst, Bron!! que la he creado yo, que no es de v...

¡¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!

El alarido casi le saca de su concentración, sus ojos bizquean levemente, y cuando puede enfocarlos de nuevo, Bron ya lleva recorridos unos buenos trechos camino arriba, sin importarle en absoluto si alli hay orcos, semiorcos o su puta madre.

En seguida y para su inconmensurable alivio, un coro de ayes y terrores le sigue, y en dos patadas el campo está libre.

Uuufff.... pero.... vaya, ¡caramba! lo he conseguido yo solito...

Sin perder tiempo, recoge todo y sale en busca del osado mulero, pero precipitadamente vuelve atras y deja prendida una nota de pergamino en la reja de la alcantarilla, avisando a Arnoldo de lo ocurrido.

Nerviosamente, vigilando a su alrededor, se pierde en la de nuevo silenciosa noche camino de la explanada, sin ser consciente...

... de unos ojos iracundos que le observan desde cerca.

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