lunes, 6 de octubre de 2008

En mi estólida opinión

- Y que parece que ya tengo la cabeza algo más despejada, el maldito dolor era como un clavo que fuera de la coronilla al culo, se lo digo yo, Señor Horacio...no oiga, a mi parecer que en este cruce la esquina no estaba "totalmente" escuadrada, había aquí una leve, aunque completamente perceptible por ojos entrenados, curvatura hacia el tejado, en un ángulo que se iba abriendo exponencialmente. Podríamos calcular la fórmula exacta, aunque para qué, no le parece...

Poniendo a prueba la paciencia de Horacio y "ayudándole" a dibujar un plano exacto de las cloacas que habían recorrido, todo a la vez y aparentemente sin que esto le supusiera ningún esfuerzo especial, Estólido se vuelve más locuaz con el transcurso de las horas. Señal, para quienes le conocen, de que los efectos de su última ingestión de saludables brebajes estaban desapareciendo. Es difícil determinar cuál de los dos estados "estólidos" es más deseable.

- Y digo yo, Don Arnoldo - comienza, dirigiéndose al líder con toda la cortesía de que es capaz, consciente al parecer que su última conversación no había resultado totalmente del agrado de su interlocutor - que si a usted le parece, deberíamos seguir por aquí. Quizá esas criaturas tan hacendosas cuyos rastros ha encontrado, en un brillante ejercicio de su especialidad, la señorita Rotunda, se muestren más activos de noche, y se les pueda interrogar cortesmente sobre el motivo de nuestras pesquisas. No creo que nadie tenga sueño ni deba sentirse especialmente incómodo en este lugar - hace una pausa para respirar profunda y sonoramente, evidenciando su falta absoluta de olfato - como para que haya necesidad de descansar aún. El muchacho está en plena forma - dice, palmeando la espalda de un Boronio claramente extenuado, al que cerca está de derribar - y cuanto antes continuemos...bueno, antes acabaremos. Vamos, digo yo, por ayudarle a tomar una decisión - termina humildemente.

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