jueves, 13 de noviembre de 2008

La mano de Lucrecio

Retroceden sin perder la dignidad.
-Al jefe, será el mas grande, digo yo-. Estólido Avieso prepara su Zut-to
-El más viejo y el más cobarde... -. Arnoldo ha situado a Lucrecio y a Rotunda junto a la puerta secreta, en el último tunelillo, que es como una prolongación del túnel principal. De esa manera, mientras viene el enemigo, el tanque puede intentar derribar la puerta. A ello se aplica.

BUUUM. el eco se pierde en las profundidades, mezclado con los chillidos de alborozo de los atacantes.
Rotunda Tundra pone la espada a sus pies. Prepara el arco. Las hachas de lanzar se van amontonando a los pies de Lucre. Eficiente Horacio, que se ha puesto en segunda línea. A su lado, el mago de batalla prepara su zut-to encantado de la vida. Al final, Arnoldo, el lastimoso cadáver animado de Boronio de Talos, el pony cargado de tres ladrones, dos murciélagos y un hada-duende muerta. El animal está muy tranquilo, no parece distinguir entre la vida y la muerte de su amiguita. Se ve enseguida que está acostumbrado a la pelea.
-...pero el más duro, y creo que tienen tres-.
-Bueno, al que tenga pinta de jefe, y luego al que tenga pinta de subjefe...
Rotunda se mantiene fría. Silenciosa como hasta ahora, algo ausente, se prepara para vender cara su vida.
BOOOM. Nada, que no se abre.

-¿Se abre la puerta?-.
-Si-. Responde Lucrecio.
-Horacio, ayude.
BOOM. Qué curioso, aunque Horacio no es más que una sombra de su hermano, la puerta se abre... unos dos deditos. Parece completamente atascada.
-Bien, por Horus!
-¡No me nombre dioses extraños pedazo de enano!-.
-Vaale, vaale. No le pegemos fuego a las telarañas TODAVÍA, por Yurgain que de ésta van a caer unos cuantos-. Cómo le gusta el fuego.
Horacio huele y escucha por la rendija. Empuja más. La puerta se abre con un sonido de succión, y queda abierta unos dos palmos, con todos los bordes llenos de pegajoso hilos...
Los semiorcos ya están a tiro de proyectil. Los guerreros de la compañía abren fuego... pero también los otros.
-Mierda frita
-Y si está sellada por fuera debe ser que mamá está, eso, fuera.
-Pues si no se va a abrir más, momento antorcha-. Como le gusta el fuego.
Se adivina un túnel pequeño, más aún que los tunelitos.
-Que coño, las telarañas están dentro Arnoldo-.
-Si, pero la ha sellado por FUERA-.
El tunelillito está forrado de telaraña, con lo que su sección es aproximadamente oval...
-No se, creo que no, peeeeero... por dentro, ¿no?
Lucrecio ha lanzado un hachazo. Tan mal, tan mal, que el brazo sale disparado hacia adelante sin el proyectil. Se ha enganchado de una forma muy extraña en uno de los correajes que sujetan su armadura. Polc, ploc. Va a estar molestando durante todo el baile.
Horacio ha sacado su maza e intenta limpiar la puerta. Toig, toing. Rebota en la tela, y no consigue nada.
-Primero teje por dentro, luego sale y la sella, estarán sus hijitos o algo así-.
Rot ya tiene un flechazo en su hermoso pellejo.
Bonitas especulaciones... llegaron los semiorcos.
-Pues yo creo que lo más mejor sería darle candela a las telarañas, por si las moscas...o sea, por si las arañitas-. Cómo le gusta el fuego.
Están aqui...
-No, no está dentro, a no ser que luego pueda entrar por otro sitio, pero vaya vuelta para sellarla luego de haber cerrado ¿no?-.
El tiempo vuela...
Estólido va a pegarle fuego a la telaraña con la lámpara.-Perdón, Horacio y apártese... ¿alguna objeción?-. FLOASSSSSSSS. Con la emoción del fuego ha perdido su zut-to. En las niñas de sus ojos brillan dos llamitas.
-Si-. Pero ya es tarde, un humo blanco se va elevendo hacia las corrientes de ingeniosa ventilación de diseño marca enanilandia.
-Quémela y dese el gusto-. Obviamente irónico interviene Arnoldo.
Ya están aquí. De nuevo seis. Gracias a los dioses por los pequeños favores, se han separado por patrullas, y son tan imbéciles que no han pedido ayuda.
-Puede que se cargue la olla, ¿lo ha pensado?-. Horacio se lo dice bajito, amable.
-No...-.
-Ahhh-.
-...cof, cof. ¡Yo solo quería abrir la puerta cagando bemoles para que no muriera nadie!. Estólido actúa primero y piensa después...
Mientras sucede eso Arnoldo arenga a su tropa de dos, pero no consigue levantarles la moral...
-Además, si la olla es tan guay no creo que unas llamitas le hagan daño, es una OLLA, se pone en el fuego-.
-¿Y si hay más tesoro? algo como pergaminos o libros de conjuros, o capas de TELA mágicas-.
-Ooops! ...pues...espero que sean ignífugas...-
-¡Qué jodío enano de batalla!-, a pesar de todo Horacio sonríe.
-Bueno, ahora lo que cuenta es salvar el culo, que pinta la cosa muy mal...
-¡Zut-to al más feo...esto...al más jefe!-. Hace sus pasos mágicos.
Chof chof, por Lucre. Horacio vigila la puerta, escuchando, Arno dirige cómodamente desde la retaguardia.
-Horacio, avise cuando esto deje de arder para entrar-.
Los semiorcos son todos más o menos, como de la familia, tienen arcos cortos, martillos de guerra y escudos medianos. Halaaa, con un alarido, sale de patitas uno de los arqueros.
-Yujuuu, qué buena idea y que magnifico uso de los hechizos... toma nota y piezaaaa-.
(Consejos de Arno) -Usted, el zuto a uno que esté en el cuerpo a cuerpo, para que se de la vuelta y tengamos ataque por la espalda.
-Si señor, lo pensé después, cierto, cierto-.
Qué cómodo eso de hablar y hablar mientras los guerreros hacen el trabajo en vanguardia. Hasta el momento logran contener a los bichos a golpe de espadas y resoplidos. A Rot le han clavado otro flechazo, parece colgado de la ropa, pero también ha pillado chicha.
-Aauuu!!!-. Grita Rotunda.
Por gritar se lleva un martillazo de los que quieren hacerles una cara nueva. La acosan, curiosamente pasan de Lucrecio. Será por que baila, como acostumbra, con su espadón enorme, pero no hace más que meter la pata. Ridículo, ahora ha enganchado el hacha que le colgaba de las correas de la armadura con el tremendo escudo y ha inmovilizado su brazo izquierdo. Rotunda aguanta la lluvia heróicamente. Como ausente. La están remachando. De hecho recula del último porrazo, se queda como atontada, y aún más por llevarse otros dos flechazos según se queda quieta. Está perdiendo sangre que tiñe de rojo el regatillo que hay a sus pies. Horacio viene a tapar el hueco avisado por Arnoldo.
Otros pases de Avieso no parecen resultar en nada.
Lucre suelta el escudo exasperado y usa el puño además de la espada, pero el baile, aunque muy bonito, parece que no coincide con los cuerpos de sus oponentes. Tampoco Horacio tiene mejor suerte. Además se lleva el porrazo consabido. Los semiorcos aullan de gustito y hablan rápidamente en su lengua gutural.
El porrazo hace retroceder a Horacio, pero ya esta Rotunda al quite. Silbidos en lenguaje de batalla hacen que todo se mueva casi como en una coreografía. Casi. Uno de los bichos grita de repente. Un flechazo amigo le asoma por las posaderas. Otro se la clava en el sombrero. Resuenan detras gañidos de disculpa.
-Pues si, mejor será que se maten entre ellos-. El mago de batalla se ha quedado mano sobre mano. Horacio se concentra en la puerta, ya se puede ir abriendo... pero se limita a escuchar.
Esta vez Rotunda si que pega, tonk, un golpe espadero en la cabeza y uno al suelo.
-Yujuuu!!-. La chica se va animando. Parece que sale de su indiferencia.
-No creo que se haya muerto, solo ha caido al suelo-.
-Pues desconfía-.
-Pa desconfiar estamos, para uno que se cae...-.
Fallan en sus contraataques contra la semielfa culitetona.
-¡Bien!-.
A Lucrecio no le hacen mucho caso. Si. Falla el espadón una vez más. Cosas de intentar luchar según la escuela. Las poses le salen bien, pero no da... con el espadón. El pavo que líndamente esquiva el golpe tremebundo se encuentra un puño en su camino. Le cae un gancho en toda la cara que lo levanta del suelo, y cae como un fardo.
-BIEEEEEN-. El miedo que ha pasado presta alas al entusiasmo de Arnoldo.
-BIENNN, POR FIN!-. El grupo es efectivo. Encajan bien. Pegan duro. Soportan el dolor. Todo se les hace a los semiorcos demasiado patente de golpe. Uno ha huido del zut-to, otros dos están por los suelos. Los tres que quedan huyen cual conejillos...
Todos aprovechan la visión de las espaldas para intentar ataques... ...que no llegan a dar, así de ligeros escapan los muchachos.
Todos se han parado menos Lucrecio, que no ha salido del combate. Todavía lanza un hacha a los que se escapan. Falla de nuevo. Enloquecido por la frustración. Sin ver ni oir. Remata al que quedó nokeado del gancho de izquierda.
-¡Lucrecio, para... !-. Tarde. Ha llegado tarde el grito de Arnoldo.
-Pues ahora interrógale-. Rotunda mira con cierta lástima al tío. Casi ha quedado clavado al suelo.
Se hace un silencio muy espeso.
-Ah, vale, lo ha juzgado y condenado en un segundo, ¿eh?, es que juzga muy rápido-. Horacio habla quédamente, como a una fiera salvaje. Opuesto a él, Arnoldo está pálido de ira.
-Ha sido un juicio justo, las pruebas eran concluyentes. ¿O no?...-. Horacio va retrocediendo ante la mirada asesina del jefe.
-Legal... discutible. Inteligente desde luego no ha sido... en fin...-. Resuena por toda la caverna el suspiro del Enano.
Arnoldo no está muy complacido...
-Muy propio de Lucre, al fin y al cabo es un semiogro...-. Sigue incólume Avieso.
Arnoldo le empieza a dar una bronca de mil pares de demonios, hasta le pega, está furioso, Lucre se encoge como un cachorrillo. Y Arno tiene un gran directo.
Estólido trata de mediar educadamente desde una distancia prudencial.
-¡Imbécil!, plas, ¡sabandija!, paf, ¡caraculo!, plof, ¡subnormal!, raacaaa, ¡inútil!, pum, ¡arrastrao!, pom, ¡basura!...
-¡LO HE HECHO A PROPÓSITOOOO!, ¡MI MANO NO SE HA MOVIIIIDO SOOOLAAA!, ¡NO ME ARREPIENTOOO!-. Lucrecio se ríe a carcajada limpia, como cuando está profundamente desesperado.
Todo parece avivar más la ira de Arnoldo, que arrecia en su paliza.
-¡Sátrapa!, pumba, ¡bachibázuk!, tomaaa...
-Jefe, con todo el respeto y subordinación...
-¡Y TÚ QUÉ QUIEREEES!
-...no pegue a mi hermano, por favor, es que...-. Los ojos de Horacio se agrandan de sorpresa, detras de Arnoldo, Lucrecio, desesperado, a carcajada limpia, levanta el hacha arrojadiza contra su mano derecha, ¡se la va a cortar!.
-¡BUEEENAAA, BUEEENAAA, TÚ NO TIENES LA CUUULPAAA!
Excepto Rotunda, que mira curiosa al otro guerrero caído, sospechando que no esté tán muerto como parece, todos se lanzan hacia adelante, incluido Arnoldo.
-¡NOOOOOOOOO!

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