martes, 4 de noviembre de 2008

Enmarañados y enmierdados

Aaaaargh, enmarañados y enmierdados! Rotunda Tundra descarga su frustración....
Tanto Lucrecio como ella comienzan la ingrata tarea de cortar y tironear de los malhadados hilos...
Avieso, entretanto, mira sorprendido a todas partes, buscando, tratando de pensar lo más rápido posible, y sin perder la cabeza.

¡Boronio, quema la tela! Ordena, mientras sigue mirando alrededor, hacia arriba...
Horacio, rezando ensimismado, abre los ojos y en trance se acerca a Lucrecio, indiferente a los gritos y golpazos que se reparten con libertad... en sus manos, un resplandor azul se proyecta, mientras trastabilla, acercándose a su hermano.

Ainara ha desaparecido, para consternación de Arnoldo... y mientras, todos han sumado dos y dos. Lucrecio busca también, intentando ver a la araña que supone les ataca... bien jodidos, si es que tenemos a los asesinos esos y el bicho a la vez con ganas de jaleo...

Estolido suda: qué bien nos vendría un Disipar Magia...
Una flecha se clava en el hombro de Lucrecio –Hhrgh!--
... ¡Lucrecio! -aulla- ¡si no hay araña, es un hechizo! Lo que no sé es quién lo ha tirado, pero hay que ir primero a por ese.

¡Estará detrás, -gruñe Lucrecio- como un cobardón! Como se me acerque alguno, va a ver...

Y parece que L es la guapa del baile... todos quieren bailar con él. Mientras tanto, Rot maldice, histérica, cada vez más enredada. Pero Lucrecio cubre su sitio para protegerla. Es inútil, todos los números de la rifa los tiene él.

Una flecha pasa rozando, y se pierde al fondo del túnel tenebroso sin daño, pero las otras dos se hunden profundamente en el vientre del coloso, justo por las junturas de la armadura, estúpida cáscara. Deja salir el aire sonoramente -sí, también un pedo- y se dobla, incapaz de emitir sonido.

Empieza poco a poco a hundirse en el negro mejunje que les rodea, con la cara contraída por la agonía. La histeria estalla alrededor...

¡¡¡Que alguien me ayude a liberarme!!! Rotunda lucha con desesperación, pero sigue en la maraña.

Varias cosas suceden a la vez...

Lucrecio, ceñudo y silencioso, se levanta del lodo echando a un lado los restos de redes pegajosas, y cuendo iba a lanzarse, llega Boronio con la antorcha...

---Floasssh---

¡¡¡Que nos quemaaaamooos!!!

Todo se vuelve luz de llamas, y ayes rabiosos

Avieso, pálido, tartamudea -¡¡¡Niñoooo, estate quietecito con esa antorchaaa...!!!
(oh, tíos, estamos muertos)

Lucrecio, recibe con esto la puntilla que le quedaba, y cae al agua...

Lucreeeciooo...

Rotunda se libera por fin, y se planta valiente delante del caido Lucrecio, adoptando una postura de defensa, desesperada.

Las ondas cubren ya el rostro de Lucrecio... cuando un resplandor azul se extiende por todo su ser. Horacio le sostiene... y al fin sus ojos vuelven a brillar conscientes. Ha faltado muy poco. Y puede ver que el rostro atento y grave de su jefe se inclina sobre él, pues él también ayuda al hermano semiogro.

Rotunda, todavía quitándose ardientes trozos de tela de encima, está pálida de ira...
--¡¡Menuda mierda de idea!!, ¡Lucrecio, sal de aquí!--
Estolido Avieso se empequeñece visiblemente...

-Avieso es asi, Rot- Dice Arnoldo mediando...

-Ya lo temía, esa obsesión de la bola de fuego... gracias a los dioses, ¡¡¡no te lo concedieron!!!
-¡Pues mejor nos nubiera ido! Replica este... pero está picado: voy a adelantarme a agarrar a uno...

-¡No!, déjalo para después... ¡retrocedamos!
Ordena el jefe, pero no se ha acabado la lluvia de desgracias...
De nuevo los pelillos se ponen de punta cuando presienten la energía de la magia liberándose

...Y Lucrecio se desploma, sumido en un sueño antinatural...

--¡¡Splooosh!!---

Ahora sí que desaparece bajo las fecales aguas...

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