viernes, 16 de enero de 2009

Las Calles de Jonid son Oscuras II

Surgieron al amanecer, emergidos de la penumbra, heraldos del anochecer...
era el comienzo de la invasión de Jonid, aunque nadie se diera cuenta. Sin prisa, se mivían como uno más de la algarabía de gentes que hacían de aquel lugar su diario devenir. Como recién nacidos, gustaban de cada momento como acabado de estrenar... y en cierto sentida asi era, porque ellos no eran ya los que eran. Una luz de maldad habitaba en sus ojos. Como un color que se filtra con venas, y progresivamente se extienden, la ciudad se iba haciendo negra.
La gente reaccionaba de maneras bien diferentes, pero había alli una comunicación silenciosa, e inadvertida casi siempre para el propio indivíduo...
Su deriva los llevó hacia el centro de la ciudad, con el fín de ralizar unas mercaderías y trocar los tesoros ganados con sangre por contantes monedas. Las calles eran irregulares, las casas de curvas paredes y tejados cónicos, orgánica fisionomía de la ciudad muerta...
... aquel mozalbete de la calle era como carne para trolls, manjar de goblins... lo sabían todos los vecinos, y los maestros, era la desesperación de sus padres...
... -Dame algo.- Se acercaba asi instintivamente a lo que de algún modo percibía afín.
Estolido Avieso, el novel mago de batalla dominado por la maldad, parlamentaba con aquel joven sujeto, y no acababa de hacerse con él; ya llevaban varios intercambios verbales pero no se decidía ninguna de las dos partes a cerrar un acuerdo económico.
Aquel era un muchachito imponente, sucio y desgarbado, ya en la edad de empezar a echar pelusa en las morreras, de porte decidido y retador. En los ojos asomaba la luz apagada de quien ha sufrido, y ha hecho sufrir en demasía. Sus movimientos eran contenidos pero con una violencia latente y tensa, había fijado los ojillos con codicia en las afiladas hojas que portaban los compañeros.

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