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jueves, 4 de junio de 2009

Nueva Lista de la Compra

Del tamaño de un bambú. Del tamaño de un bambú. Así, como esa frase repetida una y otra vez, suena el corazón de Arnoldo antes y después del inesperado encuentro con el entusiasmado Avieso. Mieeeeedo; miediiito, miedo miediiito. Tiene un miedo atroz, atroz como siempre ha tenido; no como si fuera la primera vez, claro. Es un miedo que se ajusta a sus arterias sobrecargadas como un sombrero viejo, o como esos zapatos que te duraron tantísimo tiempo, y que tuvieron una prolífica vida -medida en callos y juanetes-, y que no había quién hiciera un agujero que no se pudiera tapar.

Del juicio aquel, salió con bien, claro está... ¿con bien? Naaaaaa, él es un estudioso de la religión. Nunca se sale con bien de una ofensa contra Arnuya. Sus castigos son como banquetes. Pero banquetes de los espléndidos. Se preparan con muuuuucho tiempo de antelación. Como cuando plantas un arbolillo al nacer tu primer hijo: esperando ver cómo crece y crece durante años. La ejecución suele ser impecable. Siempre hay cosas esperadas, por supuesto. Como la ensalada de la casa: toooodo el mundo los conoce, lo cual sirve para alimentar apetitosos miedos; platos de fama y prestigio. Pero también hay sorpresas, partes desconocidas del banquete. Y postre, y café y puro. Por supuesto, el alterne y las copitas. Así es la diosa. Para eso es la diosa de la venganza ¿no?
En eso está. Sentado en el banco de la puerta, aspirando los últimos instantes de la tarde. Recado de escribir y concentración en medio de las fuertes emociones a que se ve abocado tantas veces.


"LISTAS DE EQUIPACIÓN DE LA NUEVA COMPAÑÍA AVENTURERA" (borrador, a presentar junto con el nuevo contrato)

Lista de equipo de Arnoldo:
Una mula.
Herraduras y herrado para la mula.
Dos barrilillos con agua para la mula y para Arnoldo durante dos semanas (esta agua debe llevar licor fuerte en una proporción de uno a treinta, o lo que se considere oportuno, consultando a Abdel, con el fin de que no se corrompa)
Un litro de licor fuerte para tratar el agua que pudiera encontrarse.
Materiales para el mantenimiento de las pieles de cuero, suficiente para un mes.
Una tienda de campaña individual (tamaño Arnoldo).
Ropa de repuesto, la ropa debe estar hecha de tal modo, que con un tirón el usuario pueda quitarsela sin que se rompa con un movimiento suave y elegante.
Un rollo se cuerda fina y fuerte de quince a treinta metros (lo que sea más cómodo para la carga en la mula).
Alimentos en conserva para un mes (lo menos pesado posible)
Provisión de yesca y virutas para el mes.
Seis litros de aceite para lámparas.
Dos lámparas.
Un par de mantas enceradas.
Pienso suficiente para alimentar a la mula durante un mes (en contenedores a propósito).
150 monedas de oro para gastos.
Un alfiler para despertarle, que tiene el sueño muy pesado (prendido de la solapa).
Un símbolo sagrado de repuesto.
Un litro de agua bendita (distribuido en diez frasquitos listos para lanzar)
Diez pociones de curación (heridas graves)

Lista de equipo de Lucrecio:
Un juego de diez hachas para lanzar mas su correspondiente soporte para lleverlas en la mula Topolina II y poder cogerlas con facilidad.
Herraduras y herrado para la mula.
Un pote de crema para la piel (ya que es albino) suficiente para un mes.
Dos barrilillos con agua para la mula y para Lucrecio durante dos semanas (esta agua debe llevar licor fuerte en una proporción de uno a treinta, o lo que se considere oportuno, consultando a Abdel, con el fin de que no se corrompa)
Un litro de licor fuerte para tratar el agua que pudiera encontrarse.
Materiales para el mantenimiento de las pieles de cuero, de las armas y las armaduras suficiente para un mes.
Una tienda de campaña individual (tamaño Lucrecio).
Ropa de repuesto, se entiende que es para un albino, o sea que incluye guantes, sombrero o capucha y botas.
Un rollo se cuerda fina y fuerte de quince a treinta metros (lo que sea más cómodo para la carga en la mula).
Dos escudos paveses de repuesto.
Un mandoble y una espada bastarda de repuesto con sus correspondientes vainas y cintos.
Alimentos en conserva para un mes (lo menos pesado posible)
Provisión de yesca y virutas para el mes.
Seis litros de aceite para lámparas.
Dos lámparas.
Un par de mantas enceradas.
Pienso suficiente para alimentar a la mula durante un mes (en contenedores a propósito).
150 monedas de oro para gastos.
Un alfiler para despertar a Horacio, que tiene el sueño muy pesado (prendido de la solapa).
Diez pociones de curar heridas graves.

Lista de equipo de Horacio:
Dos barrilillos con agua para la mula Topolina III y para Horacio durante dos semanas (esta agua debe llevar licor fuerte en una proporción de uno a treinta, o lo que se considere oportuno, consultando a Abdel, con el fin de que no se corrompa)
Un litro de licor fuerte para tratar el agua que pudiera encontrarse.
Materiales para el mantenimiento de las pieles de cuero y del arma.
Una tienda de campaña individual (tamaño Horacio).
Ropa de repuesto que incluya una pata de palo.
Aditamento para poder caminar con la pata de palo por superficies arenosas o embarradas.
Un rollo se cuerda fina y fuerte de quince a treinta metros (lo que sea más cómodo para la carga en la mula).
Dos escudos medios de repuesto.
Una maza de repuesto con su correspondientes funda y cinto.
Alimentos en conserva para un mes (lo menos pesado posible)
Provisión de yesca y virutas para el mes.
Seis litros de aceite para lámparas.
Dos lámparas.
Un par de mantas enceradas.
Pienso suficiente para alimentar a la mula durante un mes (en contenedores a propósito).
150 monedas de oro para gastos.
Una redoma de tinta extragrande y extraespesa (Horacio hace una escritura con relieve para poder leerla cómodamente después con los dedos), un estilo de material resistente (marfil o madera noble), una buena cantidad de papel pautado.
Una lupa grande con la mayor cantidad de aumento posible.
Un sombrero resistente.
Una buena cantidad de analgésico para migrañas.
Un alfiler para despertar a Lucrecio, que tiene el sueño muy pesado (prendido de la solapa).
Diez pociones de curar heridas graves.

Avieso S.L.

Puagh, que asco! - piensa Avieso mientras relee el prologo de su frustrado proyecto literario "Viaje al abismo, solo ida por favor: De la neutralidad políticamente correcta al mal más abyecto". Así no va a ser, no va a ser, no ...

Apartando a un lado con displicencia el legajo toma un trago de barniz para muebles simulando paladearlo, más bien enjuagandose la boca - Barato y eficaz, no comprendo por qué no está más extendido, mejor para mi, ley de oferta y demanda..., oferta..., demanda..., por Yurgain, ¿Cómo he podido estar tan ciego?.

Ya está, La Posada. Dinero hay, y Davieso nos debe una, no podrá negarse..., aunque habrá que llevar el asunto con discrección, con delicadeza, será un negociación complicada y esta asociación no beneficia a tu imagen precisamente, Avieso. Despacito y con calma...

Levantándose trabajosamente, camina con dignidad tambaleante apoyado en los muebles, en busca de Arnoldo.

Jefe, que digo yo de asociarse con Davieso en esto de la posada! - dice en alta voz, tratando de transmitir su entusiasmo a un Arnoldo que casi se cae de culo, ensimismado como estaba en sus pensamientos paladeando una tranquilidad que terminó bruscamente con la irrupción del jodido enano.

El rostro de Arnoldo es lívido, una vena tamaño bambú late en el cuello como inequivoca señal de inminente peligro, pero su voz suena suave, inquietantemente suave - Dígame, Estólido. Tiene tooooda mi atención... - Maldita política de Recursos Enanos, de buena gana le arrancaría esa cabeza que lleva tan cerca del suelo...

Pues...- de repente parece haber olvidado a qué venía - ah, sí, lo de la posada - se escora hacia la derecha, a punto de caer. En el último momento consigue asirse a una mesa que a punto está de derrumbarse con el embate, pero haciéndo palanca heroicamente permanece en pie - El plan puede ser ventajoso y lucrativo, lucrativo, Lucrecio, jajaja!..., a ver, inversión, no sé si me explico. El amigo Davieso parece decidido a hacer esto funcionar, y nosotros tenemos dinero, y podemos proporcionar otros servicios, veamos, seguridad, escolta, seguro de viajes, promoción de nuevas compañías de aventureros..., basta de trabajar para los demás!. Seremos una sociedad limitada, jajaja, limitada...Además, podemos apoyarle con sus problemas laborales..., con delicada contundencia.

Bueno, no hace falta que me conteste ahora, le dejo para que reflexione sobre ello con calma eh!, yo ya he puesto mi granito de arena, ahora me voy a..., sí, a estudiar - mientras habla enfoca con dificultad la mirada hacia un lugar indeterminado donde parece creer que se encuentra su interlocutor - ¿Qué haría sin mi, eh?, ¿eh?.

Se gira despacio, vuelve habilidosamente por el mismo camino amueblado por el que entró. El olor a barniz impregna la estancia.

viernes, 8 de mayo de 2009

Introductio

Los Soles del Mondo giran inconmovibles...

su curso está predeterminado por todos los Dioxes, que a veces se tirarían de los pelos... y quién sabe lo que pasaría entonces. Pero el gran acuerdo de no intervenir directamente proporciona un mínimo de dignidad material y física al orbe...
Los mandamases se ven reducidos a servirse de sus diversos lacayos y marionetas, para hacerse la puñeta entre ellos y seguir con sus eternas rencillas y cotilleos, y asi el mondo va cambiando de manos divinas en divinas manos.

Un manto de blancura cubre las montañas eternas de Takitia, durante la estación del Orden. Como es del dominio público, y anodina mención, los soles gemelos aparecen cada vez más juntos, hasta que en mitad de la estación suman su luz y aparecen como uno. En esta fase del ciclo es cuando hay día y noche, y se pueden ver las estrellas, porque no aparecen las sempiternas nieblas de la estación del caos, cálida y sin noches. Por supuesto que hay muchas nubes; vienen en grandes batallones que descargan su manto de nieve, y luego pasan, pero al menos se ve el sol y el cielo.
Parece que nada hubiera ocurrido, y todo siguiera su curso inalterado de días, noches y ciclos naturales... en esta época de quedarse en casa, vivir de las reservas y de los cuentos.
Los mayores aprovechan para hacer reparaciones de instrumentos y fabricar los nuevos para la temporada del deshielo que anunciará la entrada en la estación del Mal, en la que progresivamente crece el caos, y habrá que reanudar los viajes de pastoreo y caza... salir de las fortalezas y subir a las montañas.
Los viejos cuidan a los niños y les cuentan las historias de héroes y malvados, de la gran Takitia de antaño, cuando no eran aún unos sitiados en estas cordilleras que hoy les protegen de los mares de enemigos cercanos... demasiado cercanos.
Grel al oeste, orcos al norte, los ejércitos odiados del invasor Goremunyano al sur.... ciertamente, no hay de qué reirse en estas circunstancias.
Sólo del este llegan manos neutrales o amigas: los enanos, vecinos indiferentes excepto para mercar, ya sea en bienes o en relaciones. Los gnomos, más lejos y poco más o menos lo mismo, no se mezclan mucho con los humanos... y más lejos aún, Fangaeria, por fin tiende su mano con una sonrisa de bienvenida.

Todos dicen que los Takitios son unos bordes, brutos insensibles, pero tú también serías asi... si vivieras alli. En Takitia hay silencio... el silencio del Vigilante.

La Fortaleza

Desde el norte, desde el distrito de El Río, sube la Gran Carretera atravesando valles, cada vez más alto, hasta El Paso. La fortaleza protege un valle elevado cuya cabecera está invadida por un enorme glaciar. Ya no es posible avanzar más alto y más al sur, por lo que el camino avanza hacia adentro, y atraviesa la piedra hasta que de nuevo recibe la luz en el otro lado, ya en el distrito de Vallessur. Una fortaleza gemela guarda la entrada desde la calidez sureña, y el camino inicia el descenso, hacia las regiones centrales de un inmenso y ramificado valle en cuyo centro y parte más baja está la capital del Reino. En ese punto, donde se juntan las aguas de los distritos de Vallessur y Gran Valle, está la salida natural, en forma de una tremenda catarata de agua que salva el desnivel del terreno. Allá lejos y abajo están los llanos que una vez fueron del imperio, y ahora están invadidos por las legiones Goremunyanas. Las montañas son como una enorme muralla de dimensiones divinas, con un pequeño balcón en lo alto por donde se desagua. Allí se asoman los Sabios del Gran Consejo del Reino, rumiando nostálgicas venganzas.

Las cosas están, pues, como siempre en apariencia. Pero no es asi, no es asi.
Davieso reflexiona en los últimos tiempos, antes de la entrada del Orden, con sus fríos y claros. Jonid estuvo a punto de ser conquistada, por un mal corruptor, desde dentro. Ahora la banda de Taner y la Araña estaban escondidos en algún lugar de las montañas hacia el Paso. El camino está ahora cerrado por la nieve y el frío, y los valles son el dominio de gigantes, pero el frío pasará... , y el gran deshielo pasará... , y volverá a verse la hierba... , y entonces algo ocurrirá... , algo... , que no se puede permitir sin vigilancia.

“Ya se verá, pero hasta entonces..., a ver si soy capaz de hacer este tugurio que llaman posada algo minimamente decente... ¡voy a enseñarle a ese pelanas de barman un par de cositas!”.

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